May 4, 2007

20 años al servicio del Migrante

Por Luis Alonso Pérez

Es una noche fresca de primavera y la luna llena ilumina las ventanas de la entrada de la Casa del Migrante de Tijuana, donde hombres cansados y hambrientos se forman para entrar.

Entre ellos se encuentra Genaro, un joven migrante de Nayarit que fue deportado a Tijuana esa misma mañana cuando intentaba cruzar la zona montañosa de Tecate con destino Estados Unidos, donde su tío lo esperaba con un trabajo en la cocina de un restaurante de Los Angeles.

El muchacho de rostro triste tiene tan solo 18 años de vida y luce confundido ante la experiencia que ha vivido, pero ahora se encuentra en un lugar seguro, donde podrá comer una cena caliente, descansar en una cama limpia y recibir palabras de aliento para continuar su camino.

Más de 160 mil hombres y jóvenes como Genaro han sido acogidos en la Casa del Migrante durante los 20 años de servicio a los viajeros mexicanos y extranjeros que salieron de sus casas en busca del sueño americano o fallaron en su intento y son repatriados a Tijuana.


El Padre Luiz Kendzierski, director de la Casa del Migrante se dispone a partir el pastel durante la celebración del 20avo aniversario de la Casa del Migrante. Foto - David Maung

La ardua e indispensable labor altruista de esta benemérita institución fue honrada el pasado fin de semana, con una gran celebración en la que trabajadores y voluntarios compartieron la mesa con migrantes y bienhechores de la casa.

Los momentos de júbilo se viven en medio de un clima de incertidumbre en la situación migratoria entre México y Estados Unidos que muestran un panorama desalentador para los migrantes plagado de debates entre legisladores, represión policiaca en marchas pro-migrante, redadas en las comunidades y la militarización de la frontera entre ambos países.

Genaro fue testigo de la nueva etapa de la campaña militar por sellar la frontera, ya que anuncia haber sido detenido al internarse en territorio estadounidense por agentes vestidos de verde que descendieron en paracaídas desde un helicóptero que sobrevolaba la zona.

Después de algunas horas el migrante nayarita fue repatriado a Tijuana por la garita de San Ysidro, donde se encontró con la ayuda del Padre Luiz Kendzierski, actual director de la Casa del Migrante, y de integrantes de la Coalición Pro Defensa del Migrante en uno de los módulos de ayuda ubicados en la zona fronteriza.

“Uno está aquí para ayudar y mientras más difícil se vuelva la situación más debemos de ayudar” expresó el religioso, mientras llegaba a la casa con Genaro y un grupo de migrantes repatriados.

Hace 20 años la casa atendía principalmente a migrantes que provenían del sur de México, así como de Centro y Sudamérica en busca de cruzar la frontera. Sin embargo la situación ha cambiado durante los últimos años y ahora el 72 por ciento de los hombres que visitan la casa fueron deportados de Estados Unidos.

Pero la situación no solo es difícil al norte de la frontera, ya que a pesar de encontrarse en su propia patria los migrantes son víctimas de abusos de su propia gente y sus autoridades.

Por una parte los traficantes de migrantes o “polleros” frecuentemente engañan, roban y hasta secuestran a los migrantes que de buena fe confían en ellos. En otras ocasiones las personas que contratan migrantes para hacer trabajos temporales abusan de necesidad y los hacen trabajar jornadas exhaustivas pagando salarios deplorables o en algunos casos sin pagarles un solo peso.

Sin embargo lo que más agravia a los migrantes es el abuso de los oficiales de policía, ya que no solo juraron proteger y servir a la comunidad, sino que viven del pago de los impuestos, y frecuentemente los detienen de forma arbitraria y los insultan, golpean o extorsionan, amenazándolos con meterlos a la cárcel por no traer identificación si no les pagan un soborno o “mordida”.

Ante esta situación adversa los migrantes sufren de tanta pobreza y falta de oportunidades que en ocasiones no tienen otra opción más que seguir intentado cruzar hacia Estados Unidos, al igual que Genaro, quien intentará de nuevo reunirse con su tío en Los Angeles y trabajar arduamente por un mejor futuro para él y su familia.

“Nosotros quisiéramos que todos se pudieran quedar en sus casas y tener trabajos bien pagados” anunció el Padre Luiz quien sueña con el día en que la Casa del Migrante no tenga razón de existir y pueda ser convertida en un museo de la migración.

“Pero sabemos que eso no va a suceder y la migración va a continuar”.

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