March 30, 2007

Enfoque

El ocaso de un buen hombre

por Dagoberto Márquez

al señor José Cruz Márquez Díaz ...in memoriam

En días pasados, el 14 de marzo para ser exactos, dejó de existir el señor Márquez Díaz. Don Cruz, como cariñosa y brevemente le decían. El señor Márquez padeció, durante sus últimos tiempos, de cáncer, de cáncer de próstata, padecimiento que más allá de sus orígenes primarios, se extendió a otras partes de su cuerpo. El mal que le llevó a la tumba es uno de los más agresivos si consideramos el sigilo con el que inicia y la brutalidad con que se desarrolla. El señor Márquez, de ocho décadas de edad en números redondos, no tuvo oportunidad de nada ante su padecimiento y por más esfuerzos que hizo no pudo superarlo. De acuerdo con lo observado y toda vez que intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos resultaron insuficientes, el hombre de quien hablamos sufrió la transición que supone en una persona sana y fuerte, hasta concluir en una diferente, en una distinta, en una de poco peso abrumada por los estragos de quien padece tal enfermedad. El cáncer, aterrador padecimiento de la humanidad desde tiempos remotos, es uno que a la mujer más hermosa le roba su hermosura, juventud y lozanía, y al varón más estoico y fuerte, su fortaleza, su lucidez y su gallardía, en poco tiempo verdaderamente. Y no hay duda desgra-ciadamente, todos estamos expuestos. El mal del que hablamos empieza por una célula, por una sola que se multiplica, tal vez rápidamente, sin cura ni retroceso si no es detectado a tiempo. Cosas de la ciencia y de la imperfección humana, sin lugar a dudas. 

Estimado lector, Fina lectora, el señor Márquez fue un buen hombre, un michoacano de origen que llegó a Guerrero en los años 50’s, como un obrero calificado cuando en Huitzuco (de los Figueroa) había mucho movimiento debido a la explotación de una mina, una de mercurio que tuvo su bonanza por espacio de décadas. El señor Márquez llegó por atención e invitación de don Pepe Jáidar, un tabasqueño acaudalado de ascendente turco o libanés (árabe) para entonces concesionario de la explotación citada. El señor Márquez, mecánico de profesión, fue el responsable del funcionamiento de la maquinaria minera durante algunos años. La mina de que hacemos referencia fue famosa, muy famosa si consideramos datos históricos y aspectos técnicos, al grado de que fue considerada como una de las más ricas en su especie en todo el mundo. Algo característico si tomamos en cuenta la diversidad y la riqueza de minerales con que contamos en esta entidad suriana. El señor Márquez contrajo matrimonio con la entonces señorita Rosa Ocampo, una huitzu-queña linda y adorable. 

Con el curso del tiempo y por razones del todo personales, el señor Márquez incursionó en la construcción de carreteras. De esa manera y toda vez que la tecnología, la mecánica y la aviación fueron su pasión por así decirlo, el señor Márquez construyó caminos, carreteras y pistas de aeropuertos en diferentes partes de México. Él, junto con otros, se dedicaron de tiempo completo a la transformación física de incontables lugares, rompiendo cerros, abriendo brechas, creando explanadas, dándole a la sociedad por espacio de algunas décadas, aquellos satisfactores que a modo de vías de comunicación tanto se necesitaban. De esta manera, lo mismo hicieron grandes obras en el norte del país, que en el centro y en el sur del mismo. La vida del señor Márquez transcurrió por mucho tiempo en campamentos, lo mismo en la ciudad que en pequeños pueblos o la montaña, lo mismo cerca del bosque que en inhóspitos desiertos. En lo que concierne al estado de Guerrero, el señor Márquez y sus muchos compañeros de trabajo construyeron la carretera que va de Iguala de la Independencia a Ciudad Altamirano, la que va de Chilpancingo a la población de Chichihualco, así como los 50 kilómetros finales de la difícil y sinuosa carretera Chilpancingo-Tlapa. Para el señor Márquez y sus muchos compañeros en las compañías constructoras, el desarrollo de obras de ese tipo siempre supuso grandes desafíos.

Estimado lector, Fina lectora, la vida de los hombres tiende a ser dura y difícil, más cuando como en su caso, se queda huérfano cuando se es un niño, uno pequeño. En este orden, la vida del señor Márquez, persona oriunda de Angangueo, Michoacán y ascendente en otra entidad del occidente de México, fue difícil. Difícil de verdad, según estimo. De una infancia tal vez triste en aquél pueblo minero (plata), hoy bastante reconocido por tener en su cercanía al más famoso de los santuarios de la mariposa Monarca; pasó al DF para vivir una adolescencia complicada, al lado de familiares y amigos. Es así como encamina sus pasos a la ingeniería mecánica lo cual lo situó en las grandes ligas, al convertirse con los años en un gran mecánico de maquinaria pesada y diesel, una actividad que al parejo de su desarrollo le permitió documentarse como pocos en esta materia. El señor Márquez tuvo bajo se responsabilidad el buen funcionamiento de tractores, tractocamiones (trailers), planchas, motoscrepas, motoconformadoras, quebradoras, petrolizadoras, traxcavos, retroexcavadoras, payloders, palas mecánicas, buldozers, yukles, duo-pactors, vibra-pactors, enormes compresores, sistemas hidráulicos, sistemas de muy alta presión y demás. Sí, la maquinaria pesada con la que se construyen presas, carreteras, puentes enormes, diversas obras de ingeniería civil y hasta autopistas. Sí, todo aquello que para la humanidad entera significa progreso en dicha rama. Fue tal el conocimiento del señor Márquez Díaz, que lo mismo reparaba un simple aparato electro-doméstico, que una locomotora, o bien el motor de un avión si era necesario. Quienes le conocieron le prodigaron confianza y admiración así como afecto, mucho afecto no obstante lo huraño y hasta terco a veces de su carácter.

La muerte del señor Márquez ensombreció a sus familiares y entristeció a sus amigos. Más allá de su austeridad habitual, llevada a veces hasta niveles críticos, su vida estuvo rodeada de trabajo, lindos momentos y genuina simpatía. Con su deceso, la ingeniería civil, la construcción de caminos y la mecánica diesel pierden a un buen elemento, a uno de los mejores. Por esta razón y tal vez sin saberlo puesto que el señor Márquez rara vez se acercaba a la Iglesia, el sacerdote que condujo la misa de cuerpo presente en la recta final del último adiós que recién le dimos, mencionó... ¿Quién fue este hombre del que no tengo más datos para hablar mejor de él en este momento?...cuando se percató de que la parroquia, que el templo católico donde se oficiaba, se llenó de gente no obstante que la misa se celebraba a las 10 de la mañana, cuando todo mundo está siempre más que ocupado. El señor Márquez, aquél buen hombre bien acogido en esta entidad desde hace más de medio siglo, fue, al igual que de mis hermanos y hermanas, el progenitor de este opinante.

Descanse en paz y hasta siempre el hombre práctico, ético y buen amigo, el hombre de trabajo, el hombre sencillo que no reculó ni abdicó ante nada. Descanse en paz y hasta siempre el autor de mis aguerridos y austeros pero jamás estériles días.

Es todo.

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