March 30, 2007

Comentario:

Controles y balances

Por Humberto Caspa, Ph.D

Es muy probable que el presidente George W. Bush vete la decisión de los legisladores en Congreso en torno a la Guerra en Irak. Pero lo que se acordó ésta y la anterior semana en el Senado y la Cámara de Representantes, respectivamente, es un golpe certero a la política visceral de su gobierno.

La carta blanca que le había otorgado la bancada de su partido en el Congreso una vez conquistado la Casa Blanca, hoy los demócratas se lo quitaron para siempre. El presidente Bush va a buscar, por primera vez, un proceso de negociación en torno a la Guerra en Irak. Este hecho es positivo para la democracia norteamericana.

A más de seis años después de haberle prácticamente “robado” las elecciones a Al Gore, el presidente Bush finalmente siente el abandono de la suerte. Hasta fines del año pasado, el sistema de gobierno norteamericano tenía solo una cabeza. Los dos otros poderes, el Judicial y especialmente el Legislativo, estaban ahí simplemente para cumplir sus funciones en forma mecánica, convalidando las decisiones que tomaba el poder Ejecutivo y nada más.

Sin embargo, los controles y balances del sistema democrático norteamericano finalmente se restituyeron con la victoria, aunque mínima pero significativa, de los demócratas en el Congreso. El rescate llegó un poquito tarde, pero sí se hizo presente y está aquí para quedarse, especialmente para lidiar con un presidente bastante obstinado y hay veces tan terco como el acero.

Obviamente, fue el partido opositor el que dio el primer paso en poner controles al presidente Bush. Y fue precisamente una mujer, la representante demócrata Nancy Pelosi, quien restableció el orden en la Cámara de Representantes. Inició una lucha desesperada contra viento y marea pero con resultados fructíferos al final. Llevó de la mano a sus colegas de partido y logró convencer a algunos legisladores republicanos.

El Congreso (Senado y Cámara de Representantes) tiene el derecho constitucional de aprobar el presupuesto anual y otras solicitudes presupuestales del Poder Ejecutivo (Presidente), así como la reciente petición del presidente Bush de $ 122,000 millones de ayuda para las fuerzas militares en Irak.

A diferencia de otras ocasiones, cuando la Cámara de Representantes estaba dominado por los Republicanos y aprobaba las peticiones del Presidente con pocos cuestionamientos, la semana pasada los legisladores dijeron no más. Pelosi y una mayoría de representantes decidieron otorgarle esa suma de dinero, pero con la condición de que las tropas norteamericanas en Irak deban retornar no más tarde del 31 de marzo de 2008.

El senado, que desde noviembre del año pasado también tiene una mayoría mínima de demócratas, corroboró la legislación de la Cámara Baja. El senador republicano John McCain, que pugna por llegar a la Casa Blanca, dio otro paso en falso al apoyar la postura del Presidente y votar en contra de la legislación. Fue una magra decisión que va a pagar muy duro en las próximas elecciones.

Es muy seguro que el presidente Bush va a vetar esta legislación, pero lo que aconteció en el Congreso es sumamente significativo debido a que él ya no goza de un poder absoluto.

Los controles y balances se reestablecieron. El gobierno de Bush va a tener que redesarrollar otra solicitud de presupuesto de ayuda militar a Irak y enviarla al Congreso para su aprobación. Esta vez, sin embargo, sus asesores van a tener que considerar algunos condicionantes políticos que hasta hace muy poco nunca existían. Un compromiso político con la ala del Partido Demócrata, previo a la configuración del nuevo plan, está por darse por primera vez. Aunque se muera de rabia, Bush tendrá que escuchar los consejos de Pelosi.

Para los ciudadanos estadounidenses y para el sistema político norteamericano es volver al camino de la democracia que, durante los seis años del gobierno de Bush, había sido mancillado con sus políticas de corte autoritario.

Sólo falta un poco más de un año a las próximas elecciones presidenciales. Es muy probable que vuelvan los demócratas al poder, pero también es probable que un conservador logre convencer a los electores y continúe con otros cuatro años de gobierno republicano. Lo seguro, empero, es que ninguno de los dos, demócrata o republicano, van a tener la postura neoconservadora de Bush.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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