March 16, 2007

Una miradita al futuro

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Corre el año 2012. Unos 150 mil trabajadores llegan anualmente a los Estados Unidos con las visas legales para trabajar aprobadas en la Reforma Integral de Inmigración de 2007. No son trabajadores “huéspedes”, porque el término estaba tan quemado que lo cambiaron a “invitados especiales laborales”. Pero muchos de ellos no son tratados como invitados.

No pueden cambiar de empleo, y están amarrados al patrón que los “importó”, tal como si fueran mercancía. Si se quejan de abuso enfrentan la deportación, y los patrones “anfitriones” ponen su nombre en una lista negra.

Sus derechos están plasmados en el papel, pero el gobierno gringo se las ha ingeniado para fracasar en su labor de protegerlos de los patrones sin escrúpulos, y la mayoría no puede obtener asistencia legal para hacer cumplir sus derechos.

Frecuentemente son defraudados, retenidos casi como cautivos por empleadores o contratistas, obligados a vivir en condiciones más apropiadas para los animales de las granjas que para los seres humanos, y no tienen acceso a la atención médica.

“El maltrato de los trabajadores temporales extranjeros es uno de los mayores temas de derechos humanos de nuestro tiempo”, dicen sus defensores, quienes acusan a Estados Unidos de haber “cosechado los beneficios económicos de su trabajo pero ignorar el increíble grado de abuso y explotación que enfrentan”.

Peor aún, se reportan casos de trabajadores que para entrar en el programa y ser invitados por los patrones de Estados Unidos, tuvieron que hipotecar todo lo que tenían solamente para poder pagar las cuotas de reclutamiento.

Los “trabajadores invitados”, continúan los defensores de los chambeadotes, “son habitualmente personas pobres que son atraídas aquí con la promesa de buenos trabajos, pero con demasiada frecuencia sus sueños se basan en mentiras, sus esperanzas son destrozadas por la realidad de un sistema que los trata como mercancías. Son los trabajadores desechables de la economía global”.

Una miradita al presente

Volvamos a 2007, antes de que se apruebe la famosa Reforma Inmigratoria, y repitamos todo lo anterior.

Es cierto. No hay que irse al futuro para ver esta realidad cotidiana de los trabajadores “huéspedes”, “invitados”, “braceros” o como se quiera llamarles.

El programa ya existe, y ha funcionado durante años. Son los trabajadores con visas legales para trabajar temporalmente, conocidas como H-2.

Según las cifras oficiales, en 2005 vinieron a Estados Unidos, la mayoría desde México, un poco más de 121 mil trabajadores “invitados”, de los cuales 32 mil fueron para empleos agrícolas y unos 89 mil para el área de bosques, procesamiento de alimentos marinos, jardinería, construcción y otros.

Y de ellos, de los que ya están aquí legalmente, se dicen todas las cosas que pusimos anteriormente, en el reporte “Cerca de la Esclavitud: Programas de Trabajadores Invitados en Estados Unidos”, publicado esta semana por el Centro Legal de la Pobreza del Sur, una organización que hasta hace poco era conocida como el Klan Watch, porque se especializaba en vigilar de cerca las actividades de discriminación racial del Ku Klux Klan.

Su director, Richard Cohen, anunció la publicación del reporte, demanda la reforma integral del sistema migratorio estadounidense pero no sobre la base de “un vasto nuevo programa de trabajadores invitados”.

Según Cohen y Mary Bauer, directora del Proyecto de Justicia para Inmigrantes del Centro, el problema fundamental de este tipo de programas es que los patrones tienen todos los ases en la mano. “Ellos deciden qué trabajadores pueden venir a Estados Unidos y cuáles no. Ellos deciden si un trabajador puede permanecer aquí, y usualmente deciden dónde y bajo qué condiciones viven y viajan”.

En general, lo califican como “un programa vergonzosamente abusivo en la práctica y casi sin vigilancia de los derechos laborales”.

Por eso es una vergüenza que otras organizaciones que supuestamente representan los intereses y los derechos de los latinos, como el llamado Consejo Nacional de La Raza, dirigido por Janet Murguía.

Escribe Janet que en el programa de trabajadores huéspedes que debe incluirse en la reforma migratoria, “Los trabajadores no estarán a la merced de los patrones abusivos porque podrán cambiar de trabajo y avisarle a las autoridades de los abusos. En vez de ser una fuerza de trabajo de segunda clase, tendrán la oportunidad de ganarse el camino a la residencia permanente y eventualmente a la ciudadanía, como migrantes que podrán pedirse a si mismos en vez de que los patrones los pidan”.

“Habrá importantes protecciones laborales para los trabajadores inmigrantes, al igual que para los trabajadores Americanos, y les será pagado el salario promedio en cada industria, para que no reciban menos que los trabajadores Americanos en su lugar de trabajo”.

Francamente, solo cabe preguntarse de cuál fuma Janet Murguía, que le hace ver visiones al futuro de una situación ideal para los trabajadores huéspedes, si frente a su nariz está la realidad de su explotación.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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