March 16, 2007

Comentario:

Discriminación: Méndez v. Westminster

Por Humberto Caspa, Ph.D.

“No pude más”, se quejaba un padre de familia en la ciudad de Costa Mesa, California, “tuve que sacar a mis niños de la escuela de intermedio Tewinkle porque ya no soportaba ver como se atrasaban”.

Esta escuelita de intermedio, como muchas otras similares en los distritos de Los Ángeles y otras ciudades urbanas del país, a pesar de estar ubicada en una zona residencial de clase media-alta, los estudiantes pertenecen a los estratos económicos y sociales más bajos del distrito. ¿Dónde están los hijos de las familias de clase mediaalta? ¿En qué escuela están atendiendo? ¿Por qué sólo van los niños de estratos económicos bajos, particularmente minorías étnicas?

Seguramente existen muchos justificativos y razones para llevar a sus hijos e hijas a otras escuelas –públicas y privadas—, lo cierto es que la enseñanza que nos dejó Méndez v. Westminster está siendo ignorada. En algunos casos, a falta de más empuje a la diversidad, la discriminación institucional que existió a principios del Siglo XX, está siendo reimplantada por una auto-segregación, a pesar de los avances que se han llevado a cabo durante las últimas décadas.

En 1947, el caso de Méndez v. Westminster rompió con la segregación en las escuelas del área de Orange County, y creó un verdadero huracán de cambios a nivel institucional en el estado de California, rompiendo los hitos de segregaciones vecinales, prohibición a minorías en ciertos en los centros sociales, como las piscinas (albercas), restaurantes, etc. El Méndez v. Westminster fue también precursor del caso más importante contra la segregación institucional educativa: Brown v. Board of Education.

Todo empezó en el años de 1943, cuando Gonzalo Méndez y su esposa Felicitas, decidieron mudarse a la ciudad de Westminster del Condado de Orange en California. Habían rentado la granja de una familia japonesa que habían sido internada a un campo de concentración. Durante la Segunda Guerra mundial, el gobierno norteamericano había ordenado a todos los japoneses, incluyendo a japoneses-americanos, a que se instalaran en establecimientos federales para que, aparentemente, no intentaran sublevarse contra Estados Unidos. Fue una de las políticas más vergonzosas del gobierno norteamericano.

Así, los Méndez quisieron inscribir a sus niños/as, Sylvia, Jerome and Gonzalo Jr., a una escuela de su distrito, pero las autoridades de esa escuela en Westminster le dijeron que no podían porque existía una ley de segregación. “Tienen que ir a una escuela de Mexicanos,” subrayaron.

Seguidamente Gonzalo Méndez trató de convencer a las autoridades del distrito para que sus hijos fueran a tomar clases. El director de la escuela y otros oficiales distritales nunca desistieron. Entonces Méndez enjuició al distrito de Westminster, en nombre de otras 5,000 personas que también habían sido afectadas por las leyes discriminatorias del distrito escolar de Westminster.

Al final, un juez local dictaminó a favor de la familia Méndez, y rompió con los hitos de discriminación en las escuelas. En 1947, una corte de apelación también decidió que no deberían existir espacios para escuelas segregadas en California. Y dos meses más tarde, el gobernador de California, Earl Warren, declaró que el estado no toleraría segregación en las escuelas, convirtiendo a California en el primer estado en romper con un proceso de discriminación institucional en los establecimientos educativos.

Siete años más tarde fue también el mismo Warrer, ahora como Jefe de la Suprema Corte de Justicia, quien escribió la decisión del caso Brown v. Board of Education, el cual terminó con la segregación educativa en el país.

Sin embargo, hoy empezamos a ver reminis-cencias de ese sistema nefasto de dividir grupos sociales en etnias nacionales en las escuelas. Ya no es en la forma sistematizada de aquellos años cuando los Méndez fueron negados de sus derechos constitucionales, sino más bien en una forma más sutil, menos criticable, pero con los mismos efectos dañinos hacia la comunidad y la sociedad norteamericana, es decir voluntaria.

La segregación desde el gobierno está en la historia, pero otros tipos de prejuicios y discriminación todavía son parte inmanente de nuestro sistema.

Todas las escuelas tienen las mismas capacidades para educar a los estudiantes, nada más que unas tienen mayores recursos, mejor personal y dinero que otras. Es necesario uniformar la educación en las escuelas.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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