March 9, 2007

Comentario:

Viaje sin Motivo

Por Humberto Caspa

Finalmente el Presidente George W. Bush decidió dar otra vuelta por América Latina; justo cuando los panes están a punto de quemarse.

Tres de las cuatro potencias regionales, Brasil, Argentina y Chile, ya son parte de un bloque de izquierda que, paradójicamente, no comparte ni con la estrategia económica del Presidente venezolano Hugo Chávez, ni con la de su homólogo estadounidense. La otra potencia latinoamericana, México, perdió la vergüenza y sigue empantanado en el lodo neoliberal.

En tal sentido, América Latina tiene un liderazgo indefinido, sin control y con algunos presidentes que están haciendo lo imposible para que les cedan el timón de la región.

Hugo Chávez el más desesperado de todos. Ha estado coqueteando a sus colegas latinoamericanos con sus barriles de petróleo, firmando acuerdos financieros y creando oportunidades de trabajo para otros, incluso regalando gasolina a las poblaciones pobres del país más poderoso del mundo (Estados Unidos). Todas esas acciones de “buen samaritano” tienen un fin: Que lo condecoren con la insignia del libertador Simón Bolívar y reconozcan su liderazgo en la región.

A pesar de los millones que percibe a través del petróleo y un delirio infernal por el poder, Chávez no va a lograr sus propósitos. No porque no tenga capacidad de hacerlo –ya lo ha demostrado con Venezuela, cuyo sistema político se encuentra subyugada a sus pies—; sino porque el sistema que pretende imponer en América Latina, no concuerda con los procesos globales de un capitalismo que se ha insertado en la misma espina dorsal del comunismo. Su propia Venezuela respira, come y se disemina por medio de canales del mercado.

Asimismo, la República Popular de China, que había edificado una “muralla” ideológica comunista alrededor de sus fronteras, ahora es más capitalista que el propio demonio, convirtiéndose en una potencia económica gracias a la economía de mercado. Claro, hay que reconocer que el “boom” de los chinos se desarrolló, a diferencia de los países latinoamericanos, supeditado al control estatal. Por eso nunca ha estado manipulado por la hegemonía norteamericana.

Entonces, ¿Por qué Bush va por América Latina? ¿Será que quiere salvarla del socialismo o del chavismo?

La decisión de Bush es meritoria, pero sólo un imprudente como él asoma las narices en medio de una jauría humana que le gustaría despedazarlo y ponerlo a descansar a lado de los personajes más siniestros de la historia latinoamericana. Entre los líderes mas despreciados del continente, Bush se lleva la corona.

Sólo un imprudente como él piensa que la población latinoamericana no está enterada del debacle de sus decisiones en el Medio Oriente que ha causado inestabilidad regional y ha permitido el crecimiento de grupos terroristas alrededor del mundo

Sólo un imprudente como Bush todavía cree que el neoliberalismo salvaje puede sacar a las economías de América Latina del debacle donde se encuentra. Bush no se da cuenta –y esto sabe muy bien la gente latinoamericana— que es precisamente este sistema económico el que propició desorden, incrementó la pobreza, aumentó la criminalidad y creó un mundo de pocos que lo tienen todo y una mayoría que apenas tiene unos centavos para comprarse un trozo de pan y vestirse con unos andrajos.

El inocente Bush no se da cuenta que la gente trabajadora de los sectores más populares de Uruguay, Brasil, Guatemala, México y Colombia, le están esperando con las manos llenas de tomates y huevos. En un momento de descuido de sus “guaruras”, el pobrecito de Bush se verá en medio de proyectiles rojos y blancos que se estrellarán en su inceremoniosa cabeza.

No es el momento indicado para un viaje a América Latina. Tal vez nunca existió ese momento durante su administración. Su actitud de vaquero inflexible, su conducta reprochable contra los tratados del medio ambiente, su proximidad a los grupos financieros y transnacionales más poderosos del mundo –aquellos que tanto daño le hacen a América Latina— y su postura belicosa, son elementos que no le auguran una bienvenida con los brazos abiertos al sur de la frontera.

Sin embargo, a Bush todavía le queda un elemento infalible que puede marcar la historia de su trayectoria política en la región: Re-negociar la Deuda Externa. Bush es agalludos pero dudo que se comprometa a forjar un hecho revolucionario. Por eso su viaje será en vano.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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