March 9, 2007

Más vale una gota de sangre que un pedazo de carne

Por Doctora Luz

“Mamá, ¿me das permiso de salir con mi novio?”. Ella me respondía: “Más vale una gota de sangre que un pedazo de carne”.

La mayor preocupación que prevalece en nuestra cultura latina es que nuestras hijas adolescentes vayan a quedar embarazadas. Son superiores nuestros valores familiares; pero son menores la educación y la comunicación sexual con nuestras hijas adolescentes.

Gillian ML (2007), encontró que las madres latinas utilizan sus valores culturales en lo que representa ante los demás un embarazo fuera del matrimonio y atemorizan a las hijas sobre el uso de anticonceptivos como forma de persuadirlas para que no vayan a quedar embarazadas. Gilliam ML, Warden M, Goldstein C, y Tapia B (2004), investigaron a mujeres entre los 18 y los 26 años, las cuales habían recibido —y aprendido— la información incorrecta sobre los anticonceptivos y en gran parte porque sus percepciones basadas en las anécdotas tenían más valor que la de los profesionistas de salud mental. Ahora, ¿cuál es la realidad? Se proyectan para el año 2008 más de 66,000 nacimientos de madres latinas adolescentes (California Department of Finance, 2005). Este número es alarmante. En el Valle de San Joaquín es donde nacen más bebes de adolescentes latinas (CEWAER Teen pregnancy Prevention Policy Brief).

¿Por qué? En mi práctica me toca escuchar la creencia de que si nuestras hijas ignoran la información acerca de la sexualidad y las atemorizamos con vergüenza, no van a quedar embrazadas. La gran mayoría de las adolescentes que quedan embarazadas es porque desconocen o ignoran la información sexual. Otro factor importante es que las adolescentes viven en un ambiente hostil en casa, sin comunicación, donde no se sienten comprendidas y dirigen toda su energía a su novio. Otra punto es que las adolescentes no tienen aspiraciones acerca de un futuro propio. De esta manera, su mayor sueño es vivir en un cuento de hadas, como el de La Cenicienta.

Las investigaciones, en mi experiencia como psicóloga y madre, me han enseñado que la mayor influencia que tienen los hijos es la de los padres. Si nosotros, como progenitores, no educamos a nuestros hijos, aprenderán lo que sus amigos les digan. Si todo el tiempo nos expresamos de una forma negativa sobre el sexo, nues-tros hijos no se acercarán a nosotros: “para salir rega-ñado, mejor me callo”.

Lo que necesitamos hacer, en primera instancia, es educarnos a nosotros mismos para así compartirles la información correcta. Hablar con nuestros hijos, tanto con los hombres como con las mujeres, y explicarles las consecuencias, tanto emocionales, económicas, y físicas, que un embarazo a corta edad conllevan. Es importante reconocer las “cosquillas” que se sienten con un beso, pero necesitan tener límites.

Padres, mucho ojo con los dos puntos que les voy a comunicar:

Primero: si sus hijas e hijos tienen aspiraciones para su futuro, eso será lo que les ayude para ser más responsables. El soñar que un día van a ser contadoras(es), maestras(os), ingenieras(os), doctoras(es), etc., las(los) pondrá en una situación de no querer desviarse de sus aspiraciones, proyectos o planes a futuro, lo cual podría estropearse por un embarazo prematuro o una responsabilidad paternal.

El segundo punto es: ser amorosos y platicar con sus hijos, ya que esto les ayudará a no querer dejar el hogar y les tendrán la suficiente confianza para platicarles sus inquietudes.

Recuerden: la comunicación abre fronteras y eleva las alas con responsabilidad y cuidado para gozar de un fructífero viaje.

Para accesoria personal y familiar se pueden comunicar con la Doctora Luz Maria Villanueva González Ph.D. (619) 434-7779 o a la dirección de correo electrónico: luzmariav1@cox.net.

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