June 29, 2007

Análisis

Cien años de soledad

Por Dagoberto Márquez

En efecto, se trata de la novela magistral de Gabriel García Márquez, una exquisita y finamente hilvanada obra de arte, galardonada con lo mejor que puede darse a la literatura: el Premio Novel, así como la exitosa trascripción a múltiples idiomas dada su enorme aceptación en el planeta. Sí señor, se trata de la obra maestra del periodista por mejor escritor, oriundo de Aracataca, Colombia, al cual le debemos la creación de Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, y, El amor en los tiempos del cólera.

Estimado lector, Fina lectora ¿Ha leído la novela de Gabo...? Si la respuesta es no, permítame decir que no sabe de lo que se pierde. Si la respuesta es sí, enhorabuena, ambos sabemos que es buenísima, algo fuera de lo común. Algo que puede incluso releerse.

Ahora bien, la cita viene a colación porque como se sabe, sobre la más que magnífica novela y sobre el propio García Márquez gravitan una serie de notas que hacen de aquello algo que llama la atención poderosamente. Sí hombre, aniversarios en más de un sentido, información nunca antes revelada, asuntos misteriosos hechos de dominio público, etcétera.

Se trata de una serie de buenas y de malas noticias que de alguna forma nos pone a pensar, a considerar detenidamente por qué la vida es corta y existen muchos que la viven desdeñando, desaforando, perdiendo el tiempo en una y mil cosas, estúpidamente. Criticando pero sin aportar nada, sin ponerse a pensar que al igual que todos, son también seres humanos, sólo seres humanos, transitorios y efímeros, de tal modo que hoy estamos aquí y mañana estarán otros, pero no nosotros mismos porque la vida es así y tales son sus reglas.

  ¿Sabe usted quiénes fueron los Buendía de la obra cumbre de la que hablamos? ¿Tiene una idea de qué fue lo que hicieron y por qué amaron y sufrieron tanto? ¿Sabe usted cómo se las arreglaron para dar vida a Macondo? Es más, ¿Sabe usted qué es y dónde podría haber estado Macondo...? Si no lo sabe preocúpese un poco y cultívese al respecto, consiga esta obra de arte y dispóngase a leer, tranquilamente, haciendo un esfuerzo por ir despacio, sosegadamente porque la novela es grandilocuente, delirante a veces. Un extrañísimo relato de humor negro que de repente parece no tener pies ni cabeza donde una familia, loquísima y extravagante, hace de las suyas ante la inquisidora y a veces impávida mirada de Úrsula, la lúcida pero noble matriarca de esta pléyade de renegados con iniciativa y locos de la que hablamos.

¿Qué leer algo como eso no tiene caso en estos revueltos tiempos...? Se equivoca, totalmente. La obra de García Márquez, a diferencia de la de otros escritores donde la intriga y la violencia es común, es divertida, triste a veces, es cierto, como otras del propio Gabo pero no dude en leerla porque es finísima, tremenda, irrepetible diríase. Una donde lo que leerá lo dejará absorto, incrédulo, perplejo porque de amores y desamores está llena, créame. También, por supuesto, de locuacidad, inventiva e irreverencia. Por si fuera poco, la novela examinada está llena de placeres, de buenos momentos, un asunto de romance, de locura, y de muerte por amor, al mismo tiempo. Sí hombre, un asunto de encuentros, desencuentros y toda suerte de lindas tonterías. Algo fenómeno, como fenómeno es todo lo que les ocurrió a los Buendía, a los de García Márquez, por supuesto.

Estimado lector, Fina lectora, como podrá comprender, la obra de Gabo se sitúa en los tiempos anteriores a esta época así como en la bella, exuberante e indescifrable Colombia, la patria que dio la vida al escritor de que ahora hablamos. Aunque empieza con un recuerdo del coronel Areliano Buendía, la cosa inicia con las suertes y vicisitudes de Úrsula y José Arcadio, la entrañable pareja que con su descendencia abrieron paso a una historia tanto de amor como de desamor y tormento, donde además de ingratos y fúnebres recuerdos, lo más insólito puede suceder en cualquier momento. Sí, una obra de la literatura moderna que cuando uno la lee no sabe si reír con lágrimas o llorar a carcajadas dados los absurdos, tremendos y aguerridos aconteci-mientos. Algo que fue calificado como “realismo fantástico” o lo que es lo mismo, el surrealismo cabrón donde todo puede ocurrir dada la naturaleza de sus recabronsísimos actores.

¿Le suena la canción de Óscar Chávez...? Se llama “Macondo”. Sí, es una suerte de síntesis cantada de lo que a lo largo de “Cien Años de Soledad” sucede en esta novela de poco más de 200 hojas (432 páginas). Se infiere que en relación con lo ocurrido así como en derredor de las personas que integraron aquella estirpe, la de los Buendía, una familia de irredentos, finos y aventureros donde también hay conspiración, guerra y convicciones. Una novela donde existe el odio y el amor, la muerte y el sufrimiento. Una delirante y bullanguera trama donde se mezclan aspiraciones, resistencia, tragedia, infortunio, equívocos, tenacidad, revolución, concupiscencia, estoicismo, brutalidad, decoro, sentido del honor, miedo, intransigencia, firmeza, virtud, paranoia, disciplina, revueltas, corrupción, masacres, traición, palabras raras, cosas raras, oportunismo, candidez, celos, gloria, exilio, llanto (por amor), luto, sepelios, bonanza, miseria, adversidad, escándalo, desenfreno, exceso, pecado, fusilamientos, huelgas, delirio, superstición, fortaleza de carácter, virtud, firmeza, paranoia, clarividencia, disciplina, fascinación, café sin azúcar, el temor a Dios, así como ciertos pergaminos misteriosos cifrados en sánscrito. 

En fin, una especie de lección que queda para la historia, una suerte de vivencia que hace de la obra un clásico de la literatura para las próximas generaciones. Sí, un relato tan extraño como incorregible donde sólo con cultura y el gusto por las letras es posible encontrar el punto fino de la cuestión y donde todo está dicho en un orden tan exacto, que existe la impresión de que eso sólo pudo haber sido creado por un pinche genio. Algo que aunque usted no lo crea, fue escrito aquí en México, cuando García Márquez atravesaba por una seria escasez, pésima suerte y malos tiempos incluso.

Sí hombre, una obra más que divertida de la cual uno no se explica por qué se tardaron tanto en reconocerla con el Novel en los años 80’s, si la misma fue escrita en los años 60’s y ya desde entonces era un hito. Algo incom-prensible como lo son también despropósitos y desaguisados relatados parsimoniosa pero espléndidamente por García Márquez.

Para concluir, sólo una cita más, si usted me lo permite. De acuerdo con la crítica especializada, Gabo pudo haberse inspirado en Juan Rulfo, en nuestro Rulfo. Y es cierto, si usted analiza las cosas podrá percibir similitud, algún tipo de paralelismo. El hablar con los fantasmas y hasta hacerse amigo de ellos es uno. El asunto patriarcal, el estoicismo así como la tragedia irredenta es otro. Evidentemente nos referimos a “Pedro Páramo”, la obra cumbre del jalisciense que sin proponérselo incursionó en los terrenos de la narrativa insólita, logrando de ese modo la novela que además de haber sido llevada a la pantalla, le dio la vuelta al mundo.

En fin, una obra maestra, extraordinaria. Una obra tortuosa pero linda y entretenida donde lo más importante es la enseñanza, la sutil y la extravagante enseñanza propia de Gabriel García Márquez, quien hace dos décadas propuso que a la ortografía había que mandarla ¡al carajo! con la finalidad de que hubiese más interés por el leer y el escribir entre la gente, haciendo a un lado la hipocresía derivada de las letras cultas, las reglas del idioma y las inhibiciones. Sí, la sutil enseñanza que tiene conexión con la perseverancia y el valor de las personas para no darse por vencidas, pase lo que pase... “...porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Es todo.

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