June 29, 2007

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

¿Cuánto costamos?

Uno de los argumentos más recurridos de los grupos anti-inmigrantes es que “le costamos mucho a Estados Unidos en educación, cuidado médico y demás. A este argumento se le pega el de que la bola de paisas poco educados van a rendir muy poco en impuestos precisamente porque van a ganar muy poco toda su vida.

Sin ganas de argumentar en nuestro favor, pero atinándole a la discusión, Daniel Griswold, Director del Centro de Estudios de Políticas Comerciales del Cato Institute, acaba de publicar un estudio al respecto.

Dice Griswold, citando otro estudio, de la Heritage Foundation, que cada familia dirigida por una persona que no haya terminado la Secundaria cuesta 22 mil dólares anuales, y en 50 años de expectativa laboral, el número llegará a 1 millón 100 mil dólares. Mientras más familias medio miserables, pues mayor el costo.

Pero Griswold revela otro estudio, uno de la Oficina de Presupuestos del Congreso Federal de mayo del año pasado, elaborado sobre el costo de la propuesta S2611, que estaba entonces a discusión en el Senado. Según éste, la legalización de los indocumentados hubiera tenido un balance positivo de 12 mil millones de dólares en diez años, aún dejando entrar a trabajadores “huéspedes” sin educación.

La Oficina de Presupuestos calculaba un aumento del gasto federal de 53 mil 600 millones de dólares por devolución de impuestos y Medicaid, pero también un aumento de ingresos federales de 65 mil 700 millones de dólares por impuestos directos y contribuciones al Seguro Social, además de las multas que proponía la S2611 para legalizarse.


Cárceles, escuelas y hospitales

A los inmigrantes se les acusa de atiborrar hospitales, escuelas públicas y cárceles. De pilón, de llenar las carreteras sin tener licencias de manejo.

Ninguna acusación es correcta. Los inmigrantes son el 43 por ciento del crecimiento del país, y los gringos de todos colores son el otro 57 por ciento. En un condado gringo típico, los inmigrantes fueron solamente el 28 por ciento del crecimiento entre 2000 y 2006, y uno de cada tres condados perdieron población por movimientos internos de ciudadanos estadounidenses relacionados con la economía. Por eso hay más gente manejando, no por los inmigrantes.

En las escuelas es igual. Los gringos sacaron a sus hijos de las escuelas públicas, y eso aumentó el porcentaje de estudiantes inmigrantes, pero la mayoría siguen siendo niños nacidos en este país.

Lo del crimen tampoco es cierto. Los crímenes violentos en Estados Unidos han bajado, de 758 por cada 100 mil habitantes en 1991, a 469 en 2005. Según el Centro de Políticas de Inmigración, “incluso donde la población indocumentada se ha duplicado desde 1994, la tasa de crímenes violentos ha bajado en un 34.2 por ciento, y los crímenes contra la propiedad han caído un 26.4 por ciento”.

Y los inmigrantes caen menos en la cárcel que los ciudadanos del mismo nivel económico. “Entre todos los grupos étnicos sin excepción”, dice el mismo estudio, el “encarcelamiento para los jóvenes es menor para los inmigrantes”, aunque éstos tengan menor educación formal.

Y tampoco hay ningún estudio que muestre que los inmigrantes indocumentados sean la causa principal del aumento en el costo del cuidado de la salud.

Es más, los inmigrantes van menos al hospital porque son más jóvenes y saludables. Eso dice la Corporación Rand, que reporta que los gobiernos en Estados Unidos gastan mil 100 millones de dólares en salud para los indocumentados entre los 18 y los 64 años, comparados con los 88 mil millones de dólares que gastan en adultos del mismo grupo de edad.

O sea, que mientras los indocumentados son el 5 por ciento de la fuerza de trabajo, solamente usan el 1.2 por ciento del gasto en cuidado de la salud de todos los trabajadores.

(Continua la próxima semana).

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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