June 29, 2007

Más Leña al Fuego

Por Javier Sierra

¿Cansado de salir de la gasolinera con la billetera vacía? ¿De tener que decidir si alimentar el carro o a su familia? ¿De ver a las compañías petroleras nadar en dinero?

No es usted el único. Según un reciente sondeo del Washington Post y ABC News, los precios de la gasolina están causando dificultades financieras a cerca del 70% de los estadounidenses. A finales de mayo, los precios de los combustibles alcanzaron su punto más alto de la historia. Y en abril, pese a que el barril de petróleo estaba más barato que el año anterior, la gasolina costaba 50 centavos más. Al mismo tiempo, las dos mayores petroleras del país anunciaron ganancias de $14 mil millones en el primer trimestre del año.

Hay motivos de sobra para frustrarse. Pero hoy quiero darle motivos de sobra para alegrarse. Se trata de los admirables esfuerzos de personas de todo el mundo para convertir nuestros vehículos en máquinas de pasmosa eficacia que están haciendo realidad lo que hasta hace unos años era pura ciencia ficción.

Y el esfuerzo de Andy Green, un científico británico, es quizá uno de los más espectaculares. Después de trabajar dos años e invertir $3,732, Green presentó un vehículo capaz de rendir 8,000 millas por galón a una velocidad promedio de 18 millas por hora. ¿Imposible? Green nos recuerda que lo que hace a los carros tan ineficaces es el peso. Un carro cualquiera usa el 99.9% de la energía que genera para moverse a sí mismo, el insignificante resto es para mover al pasajero. En cambio, el vehículo de Green sólo pesa 66 libras, mide poco más de 10 pies de largo y dos de ancho, y su motor de un solo cilindro tiene una capacidad de 35 cc, mientras que la capacidad del carro promedio es 1,500 cc. Evidentemente, hoy en día, un carro de 66 libras no sería práctico, pero ésta es una brillante promesa.

La sabiduría de personas como Green ya está llegando al mercado. Como la tecnología necesaria para construir un atractivo carro deportivo capaz de alcanzar las 60 millas por hora en sólo cuatro segundos gracias a un motor eléctrico. Sí, leyó bien, un carro eléctrico. El Tesla Roadster, alimentado por baterías similares a las de las computadoras portátiles, rinde el equivalente de 135 millas por galón y recorre 250 millas sin necesidad de recargar. Eso sí, para hacerse con este bólido le harán falta $92,000. Pero la intención final de su inventor y presidente de Tesla Motors, Martin Eberhard, es lanzar un sedán de cuatro puertas por la mitad de precio en dos años. Sólo nos falta garantizar que la energía para recargar esas baterías sea limpia y renovable.

¿Y quién dijo que los restaurantes no pueden servir de gasolineras? Que se lo pregunten a Mark Wienand, un catedrático de Carolina del Norte, quien por $600 ha transformado su viejo carro de motor diesel para que consuma aceite vegetal de restaurante. La transformación convierte carros que emiten los nocivos gases diesel en vehículos consumidores de biocombustibles. “En carros como el mío, las emisiones más dañinas quedan reducidas o eliminadas”, dice Wienand. Los científicos siguen trabajando para que este combustible no genere ningún tipo de partículas.

Hay más opciones sabrosas para el medio ambiente y su bolsillo. Y no hace falta ser catedrático o presidente de una corporación para ofrecerlas. Desde el 2001, los estudiantes de la Escuela Secundaria West Philadelphia han construido vehículos alimentados por energías limpias y renovables. Cada año sus creaciones de bellos carros deportivos son la sensación en la exhibición anual de carros y camionetas de esa ciudad. Sus carros híbridos (alimentados por un motor eléctrico y otro de combustión interna) rinden hasta 60 millas por galón y consumen un biocombustible que se fabrica en la misma escuela.

Pero no sólo en exhibiciones de modelos futuristas se puede conseguir un carro híbrido, ya que están disponibles en concesionarios de carros en todo el país. Algunos, como el Honda Insight, rinden hasta 68 millas por galón. Y cada vez más fabricantes ofrecen más opciones de vehículos eficaces.

Sin embargo, las innovaciones tecnológicas no corresponden con las prácticas deshonestas de la industria petrolera y sus aliados en Washington. Con sólo elevar el mínimo de rendimiento a 40 millas por galón en todos los carros y camionetas vendidos en el país, en 10 años nos ahorraríamos todo el petróleo que importamos del Golfo Pérsico.

¿Y por qué no lo hacen? Porque las petroleras, y su insaciable hambre de ganancias, insisten en echar leña a este peligroso fuego. En nuestras manos está apagarlo.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club.

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