June 22, 2007

Comentario:

El espíritu anti-inmigrante

Por Humberto Caspa, Ph.D

Uno piensa que el espíritu maligno anti-inmigrante desapareció de la órbita política en la ciudad de Costa Mesa. No es así; todavía vive y mantiene el rabo coleando. Y como siempre, la sombra infame de Martín H. Millard, el supremacista blanco costamecino que organizó la enbestida contra las familias latinas y latino-estadounidenses, sigue pregonando su mensaje de odio, aunque esta vez lo hace más fuera que dentro de las oficinas del gobierno.

En la última reunión del concejo municipal, tres de los cinco concejales de la ciudad aprobaron mandar una misiva recriminando al Presidente George W. Bush por su apoyo al proyecto de ley pro-inmigrante que sigue en debate en el Senado. La carta, que fue escrita por el concejal Eric Bever, estará también dirigida a representantes distritales del gobierno federal y del estado. “Estoy convencido de que el presidente no está ejerciendo su trabajo y no está haciendo cumplir las leyes vigentes (de inmigración)”, dijo Bever a un periódico local.

No es la primera misiva que Costa Mesa remite a la Casa Blanca. Hubo otra escrita en el año 2005, cuando esta ciudad decidió oficializar a los policías como agentes migratorios. En esa ocasión, el gobierno local envío un escrito a la Casa Blanca en la que sugería más control en los límites fronterizos con México. El Presidente Bush parece que hizo caso omiso a las recomendaciones de los oficiales de Costa Mesa y no les respondió una sola letra.

Yo creo que en este último intento, la gente del presidente en Washington tampoco les harán caso. Menos ahora que el ímpetu anti-inmigrante de los grupos extremistas de la derecha parece haber entrado en un receso político temporal.

Mientras los grupos anti-inmigrantes se reacomodan a la nueva realidad política del país, particularmente al debate en el Senado, el espíritu virulento de los grupos extremistas de la derecha en Costa Mesa todavía mantienen su sesgo determinante.

Aparte de la carta visceral dirigida al gobierno de Bush, Millard y su grupo de nativistas biológicos tienen el campo libre para instrumentar una ordenanza municipal que virtualmente prohibirá divertirse a las familias latinas y latino-estadounidenses con una pelota de fútbol (soccer) en el parque Paularino. Dicho parque está ubicado en una zona residencial, donde un porcentaje alto pertenece a los grupos minoritarios. “Va a ser un ejemplo para que los otros parques de la ciudad puedan aplicarla”, puntualizó el intrigante Millard en su blog personal.

El proyecto del parque Paularino actualmente se encuentra en plena discusión en la comisión de planeamiento y parece que ya tiene la venia de una mayoría de los comisionados. Luego de ser aprobada, el proyecto será destinado al concilio de la ciudad, donde Millard todavía mantiene una relación amistosa con la mayoría de los concejales, como el Alcalde Allan Masoor, los concejales Eric Bever y Wendy Leece.

Los tres nuevamente estarán ofreciendo sumisión a Millard, a quien los residentes de Costa Mesa consideran como líder intelectual del grupo que cambió por completo la fisonomía política de esta ciudad.

Por otra parte, desde que el gobierno de la ciudad autorizó a un agente migratorio en la cárcel del municipio, más de doscientos inmigrantes indocumentados fueron o están en proceso de deportación. Algunos de los detenidos tenían algunos historiales criminales y de tránsito. Empero, muchos de ellos, de acuerdo al testimonio de sus familiares a los medios de comunicación, cometieron violaciones menores o simplemente fueron apresados por arbitrariedades policiales. Una persona, por ejemplo, fue detenida porque estaba manejando bicicleta en sentido contrario; otro fue llevado al reclusorio local debido a que la retaguardia de su automóvil tenía un faro quemado.

Tal parece que el espíritu anti-inmigrante de Costa Mesa también está metido dentro de los vehículos policiales.

Lamentablemente, las bases políticas en los barrios latinos, particularmente los que pertenecen a los residentes legales y a los ciudadanos estadounidenses, no parecen conmoverse de la pauperización gradual de los derechos civiles e individuales de sus conciudadanos.

La presión al gobierno de la ciudad no deber ser efímera sino constante; tiene que mantenerse hasta que finalmente un representante legítimo latino-estadounidense salga de las filas de esta población para representar sus intereses en el gobierno local.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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