June 15, 2007

Comentario:

La incertidumbre del matrimonio

Por Humberto Caspa, Ph.D

“El público tiene derecho a saber de mi separación, pero no tiene por qué conocer los pormenores de mi vida privada”, subrayó acongojado el alcalde Antonio Villaraigosa. Aunque mucha gente se sorprendió por la ruptura con su esposa de 20 años, su separación no es más que un proceso “normal” dentro de las familias estadounidenses.

Hablar del percance matrimonial en este país no debería convertirse en un tabú, sino que debería ser un tema que tiene ser abordado y analizado con más atino. Al fin y al cabo, de cada tres que se casan, dos tienen el mismo destino del alcalde Villaraigosa o una vida deplorable como la de un vecino mío, quien se casó y se divorció tantas veces que no creo que él se acuerde los nombres de sus ex esposas y los hijos/hijas que trajo al mundo.

Hoy, una nueva pareja que jura corres-ponderse el uno al otro a través de los códigos civiles o por la iglesia, a menudo vive una sabrosa e inolvidable luna de miel; pero luego de unos percances económicos o algún amorío brioso en el camino, el amor fallece, las tempestades conyugales empiezan a dominar y es entonces cuando la familia entra en crisis y al final se desmorona por completo. La pareja se separa y eventualmente culmina en el divorcio.

El matrimonio ya no es para siempre. No es porque aquellas parejas que hacen el juramento de por vida –incluyendo uniones del mismo sexo—, no quieren que su matrimonio no funcione. Por el contrario, la mayoría de los se casan, a excepción de Anna Nicole Smith (Q.E.P.D.) y aquellas que buscan tesoro ajeno a través del matrimonio, normalmente lo hacen con una perspectiva de que quieren ser felices con su pareja hasta que la muerte los separe.

Sin embargo, más allá de los deseos personales, existen estructuras y sistemas que juegan un papel preponderante en el individuo; y con el tiempo, se han convertido en los peores enemigos del matrimonio.

El sistema económico imperante ya no permite que sólo uno de los miembros de la familia sea el único sustento económico del hogar. En otras palabras, en una familia de clase media o baja, el ingreso del papá apenas sirve para pagar la renta, pero no abastece para comprar la comida y otras necesidades básicas, así como también disfrutar de algunos artículos y servicios suntuarios. En dicho caso, la mamá se convierte en el elemento que devuelve la estabilidad económica a la familia. En algunas familias pobres, son los hijos primogénitos los que tienen que sacrificar su educación para solventar las necesidades básicas de sus hermanos menores.

Un siglo y medio atrás, el querido y odiado filósofo y economista alemán, Carlos Marx, sentenció que el sistema capitalista no sólo es, paradójicamente, la semilla de su propia destrucción, sino que también arrasa con todo cuanto encuentra dentro de su seno. Es decir, cuanto más capitalista se desarrolla una sociedad como la nuestra, mayor es el desbarate de las estructuras sociales tradicionales, como el matrimonio. Puede ser que Marx no haya acertado en su análisis dialéctico del comunismo, pero creo que su observación con relación al sistema capitalista y las estructuras sociales tradicionalistas dieron en la llaga del asunto.

Por otra parte, no debe tratarse al divorcio como una tragedia de los valores tradicionales. Al fin y al cabo, como sustenta la conocida feminista y filósofa norteamericana Catherine MacKennon, la institución del matrimonio favorece los intereses del hombre y es la fuente donde él, esencialmente, comete las peores atrocidades contra la mujer, tales como abuso sexual, maltrato emocional, violencia familiar, etc. El ex-esposo de la cantante Jenny Rivera, por ejemplo, utilizó el matrimonio como un artificio social para agredir a su esposa, ultrajarla y abusar sexualmente de sus hijas.

Finalmente, el mérito de una familia feliz no debe medirse por los años de casados, sino por el entendimiento y comprensión que imperan dentro de ella. Si ya no existe felicidad, para qué ser miserables el resto de la vida. Nuestro querido alcalde, cualesquiera hayan sido sus razones, decidió darle otra oportunidad a su vida y a la de su familia. Yo me pongo a su lado, de su esposa y de sus hijos/as.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com.

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