June 8, 2007

Comentario:

Camino a las elecciones

Por Humberto Caspa, Ph.D

Estamos a un poco más de un año de las elecciones presidenciales. Sin embargo, los candidatos al máximo circuito del país ya están poniendo sus mercancías políticas en sus tiendas de campañas para que el votante nacional empiece a decidir por sus preferencias electorales.

El mercado demócrata vislumbra un inusual estado de tranquilidad y de paz, a pesar de que los tres candidatos principales, Hillary Rodham Clinton, Barack Obama y John Edwards, continúan criticándose el uno al otro y dándose algunos golpes bajos.

Mientras que en el mercado republicano, Mitt Rommey, John McCain y Rudolph W. Giuliani, los candidatos más importantes de este partido, ya han hecho notar que van a utilizar sus mejores arsenales políticos, incluyendo en las elecciones primarias, para llevarse la bandera de su partido. En otras palabras, están dispuestos a darse con todo con tal de ser elegido.

La postura de los candidatos republicanos puede ser un arma de doble filo. En todo caso favorecería las perspectivas de victoria de los demócratas. Durante el reciente debate de New Hampshire, todos se abalanzaron contra el presidente George W. Bush por sus decisiones magras en la Guerra de Irak, como si se hubieran puesto de acuerdo.

Empero, Bush no fue el único que sintió el fuego del ataque verbal de los candidatos de su partido, sino que también a John McCain lo pusieron en la silla de los acusados. Su pecado fue apoyar la reforma migratoria. El tono beligerante fue dominado por Tom Tancredo, quien es conocido por su actitud ultra-conservadora y su intolerancia a los inmigrantes indocumentados. “Nos estamos convirtiendo en un país bilingüe, y eso no es bueno”, dijo.

En un debate anterior, la polémica republicana se desató contra el ex alcalde Rudolph Giuliani y también contra McCain. Los dos fueron censurados por su liberalismo en algunas temáticas sociales. En esa oportunidad Mitt Ronney, favorito entre los conservadores ultras, cuestionó el conservadurismo de estos dos candidatos, criti-cando a Giuliani especialmente por su falta de valores morales. Recordemos que Giuliani se casó muchas veces y sostuvo amoríos fuera de su matrimonio.

Mientras tanto, en el debate de los demócratas, las críticas estuvieron al orden del día, pero los candidatos se enfrentaron de una manera más tranquila y menos belicosa. Los comentarios de los candidatos nunca conllevaron a la discordia política. Barack Obama, por ejemplo, increpó contra Edwards y Clinton por su indecisión en la Guerra de Irak, pero trató de no provocar polémica. “Yo me opuse a esa guerra desde el principio”, dijo Obama. Por su parte, Edwards se disculpó públicamente por haber votado por la guerra. A su vez, Hillary R. Clinton prefirió responder de una manera calculadora, cerciorando que inicialmente apoyó a la guerra en Irak debido a que, en ese momento, era la acción más coherente. “No me arrepiento”, dijo “pero de haber tenido mejor información, hubiera votado de otra manera”, sentenció.

Así, los más críticos de los demócratas quisieron romper el clima de pasividad de la contienda demócrata. Durante el proceso electoral de las elecciones de 2004, Dennis J. Kucinich había tomado el papel antagónico durante los debates electorales, creando animosidad y peleas entre uno y otro candidato. Esta vez demostró una actitud reservada. El gobernador Hill Richardson, por su parte, a pesar de que le hubiese convenido entrar dentro de la polémica, prefirió no hacer uso de la negatividad política para ganar puntos.

Tal parece que los demócratas tienen una coyuntura favorable para las elecciones de 2008. No existen figuras politizantes que crean división. Parece que todos están de acuerdo que lo más importante –gane quien gane— es apoyar a la figura de su partido. Hillary Clinton puede resultar la favorecida con esta estrategia; llegaría con un esquema político intacto a las elecciones de 2008.

Lo contrario sucede con los Republicanos. Tienen a políticos, como Tancredo y Ronney, que ya han logrado manipular la agenda de su partido con un tono ultra-conservador con relación al tema migratorio y los valores familiares, respectivamente.

El ganador del partido Republicano habrá librado una batalla campal con sus correligionarios para ser elegido. Esto, por supuesto, tendría resultados negativos en la recta final de las elecciones de 2008. Al parecer, el papel de los demócratas y republicanos empieza a revertirse.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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