July 20, 2007

Comentario:

La Iglesia Católica requiere cambios

Por Humberto Caspa, Ph.D

El reciente acuerdo de la Iglesia Católica de pagar $774,000 millones de dólares a 570 fieles religiosos en el Condado de Los Ángeles soluciona una parte del problema, no la encara del todo.

Los abusos de sacerdotes contra miembros de la comunidad católica se mantiene latente debido a que la Iglesia se niega a promover cambios estructurales y de sistema en el Vaticano. Nadie niega que los recientes problemas de abuso sexual residen en el individuo (sacerdote), pero en el fondo son cuestiones estructurales serias. Dichos problemas se encuentran en el voto de castidad y en el celibato. Mientras estos artificios religiosos funcionen, los problemas en la Iglesia Católica continuarán.

Desde su inicio, la Iglesia Católica ha mantenido que el individuo –en el proceso de su realización y búsqueda de felicidad en la tierra— tiene dos caminos a seguir. Por un lado, el camino de la familia. Es decir, aquella compuesta por el papá, la mamá y los hijos. Y por el otro, el camino de la sociedad o la “gran” familia de Dios. Esta última es ejemplificada por la vida comunitaria de Jesús de Nazaret.

No fue Jesús quien institucionalizó la castidad y el celibato en la Iglesia Católica, sino fue una ordenanza del papado en Roma durante el periodo medieval. De haber sido lo contrario, todas las iglesias de denominación cristiana estarían practicando la abstinencia sexual y el celibato. Está claro que no es así. Por tanto son consecuencias de una decisión humana y no de Dios.

Históricamente, estas dos exigencias se instauraron a muy temprana edad de la Iglesia. Cuando se iniciaron, tuvieron bastante éxito durante la Época Feudal debido a que la religión era parte del gobierno político. Muchas familias acaudaladas de la Edad Media recomendaban a sus hijos a tomar parte de la jerarquía católica en Roma porque era honor y un privilegio ser parte de ella.

Este proceso no se detuvo en Europa, sino continuó en América Latina durante el periodo colonial y a inicios de la época republicana. Familias de la aristocracia latinoamericana (gente decente), por ejemplo, buscaron afanosamente que sus hijos emprendieran una carrera religiosa en los seminarios y conventos. Tener un cura o una monja en la familia era un prestigio singular.

El sesgo conservador del periodo Feudal y de las Colonias en América Latina permitieron la práctica de la castidad y el celibato en la Iglesia sin aparentes problemas mayores, aunque hay que destacar que muchas situaciones embarazosas de la Iglesia Católica nunca se pusieron a la luz pública. Sus dirigentes, como en otras organizaciones cerradas, tendían a “lavar los trapos sucios dentro la casa”.

Hoy, las actuales características de nuestra sociedad hacen difícil la tarea de los curas y monjas.

Inicialmente, las leyes religiosas se rigen bajo las leyes del derecho positivo (de la gente) y la ley de los Diez Mandamientos, como antes sucedía. Por eso, hoy la Iglesia Católica del condado de Los Ángeles tiene pagar sus “corruptelas” ante la sociedad. La indemnización es simplemente uno de esos castigos.

Por otra parte, hoy tenemos a una sociedad altamente influenciada por la cultura de Hollywood y a una economía determinada por el capitalismo. Los temas sexuales, de violencia y con un contenido morboso, la moda, belleza, son altamente visibles en la televisión y en la prensa escrita.

Además, existen más libertades en nuestra sociedad que en las de épocas pasadas. En medio de sociedades abiertas como la nuestra, las instituciones religiosas que promueven la castidad y el celibato, se encuentran dentro de un panorama lleno de contradicciones. Los sacerdotes y monjas tienen que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener sus votos “profesionales” intactos. Para la mayoría de esta gente es una lucha constante, interminable y contra la corriente. Muchos sacerdotes lamentablemente caen en las tentaciones carnales, el abuso sexual y otros vicios de la sociedad.

Así, el acuerdo entre la Iglesia Católica y los afectados sexuales sólo maquilla el problema; no la soluciona totalmente.

Mientras el sistema del celibato y la castidad continúen intactos y las reglas para los sacerdotes se mantengan inflexibles, los problemas sexuales estarán a flote. El Vaticano necesita auto-reflexionar en torno estos problemas.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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