July 20, 2007

Comentario:

Antiinmigrantes reciclan viejos argumentos

Por Eduardo Stanley

Aunque la propuesta de reforma a la ley de migración fue eliminada el jueves 28 de junio en el Senado de Estados Unidos, el debate continúa.

Los grupos antiinmigrantes lo tomaron como una victoria. Estos grupos han logrado gran visibilidad gracias a la ayuda de “talk shows” radiales en todo el país y decenas de activistas que repiten una y otra vez los mismos argumentos.

El mensaje de esos grupos es simple y fácil de memorizar. Aunque no presentan pruebas de sus argumentos, esto no les preocupa. Mucha gente, entonces, los termina aceptando como verdaderos. El efectivo método de la publicidad.

Uno de los ideólogos del fanatismo de derecha, Victor Hanson, escribe en su columna semanal nacional, que la razón del fracaso de la propuesta migratoria fue “la oposición del pueblo norteamericano” a la misma porque, entre otras cosas, “proveía una amnistía a los indocumentados”.

Hanson intenta, una vez más, confundir al público.

¿De dónde saca que los estadounidenses se oponían a dicha propuesta? ¿O que la misma era una “amnistía” para millones de indocu-mentados?

Naturalmente, no presenta pruebas.

Por el contrario, de acuerdo a una reciente encuesta, existe un alto nivel de aceptación por parte de los estadounidenses a posibilitar que quienes viven y trabajan en este país reciban residencia.

En el estudio, los encuestados le otorgaron 8,03 puntos (en una escala de 10) al pronun-ciamiento “el sistema de inmigración del país está roto”. También consideraron (6,9 puntos) que “construyendo más muros no parará el flujo de inmigrantes a los Estados Unidos”.

La mayoría apoya una “vía legal a la residencia permanente y eventual ciudadanía que debería estar disponible para todos los inmigrantes que han construido una vida en este país”. Dos terceras partes (66,6 %) de los encuestados estuvieron de acuerdo y solamente uno de cada cuatro personas (26 %) estuvo en desacuerdo.

Respecto a “mantener la unidad familiar debe ser una prioridad en nuestras políticas de inmigración” recibió 7,74 puntos.

El estudio fue realizado por la organización Comité de Servicios de los Amigos Americanos (AFSC) entre el 24 de mayo y el 16 de junio del 2007 y 1,200 personas fueron entrevistadas telefónicamente (la encuesta completa se encuentra en www.afsc.org/immigration-survey).

Sin duda, los grupos antiinmigrantes hacen mucho ruido y son hábiles al manipular en su mensaje las fuentes de sus argumentos, pero de ahí a pretender hablar en nombre del pueblo estadounidense es otra cosa.

Lo mismo podría decirse de que la ya mencionada propuesta de ley era “una amnistía”. En realidad, estaba lejos de serlo. Los autores de esta propuesta de ley (se-nadores de ambos partidos y la Casa Blanca) hicieron buen trabajo en no dejar lugar a dudas de que su intención era regular el mercado de trabajo, la mano de obra —no legalizar a millones de inmigrantes.

La propuesta fue atacada por los conser-vadores porque su intención es no hacer ni siquiera concesiones mínimas y exigentes que ningún indocumentado obtenga una regu-larización. Esta situación es considerada “poco práctica” por el presidente Bush.

Pero es importante destacar que en este constante ataque a los inmigrantes la percepción juega un papel importante para convencer al público de argumentos que lleven una intención política oculta.

Es por esto que nunca hay pruebas.

Por ejemplo, “los inmigrantes reciben más de lo que aportan a la economía”. Si fuera cierto, la economía hubiera colapsado hace ya decenas de años. Carece de lógica. Cualquier estudio serio de economía política puede probar lo contrario.

“Los inmigrantes indocumentados pagan menos impuestos de lo que reciben en ayuda”... No existe reporte alguno del IRS (Internal Revenue Service, la agencia federal re-caudadora de impuestos) sobre lo que pagan los indocumentados y lo que reciben.

En economía, el aporte económico de un sector social no se mide por los impuestos (un pago porcentual de los ingresos individuales destinados a gastos e inversiones de utilidad comunitaria) sino por su productividad.

Y de esto no quieren hablar los grupos antiinmigrantes. Ni quienes niegan derechos laborales a los trabajadores, pues en definitiva eso es lo que son los inmigrantes, trabajadores. La categoría de “indocumentado” tiene una connotación adicional de ilegalidad, infractores de la ley y, además, de raza e idioma diferente.

Hanson y otros ideólogos de la confusión no están interesados en argumentos, encuestas y datos precisos, porque su misión es, precisamente, ocultar cualquier información que permita conocer el funcionamiento de la economía y de la sociedad.

El debate migratorio es complejo, emocional. La polarización que ha generado es casi explosiva. Pero mientras la derecha se mantiene unida en su rechazo a cualquier posibilidad de concesiones a los indocu-mentados, los defensores de los derechos de los inmigrantes están lejos de estar unidos.

El mensaje conservador, simple, fácil y repetitivo, se impone en un mercado receptivo a esta clase de contenidos. Sumado a una “oposición” débil de los Demócratas, que no quieren agitar las aguas un año antes de las elecciones presidenciales.

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