July 13, 2007

Comentario:

Las leyes

Por José R. Uzal

Las leyes están hechas para aquellos que no tienen amigos. A simple vista este dictamen parece ser cínico pero en realidad no lo es. Estados Unidos es un país de leyes, no de hombres. La ley, ciega y balanceada, nos permite a todos gozar de los mismos privilegios y tener las mismas obligaciones. En principio no importa si alguien es rico, pobre, hombre, mujer o de que raza sea, que tenga amigos o no; la ley nos debe proteger y nos debe castigar tomando en cuenta solo los hechos.

Vivimos en una nación donde hay un balance de poderes que por 231 años ha impedido que lleguemos a tener una dictadura o una plutocracia. Las leyes crean el ambiente que permite la superación personal sin miedo y sin barreras arbitrarias establecidas por los intereses creados. Las leyes y su cumplimiento son la base de esta gran nación. Nuestro sistema legal crea la estabilidad social, política y económica que buscan millones de seres humanos en el mundo entero. Los inmigrantes buscan la seguridad de la justicia como base al triunfo económico.

Si pensamos que nuestra sociedad está en decadencia, no encontraremos evidencia al efecto en la moda, la música, las relaciones personales o en las perversiones disponibles. La evidencia de nuestra decadencia como sociedad y como sistema de gobierno es aparente en nuestro sistema judicial.

Se le perdonan los crimenes a miembros del partido en el poder, pero se le niega el perdón a miles de indocumentados cuyo solo crimen fue cruzar una frontera buscando trabajo y libertad. La población penal minoritaria no refleja el perfil demográfico de la nación. La ley aumenta el número de infracciones consideradas delitos mayores. Como resultado millones de minorías pierden el derecho al voto. El concepto de criminales juveniles se pierde al juzgar a menores como adultos. Políticas extremistas controlan a los fiscales y nombran a jueces. Nuevas leyes establecen, y algunos casos, elimina precedentes que nos han protegido nuestras libertades por cientos de años.

La pena de muerte se le aplica con mayor frecuencia a las minorías. No es cuestión de debatir si la pena de muerte es justa o no. Mientras las minorías no estén bien representadas en las cortes, mientras el sistema judicial continúe enviando minorías a la cárcel y al patíbulo, en números desproporcionados al total de la población, las ejecuciones continuarán bajo sospecha de injusticia.

Las grandes empresas reciben la protección de las cortes bajo las leyes que gobiernan las bancarrotas. Los individuos, muchos agobiados por deudas médicas, tienen que enfrentarse a una ley de bancarrotas que les niega el tradicional borrón y cuenta nueva.

Errar es humano y perdonar es divino. Pero divino es solo Dios. El perdonar a nuestros correligionarios no es un acto de divinidad; es un acto de conveniencia. Todos los Presidentes tienen el poder absoluto del perdón, pero del que llegó a la Casa Blanca prometiendo restaurar la decencia y la moralidad, se esperaba más.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes. 561-310-5333

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