January 26, 2007

Comentario:

Dulces amarguras del Oscar y la política

Por Humberto Caspa, Ph.D

Fue un martes lleno de contradicciones para la población latina y latina-estadounidense. Hubo de todo: Felicidad, llanto, coraje, pesadumbre, maldición, etc. En pocas palabras, lo del martes fue una escena viva del tridimensionalismo del director cinematográfico Alejandro Iñárritu. Se juntaron tres eventos y compaginaron un drama inconsolable de la vida real.

Mientras Alejandro Iñárritu, Penélope Cruz, Adriana Barraza y Guillermo Arriaga eran nominados con un Oscar por la academia cinematográfica, 700 personas eran aprehendidas por una redada sistemática conducida por agentes migratorios. Ya por la noche, como si nada hubiera ocurrido, el Presidente norteamericano nuevamente se lució ante las cámaras de televisión, haciendo notar su sortija política que le retribuyó muchos votos de la población latino-estadounidense durante las elecciones pasadas. “Necesitamos una reforma migratoria completa,” dijo.

Paradójico pero real, diría Iñárritu de los sucesos acontecidos el martes. No se necesitó de la cámara de este prodigioso director mexicano, ni el libreto de Arriaga, o la actuación sensacional de Barraza, para conocer el desarrollo conmovedor de la historia de los inmigrantes latinoamericanos. El argumento de la vida de esta gente está allí, en plena luz del día.

“Mi hijo iba a trabajar,” contó apesadumbrada una madre de familia a las cámaras de Telemundo tres semanas atrás. “La policía lo detuvo, le pedió sus documentos de inmigración y, como no tenía, se lo llevaron al retén policial de la ciudad de Costa Mesa.” El muchacho terminó, como sucedió con uno de los personajes (Adriana Barraza) de la película Babel, en Tijuana.

Las autoridades de inmigración no concedieron al joven el derecho de defenderse en una corte federal. Es decir, presentarse ante un juez con un representante jurídico (abogado) por los cargos que le imputaban. Este derecho está suscrito en la Constitución, exactamente en la 5ta y 14ta Enmienda de las leyes de los derechos individuales (Bill of Rights). Estas dos leyes prohíben que el gobierno federal o estatal nieguen a una persona el derecho a su vida, libertad o propiedad sin un “proceso de legal” (Due Process of Law).

El gobierno local de Costa Mesa y un agente migratorio, que hoy se encuentra trabajando dentro del sistema de cárceles de esta ciudad, actuaron discriminadamente y contra los derechos de la Constitución.

Ese mismo agravio afectará a muchas de las 700 personas que fueron apresadas por las autoridades de inmigración en diversas ciudades de California. Es probable que unos cuantos tengas penas pendientes con las leyes norteamericanas, pero está claro que la mayoría son gente trabajadora, con estabilidad financiera y sobretodo con hijos e hijas norteamericanas.

¿Quién cuidará de estos niños y adolescentes cuándo sus padres sean deportados? ¿Quiénes se harán responsables de su salubridad económica, cuidado y educación? ¿Cuál es el futuro de estos jóvenes?

Según las autoridades policiales y de inmigración, las redadas permiten apresar a individuos con historiales criminales, desalojando de la sociedad y de la comunidad a personas mal vivientes que atentan contra la seguridad de la gente.

Sin embargo, las consecuencias reales de las redadas son más negativas que positivas. Aparte de apresar a mucha gente inocente, dejan desamparados a los dependientes de las personas que son apresadas y deportadas. Los niños y adolescentes se convierten en victimas directas de la irracionalidad de los procedimientos internos del servicio de migración. Muchos de ellos, al no tener el control familiar ni el amparo de sus padres, se tornan en presas fáciles de los grupos delictivos, pandillas, narcotraficantes y, en el caso de las mujeres, de la prostitución.

En este sentido, el presidente Bush está en lo cierto. Se necesita una reforma migratoria completa y general que favorezca a las personas indocumentadas que ya echaron raíces en este país. Las autoridades migratorias tienen que entender de una vez por todas que a una familia no se la deshace con la brutalidad de su fuerza y sus procedimientos ilógicos.

Muchos de los apresados volverán. Ya sea por el desierto, cruzando por el Río Bravo, mostrando documentos subrepticios, o de cualquier otra forma ilícita, pero humana. Esta gente ya no es simplemente latinoamericana, sino que tiene el alma encarnada en este país. Por eso yo los llamo Latino-estadounidenses.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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