January 12, 2007

Comentario:

Morir Sin Ciudadania

Por Alejandro Alvarado Bremer

El apoyo hispano a la guerra en Irak se desvanece, como ha ocurrido en el resto de la sociedad estadounidense, aunque en mayor medida, decepcionados por los resultados de la misión militar que se lleva a cabo en esa nación de oriente medio.

Así lo revela una nueva encuesta del Centro Hispano Pew, mientras que muchos de los que combaten en Irak son hispanos sin la ciudadanía estadounidense y en algunos casos, como los mexicanos, sin la ciudadanía mexicana. Cuando mueren o antes de cumplir el año en el servicio militar son ciudadanos de ningún país.

Que la misión militar pierde apoyo, es natural. Estados Unidos, el ejército más poderoso y mejor preparado del mundo, no ha podido con una guerrilla urbana extraordinaria y con un país sumido plenamente en una guerra civil. La ejecución de Saddam vino a polarizar aun más las cosas y vaya usted a saber cuándo y cómo terminará este conflicto. Nadie lo sabe a ciencia cierta.

De ahí que el apoyo se extinga y no será nada raro que los pronósticos de reclutamiento de las fuerzas armadas estadounidense se queden cortos una vez más.

Según datos del Pentágono, que me fueron enviados a mediados del año pasado, en las fuerzas armadas estadounidenses hay unos 126 mil hispanos, esto es, un 10 por ciento del total. Los planes del Departamento de Defensa (DOD) son que los hispanos en las fuerzas armadas se equiparen al número de latinos en la sociedad, es decir un 14 por ciento.

Los más exitosos en ese cometido son los Infantes de Marina (los famosos Marines), los menos, la Fuerza Aérea, unidad que tiende a ser más selectiva. Para aumentar el número de hispanos y de otros orígenes étnicos en las fuerzas castrenses, la actual administración modificó las leyes migratorias cuando iniciaba la guerra y un residente puede obtener la ciudadanía estadounidense después de haber cumplido un año de servicio militar. Antes eran 3 años.

Muchos residentes documentados se han incorporado a las fuerzas armadas. Algunos, sin documentos, también lo han hecho y, como en el caso del soldado Juan Escalante, recibieron la ciudadanía por su valor en el frente de batalla. La mayoría de estos jóvenes que se alistan lo hacen porque no tienen muchas opciones, como bien lo dicen los doctores Jorge Mariscal y Rodolfo Acuña. Pero también, la mayoría tienen un sentido patriótico. A pesar de no ser ciudadanos estadounidenses, muchos de ellos están dispuestos a sacrificarse por su familia y un país adoptivo que les ha abierto oportunidades, aunque sea por la vía militar.

Pero en lugar de recompensárseles inmediatamente, se les soborna con la promesa de la ciudadanía. Los que mueren, si son residentes legales o por sus méritos, la recibirán por la vía póstuma. Si son indocumentados, morirán sin ciudadanía, como es el caso de los mexicanos. Al 5 de abril del año pasado, 32 mexicanos habían muerto, el 34 por ciento del total de los caídos en las operaciones “Iraqi Freedom” y “Enduring Freedom” (Afganistán). Doce no habían recibido la ciudadanía póstuma (Fuente: DOD).

La Constitución mexicana establece que si un ciudadano mexicano (esto es, un nacional mayor de 18 años con un modo honesto de vivir) sirve en las fuerzas armadas de otro país sin autorización del Congreso, deja de ser ciudadano mexicano. México no aprobó esta guerra. El individuo no pierde la nacionalidad pero sí la ciudadanía (en México, a diferencia de Estados Unidos, se manejan los dos conceptos).

Los mexicanos que hoy están en las fuerzas armadas estadounidenses y no han cumplido el año para recibir la ciudadanía estadounidense, pierden los derechos que tienen los ciudadanos mexicanos (votar, ser elegidos en cargos de representación, trabajar para el gobierno de México en posiciones públicas reservadas a los ciudadanos). Viven, en ese sentido, en un limbo legal y con sus derechos coartados. Quizás no les importe, pero en algunas entrevistas que sostuve con soldados mexicanos en el Army, ellos mantienen un sentimiento nacionalista y no tenían la más mínima idea de que al incorporarse dejaban de ser ciudadanos mexicanos. Alguien debe decírselos.

Alejandro Alvarado Bremer Autor de “Mexicanos Al Grito de Guerra. Inmi-grantes en el Ejército de Estados Unidos”. Plaza y Janes, 2005.

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