January 12, 2007

Tratando de inspirar a todos
Una historia verdadera llega a la pantalla grande en Freedom Writers

Por Jose Daniel Bort

Investigar las diferencias raciales en el cine de hoy en día ha probado ser una interesante apuesta para el “establecimiento” de escritores en Hollywood. Siempre se terminará la conversación con “Crash”, la película que ganó el Oscar el año pasado, pero hay una lista grande de cintas que intentan abordar el mismo tema, y sus créditos implican lo más granado del pedigrí Hollywoodense.

A este grupo pertenece “Freedom Writers”, que a pesar de que tiene excelentes intenciones, la resolución de la cinta es una cuerda de cabos sueltos que nunca terminan de ponerse juntos. Concebida por Richard LaGravenese, quien tiene una impresionante lista de créditos como único escritor (The Fisher King, Bridges of Madison County, The mirror has two faces, Beloved), la película nunca consigue un tono especifico para contar la historia y a pesar de momentos muy emocionales y facilistas, el resto es un desastre.

Erin Gruwell (personaje de la vida real) comienza su carrera como escritora en la recientemente integrada Wilson High School de Long Beach. Este experimento ha hecho que la escuela haya perdido todos sus buenos estudiantes, sustituyéndolos por gangas de grupos sectorizados racialmente. Erin tiene que enfrentar la tensión social desde el primer momento de su experiencia, cuando una pelea entre estudiantes augura las condiciones de trabajo.


April Lee Hernandez (izq.) como Eva e Hilary Swank (der.) como Erin Gruwell en "Freedom Writers”. Foto: Jaimie Trueblood.

Hillary Swank, como la profesora, no tiene miedo de jugar con el personaje y hacerlo lo más inadecuado posible. Se siente que su Miss G. está a punto de perder el control todo el tiempo, esto permite una tensión dramática interesante. Una secuencia en la que los estudiantes sueltan la careta y se sinceran ante los otros con respecto a la intensa presión que sienten al ir a la escuela galvaniza esta tensión. Se hacen buenas preguntas que son muy difíciles de responder.

Pero todo esto se diluye de inmediato con subtramas inacabadas y un concurso de lágrimas para enfatizar los momentos dramáticos que compiten con la versión más oscura del Derecho de nacer. Al parecer el epitome en la historia para todos los personajes ocurre cuando la lagrimita cae por la mejilla, un recurso tan barato que rompe todo lo que se ha construido.

También se siente una gran indecisión por parte del autor con respecto a los elementos que incluyó en la edición final (si el fue el que la terminó). Los primeros veinte minutos rondan alrededor de un collar de perlas que la protagonista insiste en llevar a la prepa que luego queda completamente diluido en la trama.

El problema es que Lagravenese empieza a contar demasiadas historias y no se concentra en los problemas originales de la pieza. La secuencia mas emotiva le pertenece a la joven actriz latina April Lee Hernández, quien decide decir la verdad a pesar de que traiciona a los suyos. Hernández tiene una carrera por delante como actriz si aprovecha sus oportunidades.

Lo peor es el final, una premisa tomada casi al final de la película y que deja profundamente insatisfecho al espectador. Había una buena película en esta historia, pero el director no supo encontrarla.

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