January 05, 2007

Comentario:

Secretos del Diamante

Por Dr. Humberto Caspa

Esta semana, en uno de los tazones de fútbol americano, un jugador de la universidad de Boise State, Ian Johnson, le pidió la mano a su amante en pleno partido y ante las cámaras de televisión. Se arrodilló y le ofreció un anillo de matrimonio. Johnson no es el único “loco” enamorado. Muchos pretendientes expresan su secreto amoroso con un pedazo de diamante. ¿Qué secretos guarda este brillante?

El diamante, dice el Pequeño Larousse Ilustrado, “es una piedra preciosa compuesta de carbono puro cristalizado... y es el más duro de los minerales naturales”. Muchos diccionarios, como el Larousse, indican poco con relación al proceso social que vislumbra del diamante. No nos dicen a detalle por qué los precios de esta gema u otras piedras preciosas son tan elevados. O, por qué la gente hace barbaridades con tal de tener unos cuantos quilates en sus manos.

Los vendedores de joyas son muy mecánicos a la hora de explicar los secretos del diamante. Su vocabulario es más de negocios y no vislumbra el secreto existente en su entorno. Se limitan a explicar, por ejemplo, que el diamante está evaluado en cuatro elementos fundamentales: su tamaño, corte, claridad y color. Es decir, cuanto más grande, mejor corte, con menos impurezas y de un color cristalino, mayor es su precio.

La película Diamantes Sangrientos, protagonizada por Leonardo Di Caprio, es mucho más ilustrativa y más analítica que la explicación de los joyeros y negociantes de diamantes. Por lo menos en esta película se puede apreciar el costo social que implica la sustracción de este mineral precioso en uno de los ríos del continente Africano.

Mucha gente muere y sufre calamidades en el proceso de encontrar un pedazo de diamante. Los niños son explotados infernalmente –al punto de ser esclavizados— por un puñado de hombres cegados por el poder y la codicia del dinero. Las mujeres son violadas y en muchos casos convertidas en objetos personales. Muchos hombres son puestos a trabajos rigurosos sin compensaciones ni beneficios sociales a cambio.

Sin embargo, el libreto de Diamante Sangrientos se limita a ilustrar esas iniquidades y otras falacias de la gente. No nos explica el secreto que buscamos: ¿Por qué el diamante vale tanto?

Tampoco podía ser de otra manera. No se puede exigir a un director de Hollywood o a un actor de la talla de Di Caprio reflexionar sobre un tema enteramente económico y muy complicado. Una película de este tipo sería muy aburrida, no obtendría el éxito taquillero y no conseguiría, como los diamantes, las ganancias esperadas.

En este sentido, no es tanto, como mucha gente sostiene, la rareza del diamante la que produce precios estrafalarios. Por el contrario, es el trabajo real, vivo, del ser humano el que produce y reproduce el valor de éste y otros objetos. Por cierto, la rareza del diamante, la competencia del mercado y otros factores económicos son también elementos a considerar, pero no son la esencia del problema.

La esencia del valor del diamante y de otros objetos es el trabajo humano. Cuanto más fuerza de trabajo es elaborado en una actividad particular o en la producción de una cosa, mucho más es el valor de esa actividad y la creación de ese producto, respectivamente.

La película Diamantes Ensangrentados es muy sensible con este tema. Varias empresas europeas y norteamericanas invierten dinero y energía laboral en el negocio de la joyas. Muchos africanos mueren en el proceso de encontrar un pedazo de diamante. La fuerza de trabajo no desaparece con el difunto, sino que se queda incrustado en el objeto (diamante) existente. Por eso esta piedra preciosa vale tanto.

Si hubiese diamantes en cantidad, como las piedras en los ríos, no tendría ningún valor. Entonces no costaría un centavo obtenerla.

Así, el valor del diamante no es tanto por lo que brilla sino por lo que implica conseguirlo. Hay muchas piedras preciosas creadas en laboratorio que tienen más brillo y son mucho más bonitas, pero llegada la hora del matrimonio, a muchos nos gusta expresarnos con un diamante en la mano.

A Ian Jonson y aquellos hombres enamorados no les culpo por elegir un pedazo de brillante. Al final en nuestro frente está un “diamante” radiante, en pleno apogeo natural.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

Letters to the Editor Return to the Frontpage