Febuary 23, 2007

Comentario:

Despidiendo al soldado Ryan

Por Humberto Caspa, Ph.D

La guerra adquiere un significado aparte cuando se tiene a un ser querido al frente de un pelotón, batallando con grupos insurgentes sunitas, chiítas o efectivos terroristas de Al Qaida. Por eso las palabras de quienes tienen un familiar en Irak, aunque no son necesariamente las más o menos coherentes, tienen un poder singular, y son más subjetivas que objetivas.

Hoy escribo esta columna desde el mundo de la subjetividad, es decir desde el fondo de mi corazón.

En Marzo, un muchacho, a quién he visto crecer desde su infancia se va a la guerra de Irak. Según me comentó Ryan (su apellido lo mantengo en el anonimato), él no está entre el grupo de 21,500 nuevos conscriptos que el Presidente George W. Bush ha ordenado que se hagan presentes en la línea de combate.

Su nombre había sido postergado varias veces por diversas razones desde el año pasado, pero hoy ya es una realidad que en unas semanas estará vistiendo la fatiga y las botas de combate, el casco antibalas, la mochila llena de municiones colgada en su espalda y también estará portando un fusil automático en su hombro.

Mientras llega ese día fatídico, la próxima semana Ryan estará de viaje a Springfield, Missouri, su ciudad natal, donde sus familiares lo esperan afligidos por su nuevo destino. Supongo que todos estarán prestos a demostrarle su apoyo en una campaña que Ryan nunca lo ha buscado. “Voy allá por que cumplo órdenes militares”, me dijo.

Que yo sepa, Ryan no es el primero de enlistarse a las fuerzas armadas norteamericanas, tiene a una hermana y algunos primos en la naval, mientras que su tío Robert, que en paz descanse, estuvo vinculado a los marinos de Camp Pendleton, San Diego, por unos cuantos años.

Empero, ninguno de ellos ha participado directamente en un conflicto bélico. Tampoco va a ser Ryan el primero en experimentarlo. Su abuelo Stanley defendió los colores de su patria durante la Segunda Guerra Mundial.

En esos tiempos, el objetivo de la guerra era muy claro para su abuelo. Evitar el dominio del régimen fascista de Hitler que ya había dominado a los vecinos de Alemania y empezaba a expandir sus fuerzas hacia la ex Unión Soviética y a Gran Bretaña. Durante esos años ya empezaba a escucharse los horrores del Holocausto, en donde más de 6 millones de judíos fueron exterminados en los campos de concentración.

En consecuencia los familiares de Stanley, incluyendo a sus esposa Georgia, y el país entero siempre estuvieron apoyando su valentía y la de sus compañeros.

Ryan, por el contrario, no tiene claro si la misión que se le estará encomendando en el campo de batalla tenga el valor suficiente como para entregar su vida.

Por una parte, el objetivo norteamericano en Irak no es muy claro. Aparentemente las fuerzas militares estadounidenses están allá porque se pensó que el régimen de Sadam Husein tenía o estaba a punto de conseguir un arsenal de armas letales y estaba en proceso de fabricar ojivas nucleares. Como nada de lo anterior pudo comprobarse, la Casa Blanca cambió de objetivo.

Durante unos meses, el presidente Bush estuvo insinuando que se podía crear un régimen democrático en Irak. El gobierno estadounidense gastó billones de dólares en ese cometido. Se enviaron intelectuales y administradores con experiencia a Irak para edificar un sistema democrático. Luego se convocó elecciones y en poco tiempo los iraquíes emprendían la difícil tarea de elegir a sus nuevos líderes en medio de bombas que explotaban por doquier y ante un ataque de Al Qaida que día a día aterrorizaba más a la gente.

Al final, todo está peor que cómo empezó. No hay bombas letales en Irak, tampoco hay democracia, ni siguiera un sistema autoritario que evidentemente amparaba a sus deleznables dirigentes, pero, paradójicamente, también protegía a un movimiento fundamentalista que quiere convertir a ese país en la cuna del irracionalismo mundial, dominado por la fe y unos clérigos demagogos que dicen ser profetas de Alá.

De todos modos, el camino de Ryan está sentado. Él se va a Irak muy pronto. Su familia, el pueblo norteamericano, y yo especialmente todavía seguimos tratando de encontrar una respuesta valedera a su marcha.

Mi única esperanza es que él la encuentre una vez estando en la guerra. Mucha suerte Ryan.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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