February 23, 2007

Desmenuzando el cubo de Rubik de la mente

El Numero 23 juega con teorías de conspiración

Por Jose Daniel Bort

Cualquiera que tenga de cerca a una persona con desordenes obsesivos-compulsivos puede entender el mayor predicamento en que esta metido el individuo. Prácticamente sin posibilidad de autocontrol, la mente persiste en comportamiento irracional que lascera la piel hasta ver los tuétanos del hueso del afligido, sin importar cuanto dolor se sufra.

Esta condición es muchas veces inevitable y no responde a fuerzas exteriores. Pero ¿que sucedería si esta misma condición se impone en la mente a través de la sugestión personal? ¿Qué tal si un libro te explica tu futuro a través de las facultades místicas y míticas del numero 23?

Esta es la premisa de la nueva película de Jim Carrey, quien cuenta con el veterano director Joel Schumacher a su lado para contar una historia que comienza con sentido y, tal como el tema que narra, se pierde en la confusión de su sus múltiples derivaciones.

Carrey is Walter Sparrow, un hombre que le cae en las manos un libro que finalmente empieza a darle “sentido” a su vida. Mediante connotaciones del número en cuestión, Walter empieza a descubrir que su vida tiene paralelismos concretos con el protagonista Fingerling, un detective que es el cliché viviente del ojo privado cinematográfico,

Aquí es donde la historia empieza a rascarse a si misma. Walter empieza a imaginarse capítulos completos del libro en su propia vida. De esta forma, su esposa Agatha (Virginia Madsen) se convierte en la pelinegra Fabrizia, una femme fatale lista para arrancarle la vida de un zarpazo en el menor descuido. La factura de estos reenactos es bastante dudosa, producida manequiadamente estilo Hollywood dentro de un estudio e incrédula hasta para el amante mas acérrimo del cine negro pulposo.

Schumacher siempre se ha preciado por saltar de un género a otro y hacer una película completamente diferente de la anterior. Usualmente entre salto y salto el director producía una película decente, pero con esta el salto atrás es gigantesco. La anterior, la versión cinematográfica de “El fantasma de la Opera” es una de las mas ininspiradas versiones de un musical en los últimos tiempos.

Carrey ha demostrado su talento otras veces y aquí trata demasiado de sacar el jugo al limón desinflado. Se siente que el conflicto del protagonista, que debe ser completamente creído por la audiencia para seguir su viaje, esta tan alejado de la realidad que pareciera que estuviésemos viendo una película dentro de una película. Es un paso atrás para las carreras de ambos creadores, metidos hasta el cuello en una idea que nunca termino de cuajar.

Por otro lado, el mismo genero de esta película corre el riesgo de gastarse a si mismo, de la misma forma como ocurrió a principios de los ochentas. Favorecido por el público en este momento, los estudios se sienten obligados a llenar una cuota que muchas veces se llena con películas que no están listas. Parece que Neptuno se dejo de comer a sus propios hijos para devorarse a si mismo.

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