Febuary 9, 2007

Comentario:

Un Pérez cualquiera

Por José R.Uzal

No hay experiencia que defina más al hombre que cambiar de cultura. Nadie abandona su tierra natal a menos que encuentre motivaciones básicas y poderosas como querer comer o no querer morir. Raramente son más del 10% de cualquier sociedad los que se van. El 90% se queda y se enfrenta al hambre y la muerte antes que abandonar su patria. No es cuestión de ser mejor o peor, es ser diferente. Es estar dispuesto a pagar el precio del destierro. El emigrante abandona sus prerrogativas generacionales, sus amigos de la infancia, sus costumbres, sus comidas típicas y su familia. Cambian todo por la esperanza de una vida mejor o simplemente para sobrevivir.

Estados Unidos se jacta erróneamente de ser un país de inmigrantes, la realidad es que es un país para inmigrantes. Nuestra sociedad ha dependido de la inmigración desde su comienzo. Los descendientes, de las grandes oleadas de emigrantes europeos en el siglo antepasado, son los que hoy gobiernan esta gran nación. La primera generación trabajaba callaba y moría. Los hispanos rompieron ese patrón y llegaron a la clase gubernamental en la primera generación, hecho que ha causado parte de la presente crisis migratoria. Las poderosas esferas que tienen el poder deducen, correctamente, que siguiendo este nuevo patrón podemos esperar que un Pérez cualquiera llegue a la presidencia de Estados Unidos en este siglo.

Cosas más horribles han sucedido. Estados Unidos es una nación básicamente protestante. En 1960, John F, Kennedy fue el primer católico que llegó a la presidencia. Es cierto que le costó la vida y no ha vuelto a haber un católico en la Casa Blanca, pero ese es otro análisis. A pesar de la retórica al respecto, el Vaticano no se apoderó de EE.UU., la unión americana siguió ganando fuerza y nuestra historia se nutrió de diversidad. Cuando un Pérez llegue a la presidencia sucederá lo mismo. Porque el Pérez que llegue a la presidencia hablará un “poquito de español” y habrá sido educado en las mejores universidades de la nación y estará totalmente imbuido del credo americano.

El abuelo de Pérez fue el que abandonó sus prerrogativas generacionales, sus amigos de la infancia, sus costumbres, sus comidas típicas y su familia. El abuelo fue el que sufrió el cambio de cultura, el que cambio todo por la esperanza de una vida mejor o simplemente para sobrevivir. El abuelo nunca se imaginó que Pérez llegaría a ser presidente de EE.UU.

Ahora bien, lo justo sería que un afro americano o una mujer fueran presidentes antes que un Pérez. Como los hispanos somos una cultura y no una raza como pretende el Buró del Censo es probable que Pérez pudiera ser una negra hispana, lo cual aceleraría el proceso.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal, en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.

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