February 2, 2007

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Escala Móvil de Miserias

Hace medio millón de años, cuando muchos de los activistas de hoy del movimiento migratorio éramos jóvenes, la izquierda mexicana comprometida y envuelta en el movimiento obrero sindical levantaba una demanda que sonaba a sueño: la escala móvil de salarios.

En español simple, la idea era que los salarios aumentaran por lo menos lo mismo que aumentara la inflación cada año. Hoy, acá en Mexico del Norte, esa vieja demanda de la izquierda se conoce como “compensación por el costo de la vida”, y es una prestación de la que disfrutan cientos de miles de trabajadores, especialmente los de los gobiernos federales, municipales y estatales.

Para los demás, y entre “los demás” entran la absoluta mayoría de los trabajadores inmigrantes latinos, que por lo general no han tenido mucho chance de volverse burócratas, esto no sucede. De perdida ahí están todos los indocumentados, a menos que alguno se las haya ingeniado para que lo contrate algún gobierno sin tener papeles.

O que alguno se las haya ingeniado para volverse político electo de este lado, en cuyo caso disfruta de una enorme suma de compensación por el costo de la vida. Cada dos o tres años, los regidores de los ayuntamientos y los representantes y senadores estatales se autovotan generosos aumentos de salario, por aquello de que trabajan harto para representar a quienes los eligieron a sus puestos.

Pero este año también le toca un aumento a “los demás”. A nivel federal, entre las iniciativas de ley que los Demócratas metieron al Congreso en sus famosas cien horas de reforma, está un aumento al salario mínimo general. Lo metieron, pero no lo han sacado. Es decir, que lograron la aprobación en la Casa de Representantes, pero (por lo menos hasta el momento de esta redacción), estaba trabado en el Senado.

 

Sorry, te toca en tres años

La bronca con el tal aumento de salarios es que en este país la revisión salarial es bien cristiana: sucede cada que Dios quiere. Allá en México del Sur es obligatoria cada año, pero acá llevan diez años sin aumento al salario mínimo.

Y allá los sindicatos revisan también salarios cada año en sus contratos colectivos de trabajo, pero de este lado tampoco es así. Cada sindicato establece contratos colectivos de dos, tres, cuatro o cinco años, dependiendo de que tan flojos o débiles son, y de qué tanto les cuentan los méndigos abogados que a final de cuentas son los mayores ganadores porque cobran de a 200 y 300 dólares por hora de asesoría. Por lo general, se pactan aumentos de salario de diez centavos este año, 8 el próximo, diez más el tercero y otros 8 el cuarto año.

En fin, que el aumento de salario mínimo propuesto y no aprobado aunque los Demócratas tengan mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso, va a meter en problemas a más de un sindicato.

Por ley (cuando se apruebe), los trabajadores que ganen menos del nuevo salario mínimo recibirán un aumento que los empate. Pero no hay ninguna ley que diga que a la siguiente categoría le tengan que aumentar. Es decir, que al que gane 6 dólares le va a tocar ganar 7, pero al que ya gane 7 le va a tocar pura manga, porque se va a quedar con sus siete.

Si la revisión del contrato colectivo va a suceder este año, pues se podrá buscar un mejor aumento, pero si toca dentro de tres años, pues ya se fregaron.

Así que volvemos a lo de la escala móvil de salarios. En teoría, habría que hacernos nuestra propia “canasta básica”, al estilo México, incluyendo chiles, tortillas y una que otra hamburguesa de vez en cuando, más leche, huevo, calefacción y gasolina. El porcentaje de aumento de precios a estos productos cada año, debe ser el mismo que haya de aumento de salarios, en vez de esperarse al aumento al mínimo cada diez años, o en vez de andar pactando 8 y diez centavitos por año en los contratos colectivos.

Es simple. Y es terriblemente complicado.

Es simple porque solamente hay que vigilar la inflación, y si aumenta un diez por ciento, pues el salario aumentaría un diez por ciento.

Y es terriblemente complicado, porque los patrones no se van a dejar. La idea del capitalismo es ganar cada vez más, no lo mismo, y a ningún patrón le gustaría estancarse para siempre en su mismo nivel de ganancias.

Pero a nosotros tampoco nos gusta, y mucho menos queremos cada vez ganar menos, como sucede actualmente.

Así que ya sabe. Si tiene sindicato, póngase las pilas. Comience a hacer su canasta básica, y comience a organizarse con sus compas en la chamba, antes de que el aumento al salario mínimo lo meta en una escala móvil de pobreza.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Return to the Frontpage