Febuary 2, 2007

Comentario:

Guerra contra la droga

Por Humberto Caspa, Ph.D

Los síntomas de la campaña contra el crimen organizado se siente más en tierras norteamericanas que en México, donde el gobierno de Felipe Calderón inició una guerra sin cuartel contra los capos de la droga.

No podía ser de otra manera. Como ya no hay un cartel dominante ni en Colombia, ni en México, ni tampoco existe un grupo organizado que domine la distribución de estas substancias peligrosas en las zonas metropolitanas de Estados Unidos –principales objetivos mercantiles de la droga latinoamericana—, el problema se torna más difícil.

Durante la década de 1980, cuando el “crack”, derivado de la cocaína, fue introducido al mercado norteamericano por el legendario narcotraficante colombiano, Pablo Escobar, los grupos pandilleriles de Los Ángeles y de otras metrópolis estadounidenses surgieron como organizaciones idóneas para la distribución de la droga.

Asimismo, Escobar supo utilizar a los recién iniciados carteles mexicanos como “busetas” de trasporte o como “coyotes” de su mercancía.

Su producto tenía un objetivo principal: acaparar el mercado metropolitano de Estados Unidos. Los ojos de Escobar se centraron en ciudades como Los Ángeles, donde estrellas de la talla de Whitney Houston o Robert Downey Jr. estaban prestos a desembolzar una buena lana con tal de conseguir un gramito de cocaína. El ahora célebre senador de Illinois, Barack Obama, dijo que probó un gajito de “hierba” mientras estudiaba en el Occidental College. Otros jóvenes como él también tuvieron la locura de experimentar los efectos embriagantes de la cocaína y se pusieron, en consecuencia, al servicio del mundo ilícito de las drogas.

Durante esa misma década (1980), los “Crips” empezaron a dominar el submundo de las pandillas de la zona central de Los Ángeles. Inicialmente sus líderes, Raymond Washington y Stanley Tookie Williams, quisieron convertirse en héroes sociales de sus vecindades, pero cuando el “crack” irrumpió en el mercado estadounidense, los Crips se convirtieron en enemigos de la sociedad.

Con el poder de las drogas en sus manos, el liderazgo de los Crips sintió la necesidad imperiosa de expandir sus áreas de distribución a otras zonas aledañas de Los Ángeles. Inmediatamente empezaron a destruir a otros grupos pandilleriles de esta ciudad a través de acuerdos internos o por medio de la fuerza.

Muy pronto los Crips se convirtieron en amos y señores de la distribución de la droga de Escobar en el Condado de Los Ángeles.

Sin embargo, este proceso de expansión contrajo serios enfrentamientos con otros grupos pandilleriles de la zona conurbana de Los Ángeles, quienes nunca habían sucumbido totalmente a la fuerza de los Crips. Los “Pirus”, los “Lueders Park Hustlers”, los “Brims” y los “Bishops”, entre otros grupos, se habían unido años atrás para conformar una organización uniforme y sólida llamada los “Bloods”.

Los enfrentamiento entre Crips y Bloods llevó a la ciudad de Los Ángeles a un periodo trágico de matanzas durante la segunda mitad de la década de los 70s y especialmente durante la década de los 80s. A pesar de que Tookie Williams, jefe de los Crips, llamó a una tregua, la violencia no simplemente continuó, sino también se incrementó. En los próximos años otros grupos pandilleriles más san-guinarios, como la Marasalvatrucha (MS-13), entraron en la contienda de las pandillas.

A diferencia de la década de los 1980, no existe hoy en el país un solo grupo que domine la distribución de las drogas. Actualmente la competencia es diaria. Las pandillas están dispuestas a defender sus áreas de dominio con su propia sangre.

Los recientes enfrentamientos y matanzas de gente inocente en el Condado de Los Ángeles, son consecuencias directas de la estratificación de grupos delictivos (pandillas).

Mientras el Presidente George W. Bush está concentrado en una guerra en Irak que no funciona, los vecinos de las zonas metropolitanas infestadas por pandillas piden a gritos una guerra contra la droga. Las escuelas intermedias y de “High School” en algunas zonas de Los Ángeles están, lamentablemente, contaminadas por pandilleros.

¿Dónde está el “Zar” de la droga? Es tiempo que el gobierno del Bush encare el problema del pandillerismo y las drogas desde sus raíces. La guerra contra la droga requiere de un esfuerzo multinacional, y especialmente de la ubicación de recursos económicos del gobierno en zonas afectadas por el crimen organizado. Es tiempo de reiniciar una tarea contra los males sociales de la droga.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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