February 2, 2007

Lula y Calderón chocan en Davos

Igual que su antecesor, el presidente mexicano regaña a presidentes y países latinoamericanos que no están de acuerdo con él (y Washington)

Por Eduardo Stanley

Durante el Foro Económico Mundial de Davos, el pasado viernes 26 de enero, el presidente mexicano tuvo oportunidad de hablar ante un concurrido y selecto auditorio. Pero, para su sorpresa, recibió una firme respuesta del presidente de Brasil.

Este cruce, si bien no fue violento, deja claro que existen serias diferencias entre el norte y el sur de América, sobre qué tipo de sociedad se quiere diseñar y cuál es el rumbo económico que deberían im-plementar los países del continente.

Todo empezó cuando Felipe Calderón criticó los “prejuicios” contra el libre comercio que impidieron la concreción del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), las expropiaciones ocurridas en Venezuela, Bolivia y Argentina y las “dictaduras personales vitalicias”.

Aunque Calderón no mencionó los nombres de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, la referencia a ellos fue clara.

Luiz Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil, le respondió reivindicando el bloque sudamericano, y en particular habló de aquellos presidentes llamándolos por su nombre.

De Chávez, el brasileño señaló que fue electo tres veces democráticamente y dijo que si alguien tiene miedo porque Evo Morales quiere nacionalizar el gas debe entender que sus recursos naturales son la única riqueza que tiene Bolivia.

Lula y Calderón participaron juntos de la sesión plenaria “América Latina amplía sus horizontes”. También le contestó a Calderón el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, diciendo que la negativa al libre comercio no es asunto de prejuicios, y dio por muerto el ALCA.

Este proyecto, impulsado por Estados Unidos en 1994 durante la Cumbre Iberoamericana de Miami, supone la implementación de un acuerdo de libre comercio en todo el continente. Y aunque a primera vista parezca aceptable, líderes regionales y estudiosos de la economía argumentan que los países con poco desarrollo económico no podrían competir en condiciones de igualdad con otros más desarrollados, como Estados Unidos. Y por lo tanto abrir sus fronteras significaría que dichos países serían ‘arrasados’ por las corporaciones provenientes del norte.

De acuerdo a Calderón, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, firmado en 1994, ha dado frutos en su país. Según cómo se mire, esta afirmación es correcta. Pero no han desaparecido los niveles de pobreza en México y la migración masiva de mexicanos empobrecidos a Estados Unidos en una prueba de ello. Los índices económicos que se dan a publicidad reflejan las operaciones de las empresas cuyas ganancias casi nunca benefician al conjunto de la sociedad.

Este debate Libre Comercio contra Economía Socialmente Orientada se expresó crudamente durante la Cumbre de las Américas, celebrado en Mar del Plata (Argentina), en el 2005. El entonces presidente mexicano, Vicente Fox, se convirtió en el vocero del ALCA contra viento y marea. Enfrente, casi toda América del Sur.

Miles de personas marcharon entonces contra la presencia del presidente norteamericano George Bush y el ALCA. La polarización del debate llegó a niveles insospechados gracias a la torpeza de los comentarios de Fox y las respuestas de Hugo Chávez, quien llamó a su homólogo mexicano “Cachorro del imperio”. Fox regresó a su país con las manos vacías y con menos amigos que antes‹algo común con Fox en materia de relaciones exteriores.

Al llegar Felipe Calderón a la presidencia, después de unas elecciones controversiales realizadas el pasado 2 de Julio 2006, y con un margen de 0.5 de los votos, estableció como una de sus prioridades mejorar las relaciones con América Latina. Esta política no solo tiene por objetivo reparar las malas relaciones creadas por la administración Fox sino también porque, de acuerdo a algunos comentaristas mexicanos, responde a los intereses de Washington.

De ser así, se confirmaría la imagen de México como Caballo de Troya de Estados Unidos para establecer su dominio en un continente que parece mas bién crítico y hasta opuesto a Washington. El comportamiento de Calderón en Davos parecía confirmar esta percepción.

Porque Calderón no solo “regañó” a países sudamericanos que no adhieren a su filosofía politico-social, sino que afirmó que ellos no ofrecen la seguridad que las corporaciones extranjeras necesitan para invertir en el continente.

Salvo México, claro.

Bonito ejemplo de solidaridad latinoamericanista que el propio presidente Calderón dijo sentir cuando asumió su administración. Y aunque aún no se conocen reacciones por parte de los países criticados, es seguro que éstos han tomado nota de los comentarios de Calderón y, tarde o temprano, se los cobrarán. No es para menos. Sus comentarios tuvieron un fuerte tono paternalista y de arrogancia solamente visto en representantes del gobierno norteamericano.

¿Sabrá Calderón a qué país representa? ¿O quiere robarle a su antecessor el papel de “cachorro del imperio”? Por cierto no le queda nada mal.

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