December 21, 2007

La magia de la Navidad

Por Dagoberto Márquez

Con excepción de las fiestas patrias septembrinas, cuando México se viste de luces, colores, olores, sabores, mujeres guapísimas, música vernácula y miles y miles de lentejuelas, no existe otra época más hermosa para nosotros los mexicanos que la época navideña, la que vivimos ahora pues con ella recordamos el advenimiento del Niño Jesús, el hijo de la Virgen María y de San José aquí en la Tierra, el hijo unigénito de Dios Nuestro Señor, el padre de todos nosotros. Esta época, recordada y celebrada por prácticamente todo el mundo, nos llena de alegría, atenuando la tristeza que por muy diversos motivos ensombrece a veces nuestra vida, haciendo más pasadera la existencia porque recordar que hubo un Niño cuyo propósito fue la paz del mundo y que su nacimiento fue largamente anunciado, nos digna a la paz y a la reconciliación así haya gente que, tonta y torpe, se empecina generalmente en lastimarnos o en desunirnos.

Esta época, mágica de alguna manera y linda por diversas razones invita a la celebración, a la expresión y a la manifestación de buenos deseos, a la reflexión, a la reflexión profunda, a la aceptación de cosas que de otra forma no son por todos adoptadas pues existe la percepción de una cierta pérdida de valores. Sin embargo, la llegada de la Navidad es como el renuevo de la esperanza entre las personas, cosa importantísima para la gente dado que la buena fe no es un asunto generalizado ni observado en todo el planeta.

Estimado lector, Fina lectora, la Navidad es un acontecimiento, uno bello y hermoso porque llena de alegría a las personas y el sólo hecho de que eso sea de esa forma es ya un asunto importantísimo, sobre todo en una época marcada por la hostilidad internacional la cual deriva de algunos detonantes y diversos factores. La Navidad es un acontecimiento único en el mundo porque nos recuerda el nacimiento del Hijo de Dios y esto lo saben y lo respetan hasta en las religiones antagónicas a la nuestra. Esta celebración la recordamos y conmemoramos la noche del día 24 de diciembre pues es con la Nochebuena cuando inicia la Navidad, la cual se advierte durante todo el día 25. De esta forma y así sea en medio de severos fríos, la calidez humana y la buena voluntad de la gente se abre paso para el abrazo fraterno, para el perdón de los agravios y para la reconciliación entre hermanos y familiares, un signo de buena fe y de buena voluntad valiosísimo en el mundo.

Por eso, a celebrar la Navidad y a hacerlo bien y bonito, agradablemente y en algarabía, en compañía de los que más podamos y queremos, en compañía de los que más estimamos indistintamente de que haya ocasiones en que no todos podemos estar juntos ni reunidos, respetando y recordando siempre que no es con excesos como debemos manifestar nuestra alegría. Recordando también que la Navidad es una celebración santa, santísima porque a diferencia de la Semana Mayor que es cuando recordamos la crucifixión de Jesucristo, la Navidad evoca su nacimiento, su venida al mundo, la alegría y la fe por la vida, por la vida humana y la del planeta, un asunto de suyo religioso pero vital en todos los órdenes que convoca a la fortaleza del espíritu.

Por esa y por muchas otras razones la Navidad es magia, magia buena y bonita, una ocasión para querer mucho a los que nos rodean sobresaliendo en esto nuestros viejos, nuestros jóvenes y nuestros niños, un asunto de suyo prodigioso porque la Navidad, indistintamente de que la celebremos sólo una vez al año, nos indica que un Niño existe y que éste es digno de adoración verdadera pues fue Él quien por voluntad del Padre Nuestro vino a darnos luz y alegría, sabiduría y consejo, aliento y fe para nuestra vida.

Por eso, por esta razón linda y verdadera, porque la Navidad es un parteaguas así como un momento para la paz y para la reflexión inclusive hasta en las guerras, al margen de tristezas, de sobresaltos, de malos humores así como de sombras que podamos llevar en la vida, porque la magia de la Navidad sí existe en el mundo, con mucho cariño, a nombre propio, con humildad así como a nombre de mi familia: ¡ Feliz Navidad a todos, y hasta pronto amigas y amigos!

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