December 21, 2007

Obispos se Hacen Eco del Llamado Urgente del Papa a Trabajar por el Desarmamiento Nuclear y el Cuidado Ambiental

WASHINGTON – El Papa Benedicto XVI eligió el desarmamiento nuclear y la preocupación medioambiental como los temas principales de su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el próximo 1 de enero de 2008. El mensaje, que este año lleva por título “Familia humana, comunidad de paz”, se dio a conocer al público el 11 de diciembre.

“La llamada urgente del Papa Benedicto XVI a que las naciones muestren “una determinación más firme de cara al desmantelamiento progresivo y concordado de las armas nucleares existentes” debería ser una de las preocupaciones principales y prioritarias para los ciudadanos del mundo”, dijo el Cardenal Francis George, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. “La preocupación del Santo Padre por el medio ambiente también es de capital importancia”.

El Papa Benedicto señala la importancia de la familia natural en este campo. “La familia es la primera e insustituible educadora de la paz”, dice el Papa en su mensaje, “no ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia”. La familia es de vital importancia para el mantenimiento de la paz en la sociedad, dice, “porque permite tener experiencias determinantes de paz”. El Papa afirma que “quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal “agencia de paz”.

Otro punto importante es el cuidado del medio ambiente. “Un ámbito en el que sería particularmente necesario intensificar el diálogo entre las Naciones es el de la gestión de los recursos energéticos del planeta”, dice el Papa. “Se plantea una doble urgencia para los países tecnológicamente avanzados: por un lado, hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energía y mejorar la eficiencia energética”. Y continúa diciendo que “Los países emergentes tienen hambre de energía, pero a veces esta hambre se sacía a costa de los países pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnología, se ven obligados a mal vender los recursos energéticos que tienen”. Las consecuencias políticas y sociales de esto preocupan al Pontífice, quien afirma que “A veces, su misma libertad política queda en entredicho con formas de protectorado o, en todo caso, de acondicionamiento que se muestran claramente humillantes”.

Las desigualdades económicas entre las naciones preocupan igualmente al Papa. “Es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se dan a los países pobres han de responder a criterios de una sana lógica económica, evitando derroches que, en definitiva, sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocrático”. La lógica del mercado debe estar sujeta a exigencias morales básicas, afirma el pontífice. “Se ha de tener también debidamente en cuenta la exigencia moral de procurar que la organización económica no responda sólo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que pueden resultar inhumanas”.

El Papa resaltó igualmente la importancia de unas normas morales básicas contenidas en la ley natural. “Para alcanzar la paz se necesita una ley común, que ayude a la libertad a ser realmente ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y que proteja al débil del abuso del más fuerte. En la familia de los pueblos se dan muchos comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones de los Estados entre sí. Tampoco faltan tantas situaciones en las que el débil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia, sino a la fuerza bruta de quien tiene más recursos que él. Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto tiene que ocurrir también en las relaciones entre Estados soberanos”.

El Pontífice señala que el conocimiento de la norma moral natural no es imposible para el hombre, pues “aunque sea con perplejidades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, al menos en sus líneas esenciales, esta ley moral común que, por encima de las diferencias culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos sobre los aspectos más importantes del bien y del mal, de lo que es justo o injusto. Es indispensable remontarse hasta esta ley fundamental empleando en esta búsqueda nuestras mejores energías intelectuales, sin dejarnos desanimar por los equívocos o las tergiversaciones”.

El Cardenal George urgió a todas las personas, en nombre de los Obispos Católicos de EE.UU., a que “lean cuidadosamente el mensaje del Papa”. El mensaje “expresa claramente que cada uno de nosotros, como personas y como nación, tiene la responsabilidad de trabajar por la paz, la cual comienza en la casa y se expresa tanto en la manera en que nos tratamos unos a otros como en la forma en que usamos todos los recursos de la tierra”, dijo el Cardenal.

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