December 7, 2007

Comentario:

Las repercusiones del voto venezolano

Por Humberto Caspa, Ph.D

“El poder político finalmente descansa sobre la ciudadanía”, nos dice Nicolás Maquiavelo en su obra seminal El Príncipe.

De esa manera sucedió durante la Época de Oro de los griegos, cuando Perícles se convirtió en la figura emblemática de la democracia. Lo mismo ocurrió en el reinado de los romanos y después con los ingleses, y especialmente durante el periodo epopéyico de la Revolución Francesa.

La ciudadanía venezolana siguió los mismos pasos y le dijo claramente a su presidente, Hugo Chávez, que la democracia funciona desde abajo, en las universidades, en las villas y villorrios de la ciudad, y en las zonas rurales; allí donde se proponen los cambios a través del voto, las manifestaciones sociales e incluso la revolución y la guerra.

Cuando el pueblo se para erguido y dice no al abuso, al líder simplemente le corresponde obedecer o, de lo contrario, se convierte en un tirano vil y autoritario. Chávez no quiso ser un tirano despreciado y aceptó su derrota.

En este sentido, el pueblo normalmente delega las funciones de gobierno a sus líderes electos. Por cuestiones de política y por la falta de recursos humanos y económicos, la población mayoritaria a menudo permite que algunos grupos de interés, particularmente a las facciones económicas, dominen o politicen el poder del Estado (gobierno) a través del cabildeo político y otras formas política indemocráticas pero legitimadas por el sistema.

Al final, el pueblo, el que da la pauta a sus líderes de cómo, hasta que instancias, y la forma que le gustaría ser gobernado por sus líderes.

Hugo Chávez y su partido socialista lo entendieron de esa manera. A pesar de su carácter histriónico en el gobierno, de sus arrebatos triviales y algunas veces infantiles con diversos mandatarios de estado, particularmente con el presidente norteamericano y sus aliados “capitalistas”, el presidente Chávez supo reconocer el dictamen final de su pueblo. Los venezolanos, al fin de cuentas, no quieren un régimen autoritario de la izquierda, ni mucho menos de la derecha. Estos dos tipos de gobierno, por muy populares que sean, se contraponen a las reglas de la democracia pluralista de ese país y América Latina.

La diferencia de los resultados en el plebiscito del domingo fue mínima. La oposición de Chávez logró aproximadamente 51% de la votación, mientras que el gobierno adquirió 49%. Recordemos que el presidente Chávez utilizó todo el aparato estatal para llevarse la victoria, incluyendo a enmiendas constitucionales populistas y de último momento, como la reducción de las horas de trabajo, utilización de recursos económicos en los estratos sociales más afectados por la pobreza. Todos esos argumentos fueron vanos, sirvieron sólo para polarizar a una nación bendecida por el petróleo y le dieron a la oposición el gas necesario para instrumentar un frente cohesivo que, desde hoy, tendrá al presidente Chávez contra la cruz y la espada.

Lo interesante del plebiscito del domingo –más allá de la victoria de la oposición— es que su resultado transcenderá más allá de las fronteras venezolanas. El gobierno de Chávez, se había convertido en una alternativa diferente a las políticas salvajes del neoliberalismo económico norteamericano, difundidos en América Latina desde la presidencia de Ronald Reagan a inicios de la década de 1980. El gobierno de Evo Morales en Bolivia se unió a la vanguardia chapista por necesidades políticas que económicas, los mismo hicieron los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador y recientemente el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. A pesar de que estos tres gobernantes latinoamericanos coinciden ideológicamente con el proyecto socialista de Chávez, no parecen estar de acuerdo en cerrar totalmente las puertas al eje neoliberal hegemonizado Estados Unidos.

Por lo tanto, la victoria de la oposición en Venezuela le da una oportunidad idónea al frente centrista y moderado de América Latina compuesto por los líderes de Brasil, “Lula” da Silva, la nueva presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y la mandataria chilena Michelle Bachelet.

En el plano interno de Venezuela, por primera vez, el gobierno de Chávez enfrenta a una oposición legitimada por la victoria. En los años que viene, hasta las próximas elecciones, ya no va a poder manipular el gobierno a sus anchas. Desde hoy tiene a un pueblo que le estará controlando desde las calles, las universidades y las nuevas ánforas políticas que acaba de reabrir el plebiscito.

El pueblo venezolano nuevamente abre sus ventanas al amanecer democrático y hacen palidecer el brillo de los gobiernos populistas en América Latina.

Dr. Humberto Caspa es profesor adjunto en la Universidad Estatal de California, Long Beach. E-mail: hcletters@netzero.com.

Letters to the Editor Return to the Frontpage