August 31, 2007

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

Elvira se fue

O se la llevaron, más bien.

Y tres inmigrantes murieron mientras estaban en un centro de detención de la Migra. Con ellos, suben a más de 60 los inmigrantes muertos en centros de detención de la Migra.

A Elvira se la llevaron, la sacaron de su santuario en Chicago.

Entre los tres muertos había una mujer embarazada y con SIDA, que perdió la conciencia en El Paso, Texas, y cuya condición empeoró en su traslado a San Pedro, California.

Elvira se fue o se la llevaron, que como dice la canción, no es lo mismo pero para efectos prácticos es exactamente igual.

Otro de los muertos era un brasileño, quien a pesar de que su familia le rogó a la Migra que le dieran medicinas para evitar ataques epilépticos en Rhode Island, falleció a falta de éstas.

Elvira está en México, donde dice que tiene varias ofertas de trabajo, y desde donde promete que continuará la lucha por los inmigrantes indocumentados que siguen en Estados Unidos.

Rosa Isela Contreras Domínguez, la mujer embarazada, tenía 38 años. Los otros dos muertos en el proceso de deportación, Edmar Alves Araujo, tenían 34 y 23 años. La tercera se llamaba Victoria y también se apellidaba Arellano, y también era mexicana.

Elvira se vio con su hijo Saúl en Tijuana, y a pesar de que siempre dijo que lo que quería era que no la separaran de su hijo, terminó por dejarlo volver a Estados Unidos con una guardián, y ella se fue al DF y a Michoacán.

En Nueva Jersey, la Procuradora de Justicia Anne Milgram le ordenó a las autoridades locales que le cheque el expediente a todos los inmigrantes detenidos por algún crimen, para averiguar si son indocumentados. Si lo son, serán puestos a disposición de la Migra. La Migra le da la bienvenida al anuncio, diciendo que “les alegra esta nueva cooperación”.

En México, Elvira dice que va a seguir peleando por los inmigrantes. “Para mi, la lucha no ha terminado. El pueblo se ha levantado, necesita una ley justa y humana. Voy a seguir protestando en contra de las redadas deportaciones y separación de familias; mientras yo pueda hablar no habrá nadie que pueda callar mi voz”.

 

Acá siguen 12 millones

  En Kentucky, un juez encarceló a 17 inmigrantes sin derecho a fianza por infracciones de tránsito, y el procurador del estado, Demócrata por cierto, le ordenó a la policía que les checara también el expediente.

En Michoacán, Elvira declara que tiene el apoyo “unánime de todos los partidos, esto no es de ningún partido sino de todos los que están dispuestos a luchar para que se respete a nuestro México y que no se nos trate como criminales”.

En Carolina del Norte, la Migra lleva a cabo una redada en horas tempranas de la madrugada, en un campo de “trailas”, como le llaman los migrantes a las casas tráiler. Se lleva a 28, de las comunidades de Saint Paul (o San pedro, como lo conocen los migrantes), y de Lumberton. La mayoría son trabajadores de la planta de carne Smithfield, y son reconocidos como organizadores de la comunidad y del Sindicato de Carniceros y Empleados Comerciales. La Migra obliga a las madres detenidas a dejar a sus hijos con alguien más.

En México, la Secretaría de Relaciones Exteriores dice que “hizo todo lo que pudo” (lo cual no quiere decir que hizo todo lo que debió hacer, que conste), en el caso de Elvira Arellano. Prácticamente le da carpetazo al caso, aunque reconoce que se violó la Convención de Viena el deportar a Elvira por la vía rápida, sin asesoría consular.

En Washington, la Migra admite que tiene un presupuesto de 98 millones de dólares al año para proporcionar “un ambiente humano y seguro a cerca de 30 mil detenidos”, pero que de todas formas se les han muerto 62 personas bajo custodia desde el 2004. Un juez completa el reporte, indicando que los derechos de quienes piden asilo político tampoco se respetan, y que se les dificulta el acceso a abogados, teléfonos y material legal. El Departamento de Estado dice que apelará la decisión del juez, que los obliga a asilar a los salvadoreños, porque la guerra se acabó hace diez años”.

En México, Elvira logra que una –una sola- 1 – senadora, entienda má o menos la bronca. María Teresa Ortuño Gurza llama a los congresistas gringos a establecer un marco legal definido para los migrantes, dejando clara la diferencia entre una falta administrativa, como la falta de documentos, y un delito. Al parecer, la lucha de Elvira por lo menos sirvió para abandonar la idea de que “México no debe meterse en asuntos internos de Estados Unidos”.

¡Bravo, Elvira!

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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