August 24, 2007

Comentario:

La tragedia del caso Arellano

Por Humberto Caspa, Ph.D

Ante la mirada atónita y el llanto de su pequeño hijo Saúl, los oficiales del servicio de migración detuvieron a Evira Arellano, la arrestaron, inmolaron sus derechos de madre e inmediatamente la pusieron al otro lado de la frontera.

La deportación de la señora Arellano es una verdadera ironía y dice mucho del debate sobre la cuestión migratoria de este país.

Mientras la comunidad latina llora su partida, algunos grupos extremistas de la derecha regocijan y bailan de felicidad. No solamente festejaron la captura de Elvira Arellano y su expulsión del país, sino que también han continuado con su tarea de martirizar a los trabajadores indocumentados y a sus familiares inmediatos a través de la militancia política, el cabildeo y la movilización.

La consigna de estos grupos de la extrema derecha es que cada uno de los inmigrantes, como Elvira Arellano, abandone el país a la fuerza o por su propia voluntad. Como muy pocos trabajadores inmigrantes pagan sus boletos de vuelta a sus países, y raros son los que voluntariamente dejan a sus familiares desamparados, los grupos de extrema derecha, como el Minutemen Project y Save Our State, etc., apuestan por una respuesta del aparato represor del Estado: La policía, oficiales del condado y/o agentes de migración.

En este sentido, el caso Arellano debemos entenderlo desde dos perspectivas. Desde un punto personal es una tragedia nacional e incluso internacional. A esta versión se suman la Iglesia Católica y otros derivados religiosos, la comunidad latina y latina-estadounidense, lo mismo que grupos civiles y organizaciones nolucrativas sociales pro-inmigrantes.

No podemos olvidarnos que nos estamos refiriendo a la separación de Saúl de su madre. Como algunos líderes religiosos sostuvieron varias veces, pudo más la codicia y el egoísmo de unos cuantos que el espíritu solidario de la gente. A los oficiales de migración no les conmovió el llanto de Saulito ni de los clamores de su madre en el momento que fueron separados.

Los oficiales de inmigración prefirieron dar rienda suelta a una ordenanza de deportación que, a pesar de estar apegada a la ley, viola los derechos civiles e individuales del niño. Recordemos que Saúl es norteamericano y tiene derecho, como todo ciudadano de este país, a hacer uso de los beneficios y los males del sistema.

Asimismo, la deportación de Elvira Arellano debe ser entendida también como una tragedia para el Partido Republicano y la gente aferrada a los ideales conservadores. Uno de los lemas comunes de este partido y la gente tradicionalista es velar los valores de la integración familiar. Muchos políticos de este partido han destacado públicamente que el cordón umbilical de la familia debe mantenerse intacto de generación en generación y que las leyes nacionales deben amparar este cometido.

En muchas ocasiones el presidente George W. Bush subrayó ser un defensor acérrimo de la unión de las familias. Sin embargo, en el caso Arellano, no supo mover una pizca de los poderes que le brinda el Estado. Prefirió ver el llanto de Saúl y su madre, que poner fin a un proceso injusto de deportación

Por el contrario, algunos líderes políticos de la derecha se contagiaron por el proceso antiemigrante que domina algunos sectores de la sociedad civil norteamericana y sus instituciones de gobierno. En vez de criticar el acto de deportación, se dedicaron a condonarlo.

En todo caso, el caso de Elvira Arellano nos hace ver que el debate migratorio lo están ganando los activistas políticos de la extrema derecha. Su deportación es una consecuencia directa de la movilización masiva y la politización de estos grupos sobre el poder político.

Lamentablemente, el drama de las deportaciones va a continuar en diversas ciudades del país. La agenda antiemigrante es determinada desde la Cámara de Representantes del Congreso, donde existe una facción extremista que está haciendo todo lo posible para implantar una serie de medidas que afecten los intereses de las familias de los trabajadores inmigrantes.

A la comunidad latina y latino-estadounidense sólo le resta organizarse, constituirse políticamente para cambiar este fenómeno anti-inmigrante desde las instituciones democráticas, a través de la movilización social y del voto.

Los latinos y latino-estadounidenses no pueden quedarse con los brazos cruzados y dejar que unos cuantos determinen el futuro de su gente, particularmente de sus hijos. Otro acontecimiento similar al de Arellano y su hijo no debe ocurrir.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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