August 17, 2007

Comentario:

Estafas mediante tarjetas telefónicas

Por Gus West

El debate sobre inmigración enciende pasiones encontradas en todos los rincones de la arena política. 

Pero, con tanto hablar de trabajadores indocumentados, control de la frontera y asimilación, es fácil perder de vista un asunto que es mucho más importante para los más recientes residentes de Estados Unidos: el hecho de que la población inmigrante es un blanco fácil para los estafadores.

Sabemos, por ejemplo, de trabajadores mexicanos que entregan los ahorros de toda una vida a sinvergüenzas, abogados de inmigración inescrupulosos, y los pierden para siempre. Pero una estafa menos conocida involucra algo mucho más sencillo: tarjetas telefónicas fraudulentas para llamadas internacionales.

Y, ya sean las víctimas americanos nativos de estas tierras o inmigrantes recién llegados a estas tierras, deberíamos estar todos de acuerdo en que estafar a los consumidores está mal y que nuestros líderes deberían enjuiciar vigorosamente a los culpables.

Desafortunadamente, eso por ahora no ocurre.

Obviamente, mantenerse en contacto con familiares y amigos en el país natal es una prioridad para los nuevos inmigrantes en los Estados Unidos. Asimismo, como tantos de entre los recién llegados se encuentran en los peldaños más bajos de la escala económica, las tarjetas telefónicas prepagadas representan una opción asequible para aquellos que llaman al exterior.

Efectivamente, un estudio reciente, llevado a cabo por el ex Subsecretario de Comercio, Robert Shapiro, halló que las llamadas internacionales realizadas mediante tarjeta telefónica prepagada cuestan, en promedio, entre un 18 y un 64 por ciento menos que las llamadas realizadas utilizando una línea tradicional en tierra o un teléfono inalámbrico. Para aquellas familias que necesitan cuidar de cada centavo, ello puede significar ahorros de hasta $44 por mes.

Asimismo, las empresas de telecomunicaciones han experimentado un auge en ventas de tarjetas telefónicas prepagadas, ya que el pago por anticipado elimina el riesgo de facturas telefónicas impagas. Y, a medida que la popularidad de las tarjetas telefónicas prepagadas aumenta, el volumen de las llamadas internacionales va subiendo en forma espectacular, saltando, de 200 millones de llamadas en 1980, a 11 mil millones de llamadas en 2004.

Pero, a medida que la cantidad de llamadas internacionales a través de tarjetas telefónicas prepagadas va aumentando, aumenta también la cantidad de comercios deshonestos que intentan estafar a los nuevos inmigrantes. Y, puesto que muchos inmigrantes llegan al país hablando poco inglés y sin conocer el sistema jurídico estadounidense, son blancos fáciles.

No es de sorprender que la estafa más típica consista en quitarles minutos a los con-sumidores: dar publicidad a determinada cantidad de minutos, pero proporcionar una cantidad mucho menor de minutos reales.

Con frecuencia, los consumidores ni siquiera se dan cuenta de que han sido estafados, porque las instrucciones telefónicas dictadas por la compañía emisora de la tarjeta telefónica reflejan lo que publicitaron. Después de todo, a menos que esté uno mirando el reloj, es difícil diferenciar entre 25 minutos y 30.

Puesto que este delito está raramente sujeto a enjuiciamiento y se puede cometer con gran facilidad, se ha vuelto escandalosamente frecuente.

Un estudio reciente, llevado a cabo por una empresa independiente de investigación, reveló que cuatro de las compañías más importantes de tarjetas telefónicas prepagadas reducen hasta por la mitad los minutos prometidos en la publicidad. En dichas cuatro compañías, el promedio de minutos disponibles solo era, en realidad, un 60 por ciento de la cantidad de minutos prometidos.

Estos resultados coinciden con las investigaciones realizadas por mi organización, el Instituto Hispano. Asimismo, las cifras fueron confirmadas por un auditor independiente.

Estas tarjetas no son tan sólo productos defectuosos. Ciertas empresas están estafando a sabiendas a muchos de los residentes más vulnerables de Estados Unidos. Algunas de dichas compañías llegan a usar tácticas tipo mafia, sobornando a comerciantes ubicados en zonas con alta densidad de inmigrantes, para que vendan tarjetas telefónicas prepagadas ilícitas a cambio de un porcentaje de las ganancias.

Y no estamos hablando de centavos. Los expertos estiman que las tarjetas telefónicas prepagadas fraudulentas roban a los hispanos cerca de un millón de dólares por día. Por otra parte, como con frecuencia aquellos que usan dichas tarjetas carecen de los recursos y la información necesarios para luchar contra estas tretas, este delito continúa cometiéndose sin freno.

Hasta el momento, muy pocos congresistas y fiscales de estados han expresado interés en esta estafa en aumento. Es hora de que se interesen más legisladores, porque nuestros residentes recién llegados se merecen un mejor trato.

Hasta que no se instituya una campaña global contra el fraude, las compañías inescrupulosas continuarán estafando a los consumidores de tarjetas telefónicas pre-pagadas, y los inmigrantes recientes continuarán perdiendo el dinero que duramente han ganado. 

Con toda seguridad, el debate sobre inmigración continuará evocando pasiones intensas a ambos lados del espectro político. Éste es un asunto que debería unirnos a todos.

Gus West es el presidente del Instituto Hispano en Washington, DC.

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