August 17, 2007

Purépechas en Rosarito

Parte II

Por Luis Alonso Pérez

Don Catarino ha sido testigo y protagonista del crecimiento de la comunidad purépecha de Rosarito. Al igual que la mayoría de sus paisanos dejó a su familia en Janitzio al salir por primera vez y regresó tiempo después para llevárselos consigo.

Con el paso de los años algunos de sus parientes cercanos y lejanos migraron hacia Rosarito, donde recibieron su ayuda mientras encontraban casa y trabajo. Estos por lo regular seguían el camino de sus paisanos y se dedicaban a las piñatas y se asentaban en la colonia Constitución.

De esta forma los janitziences tejieron una extensa red de apoyo familiar que reforzaría los lazos consanguíneos de los habitantes de la colonia Constitución y la consolidaría como una comunidad.


El grupo Xanicha se reune para practicar su música y danza tradicional.

Ahora los hijos y nietos de Don Catarino se dedican a la elaboración de piñatas y comparten el trabajo al igual que comparten las labores del hogar, cada uno juega un papel importante en la producción.

Fernando Pedro, hijo mayor de Don Catarino, lleva alrededor de 25 años haciendo piñatas y espera mantener la tradición de generación en generación, continuando con la profesión que le enseñó su padre.

“Para mi, el trabajo de la piñata es una artesanía y me enorgullece como mexicano. Es una tradición que no se debe perder”.

La elaboración de las piñatas es solo una de las tradiciones familiares que se buscan preservar en la familia. Su lengua natal, el purépecha, se habla con regularidad en casa y se escucha en los discos compactos que tocan mientras trabajan.

Sin duda, el mayor esfuerzo por preservar sus costumbres es su participación en el grupo de música y danza que formaron años atrás un grupo de paisanos que añoraban continuar con las tradiciones de su isla.

Cada semana por los últimos tres años el grupo ha practicado su música y danza tradicional. Al principio el grupo tocaba las melodías con una noción de la lectura musical y de la danza muy limitada, intercambiando conocimiento y aportando ideas entre los participantes.

Con el tiempo, el grupo fue creciendo y consolidándose. Apoyos económicos gubernamentales les permitieron comprar instrumentos musicales e indumentaria tradicional. Además comenzaron a recibir clases de música y además incorporaron a las nuevas generaciones de purépechas, en su mayoría nacidos en Rosarito.

Su rápido crecimiento hizo que de un solo grupo se formaran dos: Renacimiento Purépecha y Xanicha, nombre ancestral de Janitzio que significa “unos cuantos” en lengua purépecha.

Cecilio Barajas, guitarrista del grupo Xanicha, recuerda que hace poco tiempo no sabía tocar ningún instrumento, pero las clases recibidas y sus ganas de interpretar la música de sus antepasados lo hicieron levantar la guitarra y dedicarle los lunes por la tarde a los ensayos.

Ahora su hija Gabriela también forma parte del grupo y ha aprendido mucho sobre la danza en muy poco tiempo, lo cual lo hace sentir profundamente orgulloso y a su vez le motiva a continuar.

A Gabriela le llamó la atención el grupo cuando inició tres años atrás. Le gustó la danza, el zapateo y la forma de bailar de las mujeres. Ahora disfruta mucho participar en el grupo y trata de no faltar a los ensayos.

A pesar de ser nativa de Rosarito, Gabriela siente mucho orgullo de participar en el grupo.

“Yo lo hago por gusto, porque me gusta seguir sus tradiciones. Por eso lo bailo con mucho respeto y con mucho orgullo michoacano”.

El grupo con frecuencia participa en festivales artísticos y culturales de Rosarito o Tijuana, pero la representación de su cultura cobra una relevancia especial durante las fiestas tradicionales como navidad, año nuevo y de San Jerónimo, santo patrón de la isla de Janitzio.

Sin lugar a duda la fiesta purépecha más conocida por el resto de los mexicanos es el Día de Muertos, fecha en la que los espíritus de los antepasados regresan a este mundo para convivir con los que aún están aquí.

Tradicionalmente los purépechas de Rosarito viajaban a Janitzio para visitar a sus muertos en el camposanto de la isla, pero con el paso del tiempo el panteón de Rosarito comenzó a ser el destino final de los michoacanos migrantes, de manera que se comenzó a festejar en su nuevo hogar.

Las fiestas tradicionales son más que una simple celebración, ya que cumplen una importante función social de comunicación e integración interfamiliar, lo que con los años ha forjado una comunidad sólida, con sus discrepancias y dificultades como cualquier comunidad en crecimiento, pero una comunidad al fin.

Con cada día que transcurre en la colonia Constitución las familias de Janitzio se adaptan más a una nueva forma de vida, pero a la vez continúan firmes en sus esfuerzos por llevar en alto las tradiciones Purépechas.

Para Don Feliciano Justo Rosarito ya es su hogar y no planea mudarse de regreso a Janitzio.

“Aquí ya está nuestro panteón. Ya definitivamente no pensamos regresar, mas que para visitar a la familia”.

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