August 10, 2007

Editorial invitado:

Hay que responder ante las mentiras

El debate sobre la reforma migratoria reveló una odiosa imagen de resentimiento hacia los inmigrantes indocumentados alimentada por las mentiras repetidas a los gritos por los comentarios radiales y algunos propagandistas escondidos bajo el manto de noticieros, como Lou Dobbs en CNN.

La derrota que sufrió el cambio integral y humano a las leyes migratorias fue el triunfo de una calumnia estruendosa que nunca tuvo una respuesta igualmente fuerte.

Este balance obliga a pensar la estrategia para los próximos pasos hacia una reforma migratoria que contemple la legalización de los millones de familias trabajadoras que desde la sombra de la ilegalidad contribuyen al bienestar de los estadounidenses. Este año, el tema de la reforma migratoria en Washington está muerto a pesar de los intentos de un grupo de senadores republicanos de revivir sólo las cláusulas restrictivas y de las propuestas que merecen ser exitosas, de introducir los proyectos AgJobs y DREAM Act dentro de medidas relativas al presupuesto.

No obstante, la discusión migratoria debe seguir reconociendo que cada vez es peor el sentimiento antiinmigrante a lo largo del país. La Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales estima que este año se presentaron más de 48 proyectos de leyes para restringir la actividad de los indocumentados, mientras que a nivel local se introdujeron más de cien ordenanzas del mismo tono.

Esta tendencia negativa se está agravando desde el fracaso de la reforma ya que las fuerzas antiinmigrantes están capitalizando la frustración con el Congreso federal. Un ejemplo de ello es la ley aprobada en Arizona que prohíbe la contratación de indocumentados y la explicación de la gobernadora demócrata Janet Napolitano para promulgarla.

Por fortuna, los tribunales son por ahora quienes están poniendo las cosas en su lugar, como ocurrió ayer al declararse inconstitucional las ordenanzas contra los indocumentados aprobada en Hazelton, Pennsylvania. Los jueces impiden que se formalice la ilegalidad que se quiere establecer, pero su misión no es ayudar a promover una ley justa.

Esa responsabilidad recae sobre los hombros de la comunidad inmigrante y los latinos. Las marchas fueron impresionantes, la recaudación de firmas mostró que el respaldo y la asistencia a las urnas es clave para el futuro; sin embargo, no hubo una respuesta a las falsedades histéricas promovidas por los locutores conservadores de las radios habladas. Las mentiras repetidas, desde equiparar la ley a una amnistía hasta culpar a los indocumentados de todos los males de la sociedad, no fueron desafiadas al mismo nivel y convencieron a los miles que presionaron a los senadores a rechazar la reforma.

La lección es responder a este medio hablado, nos unimos al esfuerzo para enfrentarlos concretamente y no permitir que se repita lo ocurrido.

Reimprimido de La Opinión.

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