August 3, 2007

Comentario:

El futuro de la Ley No Child Left Behind y el estudiante del idioma inglés

Por Don Soifer

Para quienes trabajan en las políticas públicas y el público lector de la prensa, el actual debate acerca de cuáles son las mejores políticas para la educación norteamericana ha evolucionado hacia el referéndum de una sola vasta ley federal — la “No Child Left Behind” (NCLB, por su sigla en inglés). La decisión acerca del futuro de esta ley, será el asunto educativo más difícil e importante para Washington, en el tiempo que falta para las próximas elecciones nacionales.

Se escucha repetidamente, que una de las áreas de la ley que mayores cambios nece-sita, es la referente a los requisitos de puntaje en exámenes, para los estudiantes en aprendizaje del idioma Inglés. Los Congresistas frecuentemente comentan que este tema es el que más escuchan los educadores y otras personas relacionadas con las escuelas públicas y sus distritos educativos.

De las alternativas propuestas hasta ahora, prácticamente todas resultarían en menor capacidad de medir la responsabilidad sobre los resultados académicos de este importantísimo grupo de estudiantes. Aunque estas alternativas claramente ofrecen algo de alivio en relación a los requisitos históricos de la ley, respecto a los puntajes necesarios en los exámenes, cualquier enfoque que evalúe la responsabilidad en dos niveles, traerá más daño que beneficio a estos estudiantes y a sus posibilidades de éxito en el futuro.

La ley NCLB puso al estudiante que está en su etapa de aprendizaje del inglés bajo el mismo paraguas de la responsabilidad nacional educativa; incluso permitiendo a los niveles estatales, bastante flexibilidad para utilizar un amplio rango de formas especiales de exámenes, que más y más estados han comenzado a utilizar. 

Tal como lo describe un reciente informe del Consejo Nacional de La Raza, “Antes de la ley NCLB…. existía muy poca o ninguna forma de evaluar la responsabilidad por el aprendizaje de estos estudiantes. La mayor parte de los estados, no incluía a los estudiantes en etapa de aprendizaje de inglés dentro de su sistema de evaluación de responsabilidad de resultados”.

Como resultado de ello, los programas de educación bilingüe resultaron convirtiéndose en caminos educativos de segundo nivel. Las materias que se enseñaban en la clase, eran versiones “diluidas” de lo que se enseñaba a los alumnos en el sistema principal de educación. Los estudiantes en las clases de educación bilingüe, tenían más probabilidades de abandonar la escuela, que de aprender el inglés con excelencia. En muchos estados, esta situación aún se mantiene. Sin embargo, los alumnos están aprendiendo a dominar el inglés en números cada vez más altos, en todo el país.

La problemática referente a los estudiantes en etapa de aprender el inglés, en las escuelas públicas de EEUU, frecuentemente es tratada como un problema de inmigración, cuando en realidad, 3 de cada 5 estudiantes han nacido en los EEUU, y 1 de cada 5 son hijos de padre y madre nacidos en los EEUU.

Si las reglas que obligan a evaluar la responsabilidad en el ámbito de la etapa de aprendizaje del inglés se relajan, se estaría sentando la peligrosa base para una nueva forma de segregación, con fondos federales. Las escuelas tendrían que sobre-identificar a los estudiantes de inglés, y mantenerlos en un plano separado, aislados de la posibilidad de evaluar el grado de responsabilidad con el que se logran resultados. Esto incluye incentivos económicos (mayores fondos por estudiantes, para aquellos designados como en etapa de aprendizaje de inglés), así como incentivos en el sistema de exámenes (las notas de los exámenes valdrían poco o nada). 

Antes de la NCLB, bajo la vieja Ley de Educación Bilingüe, los dineros federales financiaban programas enteros donde ni un solo estudiante demostraba avances hacia el dominio del inglés. Las escuelas recibían fondos directamente de Washington, bajo un programa de subsidios por competencia, que ya no existe. El progreso académico generalmente era escaso, y las escuelas practicaban una omisión selectiva, a tiempo de presentar el poco progreso que se lograba. La “Regla del 95 Por ciento” del NCLB, ahora requiere que las escuelas reporten resultados estandarizados de 95% de los exámenes de estudiantes aprendiendo inglés, junto a los otros estudiantes regulares.

En California, donde un tercio de los estudiantes del nivel básico, están aprendiendo inglés, esta tendencia adquiere mayor relevancia. En todo el estado, solamente 9.6% fueron reclasificados exitosamente entre 2005-06. Aunque los totales sean aun alarmantemente bajos, estas cifras demuestran progreso consistente, ya que un 7.7% fueron reasignados con éxito entre 2002-03. Estos 32,000 estudiantes tendrán ahora una probabilidad mucho más alta de graduarse con un diploma de secundaria, con éxito académico y un mejor futuro más allá de la secundaria.

Este principio se mantiene para todos los estudiantes de inglés en el país. Por ejemplo, Florida y New Jersey, que tienen grandes poblaciones aprendiendo inglés, presentan índices de transición de 29 y 32 por ciento, respectivamente; muy por encima de California.

Mientras los encargados de las políticas públicas en Washington discuten el futuro de la ley “No Child Left Behind”, sin duda, reciben presión de los sindicatos de profesores y otros intereses, para que los requisitos se hagan menos rígidos — y las escuelas puedan mostrar resultados. Hacer esto a costa de la gente que está en el proceso de aprendizaje de inglés, significaría un caro retroceso.

Don Soifer es un analista educativo en el Lexington Institute in Arlington, Virginia.

Letters to the Editor Return to the Frontpage