August 3, 2007

¿Hijos malcriados y padres alcahuetes?

¿Hijos independientes y padres tolerantes?

Por: Doctora Luz

Parte 3 de 3

¿Cómo fue que llegamos a esta situación?: Hijos malcriados y padres alcahuetes. Hijos independientes y padres tolerantes. En los capítulos anteriores (correspondientes a la primera y segunda parte), se explicaron los patrones de enseñanza que utilizan los padres en la crianza de sus hijos. De manera breve, recapitularemos lo concerniente al tema pasado, pero nos enfocaremos en otros factores que intervienen en el compor-tamiento de los hijos, como lo son: aspectos culturales, idiosincrasia, costumbres y, sobre todo, la vida familiar en los Estados Unidos.

En las generaciones anteriores, los padres inculcaban obediencia, respeto y temor a los padres, a la autoridad, a los mayores y a Dios; en este sentido, el ser un buen hijo era aquel que se comportaba con buenos modales, sacrificaba, agradecía y se conformaba. Ahora, los padres inculcan valores que promueven el ser independiente, el pensar por sí mismos y cuestionar a quien sea (tanto en la competencia y/o en la preparación) y hacer lo necesario para escalar y triunfar, cueste lo que cueste. Los efectos que tienen los valores que se les inculcan a nuestros hijos, determinan la relación que tendremos con ellos y el trato que van a tener nuestros hijos con el mundo.

Lo ideal es crear hijos interdependientes, pero enfocándolos en la cooperación, en la ayuda al prójimo, el respeto, el ser independiente, creativo; en otras palabras, buscar el balance entre los valores y el ser independiente, sin perder la conexión con los demás.

Otro aspecto  de cómo los padres influyen en el desarrollo de nuestros hijos, se puede vislumbrar a través de cómo respondemos a las necesidades de nuestros hijos y lo que exigimos de nuestros hijos (Baumrind, 1991). Cuando los padres identifican la necesidad de sus hijos y responden de una manera cálida, benefactora, con dirección y límites, ayudarán  a los hijos a conocerse a sí mismos y, de esa manera, podrán regular sus comportamientos y tomarán decisiones correctas por ellos mismos, lo cual les brindará una alta autoestima.  (En este sentido, es necesario que lo antes mencionado nunca llegue a confundirse con el hecho de que al hijo se le da y se le atiende en todo lo que quiere).

El segundo concepto, son las expectativas (reglas y responsabilidades) que los padres tienen acerca de sus hijos y la manera en que se disciplinan los comportamientos -a través de las reglas y castigos-.

Las leyes que protegen a los niños en los Estados Unidos son buenas, pero llega un momento en que los padres sienten que el sistema legal es dueño de sus hijos y no sienten la confianza de poder ejercer su autoridad para disciplinar comportamientos inadecuados. En la mayoría de las culturas la forma de disciplinar es a través de fajazos, cosa que si se le pasa la mano el padre puede ir a la cárcel. No estoy de acuerdo con golpear a los hijos, pero pregunto yo a muchas familias; ¿Saben como disciplinar sin golpes y tener buenos resultados?

Por otra parte, los conflictos culturales se dan porque los valores y costumbres de sus familias son incongruentes con las de la sociedad de los Estados Unidos. Para combatir este conflicto, es importante que los hijos se sientan orgullosos de su cultura y conozcan su historia.

Otro aspecto cultural que puede interferir en la relación entre padres e hijos, se da cuando los padres no dominan el inglés y sus hijos fungen la labor de traductores; esto pone al hijo en una situación de dependencia y de poder. Con el tiempo se divide más la relación padre-hijo porque los hijos empiezan a dominar más el inglés y por ende, la comunicación familiar se pierde o se reduce.

Ahora se complica aún más cuando los hijos sienten vergüenza por su ascendencia, cuando no conocen su historia o bien, se les comunica en la sociedad Anglosajona que ser mexicano es ser un miembro inferior y en contraparte no tienen cerca de ellos una versión que hable de la grandeza y profundidad de nuestras culturas.

Las escuelas en los Estados Unidos carecen de cultura: no enseñan la historia de los Estados Unidos, incluyendo las contribuciones de los chicanos y emigrantes.

A través de mis observaciones, los maestros se la pasan disciplinando a nuestros hijos en lugar de enseñar su materia.

A los maestros les cuesta trabajo ejercer su autoridad porque las leyes protegen a los estudiantes y no saben cómo dirigirse a los jóvenes de diferentes culturas y problemáticas así que terminamos con maestros que responden a las necesidades y exigen poco de sus estudiantes, no tienen muchas reglas, no corrigen, o bien, lo hacen tan sutil que los estudiantes no responden.

Unos maestros terminan sintiéndose vencidos de no lograr hacer la diferencia. Por otro lado unos de nuestros hijos no respetan a los maestros, faltan mucho a la escuela, ya sea por aburrimiento, por no estar académicamente preparados para aprender, el no tener metas académicas, el no tener el respaldo familiar, en otras palabras: el no tener motivación. Lo triste es que esto se convierte en un círculo vicioso, tanto para el maestro como el estudiante.

La situación económica exige que los dos padres tengan que trabajar. La competencia laboral demanda que los padres se ocupen más. ¿Dónde quedan los hijos? Ahora, más difícil: madres solteras con recursos económicos bajos, trabajando más horas y toda la serie de dinámicas que se dan por esta situación.

El ser humano tiene una necesidad de integración a su entorno. Nuestros hijos comparan, prefieren y conocen más el modo de vestir, la música, los valores, los conceptos y libertad de los Estados Unidos. Ante el desconocimiento que tienen de México y sus costumbres, empiezan a negar sus raíces, su familia y su propia identidad y para sentir que son parte de la sociedad anglo-sajona, rechazan a su familia, cambian los nombres: José y Francisco, por Joe y Frank; y en casos peores, se enlistan en grupos antiemigrantes para alejarse aún más de su raíz. Si no entendemos el mundo en el que nuestros hijos viven y al que hemos llegado, se nos complicarán las cosas.

Como podemos ver, la labor de quienes criamos hijos en los Estados Unidos es ir contra la marea: si no se está preparado para educar a nuestros hijos de una manera consciente para incorporarles valores, costumbres, y el orgullo por nuestra ascendencia mexicana. Y aún más, conocer lo bueno que pueden ofrecer los Estados Unidos a nuestros hijos, y valorar esa ventaja que tienen para desenvolverse en este mundo.

Para asesoría personal y familiar, se pueden comunicar con la Doctora Luz Maria Villanueva González Ph.D. al número telefónico: (619) 434-7779 o a la dirección de correo electrónico: DrLuz@yahoo.com

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