April 27, 2007

Análisis:

Economía de Guerra

Por Dagoberto Márquez

De todos los asuntos de los que hoy es posible hablar, ninguno tan complicado ni tan penoso como este probablemente. De entrada su sólo nombre lo indica todo: “Economía de Guerra”. Un asunto que encierra gravedad, erosión, necesidad y riesgo puesto que en un primer término y más allá del estricto enunciado de Economía como disciplina académica, presupuestal o financiera se refiere a una lucha, a una guerra, a una a fondo, a una grave y verdadera.

En este sentido y lo sepa usted o no, el caso es que desde la antigüedad el hombre ha luchado en prácticamente todas las regiones del planeta, por una y mil razones. De esta manera, lo mismo lo ha hecho por mera sobre vivencia que por afanes guerreros y de conquista.

De la misma forma, lo mismo lo ha hecho para apoderarse de cosas, que para defenderse de invasiones. En esta lógica, todas y cada una de las intervenciones armadas, séase por expansión y conquista o séase por intervención para la ayuda y defensa de débiles y oprimidos, todas y cada una de las intervenciones y todos y cada uno de los despliegues (militares) tienen entre sí una constante, una semejanza: La necesidad del Alto Mando por el esfuerzo de los elementos de inteligencia para definir cómo han de utilizar los preciados, nunca inagotables, los costosos, estratégicos y nunca bien ponderados recursos.

Recordando un poco de la historia podemos decir que desde años antiquísimos el ser humano ha peleado en prácticamente todos lados así como en muchos frentes. De esta forma lo mismo lo ha hecho siglos antes de que Jesucristo viniera al mundo que siglos después. Bajo esta premisa, lo mismo lo hizo en la colonización entre chinos, bárbaros y mongoles en la antiquísima Manchuria que en regiones celtas, turcas y cretenses como la antigua Inglaterra, lo que hoy es Turquía, la antigua Grecia y el Peloponeso cuando espartanos, atenienses, troyanos, turcos, dorios y cretenses se enfrascaron en terribles guerras intestinas que duraron años, muchos años.

De la misma forma el hombre luchó en frentes diseminados en el oriente medio a través de sangrientas luchas árabes que, según cuenta la historia, fueron bárbaras y brutales al grado de que su estirpe se tuvo que diseminar en muy amplias regiones del planeta. En esta tesitura, Persia, Roma y Egipto, como imperios militares en suma guerreros y expansionistas, llegaron a controlar una gran parte del mundo hasta que finalmente llegó el fracaso.

Después vino lo que nos queda más claro, las luchas y conquistas de pueblos y regiones mejor y más dotadas, donde al unísono se manifestaron odios y rivalidades que tuvieron otros tonos y que sembraron en el continente europeo el caos, la anarquía y la barbarie para después trazar lo que se conocería como feudos, reinos, ducados y principados. La célula primaria de lo que ahora vía la geografía y la geopolítica conocemos como territorios, como naciones, como países.

Siglos después vinieron, la conquista, la expansión así como las intervenciones hacia otras regiones como Australia, América y Oceanía, aunque de suyo estas ya eran regiones en verdad conflictivas y del todo guerreras y quien lo dude sólo tiene que examinar las cosas auxiliándose de bibliografía especializada. Con el paso de los siglos y ya con todo un compendio de protocolos, conocimiento y desarrollo, llegaron las luchas mejor conocidas como revoluciones, iniciándose las más significativas en el continente europeo.

Tan grave fue aquello que como usted ya sabe, hasta a reyes y monarcas pasaron a cuchillo. La heroica lucha del pueblo europeo fue emulada (con el tiempo) por otras regiones del planeta, al grado de que de la misma forma hubo guerras de independencia y guerras civiles por muchas y bien variadas regiones del mundo, hasta que se constituyeron las repúblicas.

Después, ya en pleno siglo XX vinieron los más terribles combates al amparo de nuevos afanes expansionistas, cambios tecnológicos y nuevos poderíos con las mal llamadas primera y segunda guerras “mundiales” las cuales no fueron mundiales propiamente aunque sí gravísimos conflictos multinacionales donde incursionaron y participaron una determinada cantidad de naciones. De esa forma, con el tiempo vino lo de la creación del Estado de Israel y la guerra en Medio Oriente, conflicto que se extendió más allá del área y donde peleó Libia, Egipto, Turquía, Siria y Líbano con Tel-Aviv así como lo de la guerra de Camboya, lo de Vietnam y lo de Laos en el sudeste de Asia.

Después vinieron los conflictos por las islas Malvinas en América, lo de la separación de Yugoslavia en Europa, hasta volver a lo de los árabes y musulmanes en Asia Central y Medio Oriente con los conflictos Irak-Irán e Irak-Kuwait, el cual desató lo que en años más recientes conocimos como la Guerra del Golfo hasta llegar al peligrosísimo ataque contra el WTC y el Pentágono en los Estados Unidos, el cual estuvo a punto de desatar una guerra mundial (esta sí mundial), lo que dio inicio a la incursión norteamericana en Afganistán como en Irak y lo que, aunque usted no lo crea, tiene su origen en el milenario, grave y desgarrador diferendo entre los árabes y los judíos.

Bueno, todo lo anterior para aterrizar y concretar en una sola cosa: La necesidad que teórica y tácticamente existe en los combatientes para una mejor administración de todos los recursos cuando de por medio existe un determinado conflicto. Aquello que en el área de economía militar se encarga de definir cómo y porqué en la utilización de todo tipo de recursos. A saber, armamento, instalaciones, pertrechos, equipo, municiones, protocolos, personas, dinero, barcos, aviones y alimentos, todo lo cual, amalgamado y organizado da lugar a lo que existe y se conoce como Economía de Guerra.

Un asunto complejo, penoso y triste por todas las variantes que en el marco de una realidad concreta existen desgraciadamente. “Economía de Guerra”, concepto apocalíptico que ojalá no tuviere que existir pero que debido a la insensatez del ser humano debe examinarse en la medida de que puede requerirse si el hombre debe luchar contra el hombre mismo.

Ahora bien, en el marco del contexto nuestro, este tipo de economía, a diferencia de la economía como una ciencia social o sólo financiera, viene a la reflexión porque hoy en día muchas mujeres y muchos hombres padecemos toda clase de pequeños, intermedios y hasta grandes conflictos. En este orden de cosas los hay desde familiares hasta (conflictos) territoriales, desde gremiales hasta sindicales y políticos.

En todos y cada uno de los casos y aunque usted se sorprenda, existe la necesidad de estudiar cómo y por qué de la obligada y juiciosa aplicación de los recursos. Aunque usted no lo crea, bajo este marco existe una lógica que obliga a todo guerrero o combatiente a ser prudente, ético incluso. A no distraer nada de lo que utilizamos por más que queramos, así como, en paralelo, a utilizar sólo lo importante y lo necesario. Desde esta óptica, dura como la piedra, sólo los más claros, visionarios y disciplinados pueden salir adelante porque los necios, los torpes y los pusilánimes jamás, puede usted creerlo.

Estimado lector, Fina lectora, como el asunto es en verdad complejo y amplio y el espacio periodístico corto y reducido, una segunda entrega a este respecto podría darse en ocasión pertinente y posterior si usted nos lo permite. De esta manera y en calidad de mientras, permítame un par de inflexiones todavía.

Uno: Las contiendas políticas, más allá de la civilidad con la cual deben escenificarse, son como la guerra. En ellas se combate ideológica y políticamente con todo tipo de artificios y a las mismas asistimos, bajo la conducción de los más altos dirigentes, grandes multitudes. De esta manera los partidos cuentan con recursos y limitantes que los hace aguerridos o vulnerables según sea el caso. En la medida de que optan por evitar el dispendio, estos se centran en el estudio de sus recursos los cuales han de aplicar correctamente, ejerciendo rígidos criterios que permitan el avance sin caer en estancamiento, lo cual de ocurrir los sumiría en la parálisis.

Dos: Este opinante, debido a una funesta pero enriquecedora experiencia, tiene claro que la Economía de Guerra es una disciplina más que elemental para poder mover de manera óptima y ordenada todo un compendio (de recursos) que va más allá de lo convencional y meramente económico. Se trata de recursos legales, de recursos políticos. De recursos para el combate ideológico así como de recursos tácticos. La lucha de este opinante se desarrolla en el campo de las instituciones y es tan injusta y a la vez tan cruel que necesitaría de bastante espacio para poder explicarla, por lo que mejor ahí la dejamos.

Sí señor, tal vez algún día pueda hablar más claramente de aquello a lo que me refiero. De momento sólo entienda que le economía está presente, activamente, en el combate por la libertad, por la democracia, contra la corrupción o bien por el control de muchas cosas. Un asunto grave, enigmático y muchas veces confidencial, conocido teóricamente como Economía de Guerra.

Es todo.

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