April 20, 2007

Comentario:

Repercusiones de la masacre

Por Humberto Caspa, Ph.D

A unos días después de uno de los eventos más trágicos de la historia norteamericana, todavía es difícil poner los dedos sobre el teclado de la computadora y empezar a escribir algunas líneas alusivas a ese incidente lamentable.

La Universidad Tecnológica de Virginia está de luto. No sólo la vida de 32 personas terminaron a manos de un desviado mental, sino también la libertad que ofrece el sistema universitario norteamericano ha sido mancillada y no se sabe si volverá a funcionar sin esas restricciones de seguridad extremas, las cuales normalmente desalientan el espíritu de cualquier universidad.

No creo que tengamos a la CIA, al FBI o a grupos policiales en los paraninfos universitarios, pero los efectos de la masacre ya han tenido repercusiones ponderables, tanto a nivel local como a nivel nacional, así también en nuestra vida pública y privada.

Para empezar, la imaginación del individuo puede configurar una matanza de este tipo en un conflicto bélico, como en Irak o Afganistán, o en algunas regiones encarnizadas por la violencia de las drogas, el hampa y el crimen, como en algunas zonas rurales de Colombia y de México. Sin embargo, muy pocos pueden imaginarse que una universidad pueda ser el escenario de una tragedia nacional.

La universidad es un centro de enseñanza profesional. En sus aulas se vale de todo, menos afectar el derecho natural y civil del prójimo o de un grupo étnico o nacional.

Seung-Hui Cho, el surcoreano que disparó indiscriminadamente contra sus compañeros y profesores, hizo precisamente lo contrario en la Universidad Tecnológica de Virginia. Los proyectiles de su pistola semiautomática y su conducta reprochable afectaron el derecho natural de sus víctimas, terminando con sus ilusiones profesionales, ahogando sus sueños materiales y acabando con sus vidas.

A Seung-Hui Ho se le olvidó que la universidad es la fuente del conocimiento y la tolerancia es esencial para el estímulo de ese conocimiento.

Segundo, lo acontecido en esta universidad puede tener repercusiones negativas en la comunidad Asiática-norteamericana, particularmente contra los residentes surcoreanos, dado que el perpetrador de la matanza tenía raíces en ese país.

Estados Unidos es una sociedad abierta, promueve libertades individuales, es progresista, existe un estado de derecho en su sistema político, pero también es un país donde la discriminación individual y sistémica se han impregnado en sus diversos estratos sociales, particularmente en las clases medias y altas. En este sentido, no sólo las etnias minoritarias han sufrido el rechazo discriminatorio del grupo mayoritario (blancos), sino que algunos grupos nacionales de Europa, como los irlandeses, polacos, italianos, fueron también discriminados en el pasado.

En todo caso, algunos norteamericanos utilizan la conducta fallida de unos cuantos, como el que ocurrió en esta semana, para configurar una conducta general de un grupo étnico o nacional. En otras palabras, crean estereotipos infundados. Normalmente este tipo de individuos proviene de grupos extremos de la derecha, aunque existen también personas de estratos sociales más tradicionales que utilizan el estereotipo y la discriminación.

Esperemos que la conducta deplorable de Seung-Hui Cho no estigmatice el carácter de gente trabajadora de raíces surcoreanas.

Finalmente, aunque lo ocurrido esta semana no tiene nada que ver con la cuestión migratoria, es probable que algunos grupos reaccionarios de la extrema derecha utilicen esta tragedia nacional para conseguir sus intereses mezquinos. La irracionalidad de los grupos anti-inmigrantes, como los Minutemen y Save Our State, entre otras organizaciones extremistas, fue comprobada varias veces. Estas organizaciones a menudo inculpan a los trabajadores inmigrantes indocumentados por todos los problemas económicos y sociales de la nación.

En vez de solidarizarse con las familias sumidas en la tragedia, muchos de estos grupos utilizan la desgracia de esta gente para alcanzar sus metas viscerales. No debe sorprender a nadie, si estos grupos deciden emprender otra etapa anti-inmigrante utilizando la tragedia de la Universidad Tecnológica de Virginia.

En momentos de dolor como el que sucede ahora, es importante mantener los valores morales. Que estos valores tengan bases religiosas o no, eso es lo de menos. El respeto a las víctimas es lo más importante. Yo me uno a las plegarias de reconciliación y solidaridad.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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