September 29, 2006

Comentario:

El poder dual

Por Humberto Caspa, Ph.D

Hoy, casi nada es previsible en México. Tal vez si despertamos al genio del politólogo y filósofo boliviano René Zabaleta Mercado, quién hoy descansa en paz en las alturas de su altiplano Aymara, nos pueda ayudar a entender el laberinto que se ha formado alrededor de la política mexicana.

“Jamás en América Latina se ha producido una situación histórica tan próxima a la dualidad de poderes ... como en Bolivia en 1952”, dice Zabaleta en su obra seminal El Poder Dual.

Precisamente ese año, las bases populares de la sociedad boliviana, especialmente los trabajadores mineros en las zonas rurales y un sector obrero naciente en la capital, pusieron fin a un periodo de gobiernos oligárquicos. Tres grupos mineros —Patiño Mines, Aramayo y Hochschild— y una cadena de empresas norteamericanas dominaron el acerbo político de ese país desde inicios de 1900, cuando el estaño se cotizó a buen precio en la bolsa de valores mundiales, hasta su derrota en 1952.

Según Zabaleta, de esa experiencia revolucionaria nacen dos poderes. Por una parte, el gobierno principal, el real gobierno del Estado, compuesto esencialmente por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Por la otra, el gobierno suplementario y paralelo, encarnado específicamente en la Central Obrera Boliviana (COB).

Entonces en Bolivia se produjo un periodo de gobiernos compartidos entre el MNR u otro partido político y la COB, misma que se extendió hasta la mitad de la década de 1960. En 1964, un golpe militar alteró las condiciones políticas de Bolivia, aunque el poder de la COB nunca cesó a pesar de la represión de las dictaduras militares que azotaron a Bolivia durante la década de 1970 y parte de 1980.

No obstante que México difiere con la experiencia boliviana, su coyuntura política demuestra claramente que existen dos tipos de poderes asentados en el Estado y la sociedad civil después de las elecciones del 2 Julio.

El primero, encarnado en el gobierno legal, aparentemente legítimo de Felipe Calderón. Y el segundo apostado sobre una base social sólida de trabajadores de varios sectores, particularmente de gente pobre afectada por las políticas neoliberales de cuatro sexenios consecutivos, incluyendo la administración de Vicente Fox.

Como se sabe el día 16 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador fue nombrado por la Convención Nacional Democrática (CND) como “presidente legítimo de México”. Desde un punto de vista del poder dual, el CND y su líder, López Obrador, enarbolan la bandera de las poblaciones populares.

A diferencia de Bolivia, el caso mexicano tiene al Partido de la Revolución Democrática (PRD) como a un actor dentro del sistema político que le permite conectar al gobierno, propiamente dicho, con las bases sociales del CND.

Así, el futuro de México se torna todavía mucho más incierto. Sin embargo, el gobierno de Vicente Fox ha tratado de convencer de mil maneras que las condiciones políticas están “normales” a pesar de que los procesos indican lo contrario. El presidente electo Felipe Calderón, al igual que el primer mandatario mexicano, se ha limitado a llamar a la cordura social, aunque sabe muy bien que su país está en un trance traumático histórico.

Lo cierto es que el nuevo gobierno de Calderón va a tener que confrontar no sólo a representantes divididos en las dos cámaras del Congreso sino también a un movimiento social cohesionado y liderado por una dirigencia política bastante radicalizada.

El caso boliviano nos indica que las dictaduras militares trataron de romper las alianzas concentradas en la COB. La historia nos demuestra que nunca lo lograron, a pesar de la represión, los asesinatos clandestinos de algunos líderes sindicales y trabajadores mineros. La COB subsistió y siguió con su tarea de representar los intereses de la clase desposeída, a los pobres y aquellos que no tenían una representación institucional.

En México parece que la situación tendrá los mismos resultados. Tanto el PRD en el gobierno como el CND en la sociedad civil, tratarán de truncar el proyecto económico y social del nuevo gobierno con Calderón. Por mucho que éste quiera hacerlos a un lado, la coordinación de estos dos grupos, especialmente del CND, será tan desequilibrante que tendrá que mover su agenda económica pro neoliberal hacia un programa social más popular.

Hoy, el poder dual es un hecho en México.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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