September 15, 2006

Comentario

La política preelectoral

Por Humberto Caspa, Ph.D

¿Hacia donde vamos ahora? Ya son 2,662 norteamericanos los que fallecieron en la guerra en Irak. El número de las bajas de civiles y militares iraquíes difiere según el medio que los difunde, pero sabemos que son miles los que murieron. Otros 2,973 perdieron su vida en el atentado terrorista del once de Septiembre de 2001.

¿Cual debería ser el enfoque de nuestros líderes políticos? Deberían ellos ocuparse del primero o del segundo. O, por el contrario, deberían solucionar los problemas domésticos.

Obviamente nosotros esperamos que nuestros líderes actúen con ecuanimidad, logrando que los problemas más importantes sean contemplados con relativa urgencia, aunque pocos esperamos que la resolución de cada uno de estos problemas sea solucionada de manera expedita. Para nosotros lo importante es que se observe un destello de luz en el túnel.

Sin embargo, la gente en el Congreso no ve ni lo uno ni lo otro. En un periodo preelectoral, a nuestros líderes les interesa más lo que les remunerará políticamente en las urnas que la resolución de los conflictos. Los intereses de la población juegan un papel secundario.

Por una parte, a los republicanos les conviene mantener la retórica sobre el terrorismo, ya que es por ahí que pueden preservar su mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes. De acuerdo a recientes encuestas, los demócratas tienen el pie “derecho” para desalojar a algunos representantes conservadores en las dos cámaras.

Por eso antes de la conmemoración del 11 de Septiembre, el Presidente George W. Bush utilizó a Osama Bin Laden, líder de grupo terrorista de Al Qaida, como eje de una estrategia que cambie el discurso político de la gente.

Días después, en la apología que recordó a los caídos de las Torres Gemelas y a los afectados por ese fatídico ataque terrorista, nuevamente Bush nos recordó que la lucha contra el terrorismo deberá continuar. Esta vez, sin embargo, reconoció que Sadam Husein no estaba relacionado al grupo Al Qaida.

En tiempos preelectorales ese reconocimiento suena más como una estrategia cínica del Presidente que una apología honesta.

Por otra parte, a los demócratas le gusta jugar el papel de críticos del gobierno. Y es precisamente la guerra en Irak el tema que juega mejor para equilibrar la representación en el Congreso. Semanas atrás el ex candidato a la vicepresidencia, Joe Lieberman, fue derrotado por Ned Lemont en las elecciones primarias de su distrito de Connecticut. Su derrota se debió al apoyo abierto que le había ofrecido al presidente Bush en torno a la Guerra en Irak y en el conflicto del Medio Oriente.

Es importante notar aquí que las raíces étnicas de Lieberman influyeron en su visión política de esta región; es judío-norteamericano. Cómo la dictadura de Sadam Husein creaba desestabilidad en el Medio Oriente y afectaba los intereses del gobierno israelita, la invasión estadounidense a Irak fue bien recibida por Lieberman. Incluso se puede decir que al gobierno israelita le conviene que el ejército norteamericano incursione sobre terreno iraní para poner fin a un aparente programa nuclear.

Tanto a demócratas como a republicanos en el Congreso no les interesa resolver temas controversiales en un periodo preelectoral (i.e. la cuestión migratoria), entonces se les hace más fácil postergarlos para cesiones del próximo año.

Mientras tanto a la comunidad que le interesa, la desatención de los congresistas incita a los grupos ultra-conservadores del país, especialmente a los Minutemen y otros grupos intolerantes, a promover actos de odio contra los inmigrantes indocumentados y las demás poblaciones latino-estadounidenses.

Así, en tiempos de elecciones, los procesos políticos se convierten en meras estrategias políticas de los diversos candidatos al Congreso. Sus promesas fantasiosas se desplazan en los medios de comunicación como nunca.

La gente mira con mucha ansiedad y desesperación el proceso preelectoral que se avecina. A pesar de las promesas sin fondo, los votantes concientes casi siempre se apersonan a las ánforas electorales con la esperanza de que su participación va a tener un peso en la política.

Ese pequeño ejercicio del voto, es la belleza de nuestro sistema democrático que terroristas, dictadores y sistemas autoritarios tienen miedo. Ese pequeño ejercicio define quién decide el camino de nuestro país. Por eso es importante hacer uso de ese ejercicio. Hay que votar.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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