September 8, 2006

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

No son números

Por alguna casualidad del destino, tres números de la vida real andan relativamente cercanos.

Llegó el 5º aniversario del 11 de septiembre, no el del criminal golpe de estado en Chile patrocinado por Estados Unidos y que llevara al secuestro, desaparición, muerte y asesinato de 3,197 chilenos y extranjeros a manos del dictador Augusto Pinochet, sino el de las Torres Gemelas en Nueva York, en el que murieron, según sus familiares, 2,792, y según las agencias oficiales solamente 2,752.

Los 40 de descuento, acordaron oficialmente varias agencias de la ciudad, entre las que se incluyen la alcaldía y la policía, se deben a que “no se pudo demostrar su existencia”. Curioso, dirá usted, pero no es tanto. No es que no se hayan encontrado los cuerpos de estas personas, sino que aparentemente las agencias neoyorkinas no pudieron demostrar que vivieron, requisito indispensable para poder morirse.

La explicación de la aparente paradoja es que esos 40 muertos restantes “eran inmigrantes ilegales”, dijeron las agencias. Sus trabajos no estaban documentados, por aquella costumbre de pagarles en efectivo y no ponerlos en ninguna nómina, no sea que el patrón resulte responsable de contratar indocumentados. Los únicos que admitieron que estos muertos si estaban muertos fueron las cortes del estado y de Nueva Jersey, que sí los declararon legalmente muertos, y les dieron certificados de defunción a las familias.

El número de las muertes en las Torres varió mucho, desde los supuestos 6,700 a dos semanas del 11 de septiembre de 2001, a los actuales 2,752. Dato curioso, la policía de Nueva York arrestó a 40 personas que dijeron, fraudulentamente, que había más muertos en la lista para poder beneficiarse del cuento, pero nunca arrestó a George Bush, que también manejó cifras falsas. En fin.

El caso es que los muertos indocumentados no cuentan.No cuentan tampoco en algunas estadísticas del gobierno mexicano, que según denuncias de las organizaciones fronterizas que tratan de evitar las muertes de quienes tratan de cruzar “la línea”, descuenta a los “indocumentados no identificados”.

Nomás cámbiele unas palabritas, y el argumento es exactamente el mismo que el de las autoridades de Nueva York. El caso es que en 2004, el gobierno mexicano solamente reportó 171 muertes, mientras que los activistas documentaron 234.

Son personas.

Y tampoco cuentan mucho para la Patrulla Fronteriza, que según denuncia de Kat Rodríguez, portavoz de la coalición por los derechos humanos Alianza Indígena Sin Fronteras en Arizona, también hace “descuentos” en sus cuentas. Por ejemplo, dice Rodríguez, la Patrulla reportó 205 muertes en Arizona hasta octubre del año pasado, pero los registros de las oficinas forenses de los Condados de Pima, Yuma y Cochise, a las que llegan los cuerpos encontrados en el desierto, reportó 228.

También hubo casi un conflicto internacional hace un par de años, porque la Patrulla Fronteriza no contaba a los muertos que aparecían del lado mexicano, después de ser arrastrados por las aguas del Río Bravo. Como quien dice, “esos muertos no les tocan”.

En total, se calcula que hasta 3,600 migrantes han muerto en la frontera desde enero de 1995, cuando el expresidente Bill Clinton puso en funcionamiento la famosa Operación Guardián.

El tercer número interesante es 2657. Es el número (más los que se acumulen en la semana), de soldados de la mal llamada Coalición que invadió Irak bajo el pretexto del ataque a las Torres Gemelas.

Y aquí también hay números distintos. Los 2657 son los que reporta Michael White, de la organización icasualties.org, pero hasta hoy el Departamento de defensa solamente reconoce a 2641.

En estos días, George Bush anda recorriendo el país hablando de que es necesario continuar la guerra en Irak, porque de otro modo esta nación “caería en la violencia terrorista”. Me pregunto qué declarará el día que los muertos en Irak rebasen al de los muertos en las Torres Gemelas.

Sobre los migrantes muertos ni vale la pena preguntar por opiniones. Este fin de semana del Labor Day unas 400 personas caminamos cerca de 80 kilómetros, desde Joliet, Aurora, Elgin y Chicago, a Batavia, residencia del líder del Congreso Dennis Hastert, y le dejamos un mensaje hablado y uno en cruz.

El recado oral fue que la Ley de Inmigración es una ley asesina, una ley que mata. Ha matado a más gente que la que murió en las Torres Gemelas, y más que los soldados que han muerto en Irak.

El recado en cruz fue de más de 3,000 cruces, cada una representando a una persona que murió no en una guerra o una acción militar, como en los otros dos casos, sino simplemente tratando de encontrar chamba.

Contacto Jorge Mújica Murias at Mexicodelnorte@yahoo.com.mx

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