September 8, 2006

Comentario

Cerca del autoritarismo, lejos de la democracia

Por Humberto Caspa, Ph.D

No se pudo esperar de otra manera. Los jueces del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México (TEPJF), así como el jurado que sancionó a Rodney King en Los Ángeles en abril de 1992, hicieron prevalecer los preceptos jurídicos sobre la razón y la política.

No en balde muchos filósofos y politólogos definen al sistema jurídico como la entidad más conservadora del Estado. Algunas veces como hoy en México, los jueces incluso convalidan la corrupción.

Lamentablemente para los mexicanos, el problema electoral en este país nunca ha tenido raíces jurídicas. La disyuntiva entre panistas y perredistas, que ahora tiene a México totalmente polarizado entre los que tienen y los que no tienen, está circunscrito dentro de un contexto político. Es decir, existe una lucha encomiable entre la elite política –panistas y perredistas— por el gobierno federal de este país.

Ninguno de los dos está presto a ceder una pulgada, menos capitular por la vía política. Los panistas presienten que la victoria está en sus manos ahora que han recibido el visto bueno del sistema jurídico y la venia de los países poderosos de la comunidad mundial. Anteriormente lo habían hecho del presidencialismo foxista y del inepto Luís Carlos Ugalde, presidente del Instituto Federal Electoral de México.

Los perredistas, por otra parte, presienten que la victoria está en el pueblo, específicamente en la población popular, y sobretodo en la política. Por eso se inclinan a criticar al sistema de gobierno, al presidencialismo de Fox y recientemente a los jueces del Estado. Todos ellos, según los perredistas, representan a una cúpula empresarial que ha acumulado el excedente económico como ningún otro actor desde la reestructuración del sistema económico con el gobierno de Miguel de la Madrid en la década de los 80.

Mientras Andrés Manuel López Obrador continúe con su agenda mesiánica, la guerra política en la capital mexicana no va a terminar. Es más, acaba de empezar.

El líder perredista es conocido por su convicción y sus ideales políticos. Raras veces se da por vencido, menos cuando siente que la “verdad” esta de su parte. En 1994, durante la contienda electoral en su estado natal de Tabasco, cuando la vanguardia corrupta del priismo de Roberto Madrazo le robó las elecciones, López Obrador luchó por más de un año. Sólo paró su postura radical una vez que los perredistas le concedieron el garrote de su partido (el liderazgo del PRD) para acertarle “madrazos” al PRI durante su estadía en el gobierno del Distrito Federal.

Lo mismo sucedió con Vicente Fox. Durante la contienda electoral por la presidencia, éste trató de trabar por todos los medios necesarios la candidatura de López Obrador. Nada de lo que hizo tuvo resultados, hasta que optó en utilizar el aparato estatal para liquidar la popularidad del perredista. Esta acción le costó fuertes reprimendas por parte de los jueces del TEPJF.

La manipulación de Fox, junto con la intromisión de los medios televisivos (Televisa y TV Azteca) y el Consejo Coordinador Empresarial en contra de un candidato, debieron ser razones suficientes para dirimir la elección presidencial en México.

Mientras tanto, Felipe Calderón necesita mantener la cordura. El triunfalismo panista puede ser muy peligroso en medio de una efervescencia política incontrolable. No vaya a suceder lo que ocurrió diez años atrás después del desacertado dictamen de Rodney King. Miles de ciudadanos norteamericanos en Los Ángeles, devastados por la falta de ecuanimidad en el sistema jurídico estadounidense, tomaron la justicia por su cuenta, lanzándose en las calles de la ciudad, aterrorizando a los pequeños negociantes y transeúntes, y destruyendo todo cuanto se les cruzó en su camino.

El robo, el pillaje y los incendios que causaron algunos delincuentes, incluso gente decente cegada por la injusticia, nunca puede ser dispensada ni mucho menos justificada. Sin embargo, el sistema jurídico que permite ese tipo de dictámenes injustos no solamente debe ser censurado sino también transformado inmediatamente. Sus tendencias hacia ciertos grupos, individuos o instituciones, deben ser exorcizados y suplantados por otros códigos jurídicos más ecuánimes.

Como quiere que se mire el resultado de las elecciones en México, el nombramiento de Calderón no deja de ser un “dedazo” del viejo presidencialismo priista; hoy encarnado en la figura de Vicente Fox. Pobre México, tan cerca del autoritarismo y tan lejos de la democracia.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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