October 27, 2006

Comentario:

Transparencia electoral

Por José R. Uzal

El fraude electoral ocurre en las democracias de Hispanoamérica pero no en EE.UU. En nuestros comicios no hay necesidad de observadores extranjeros y las deficiencias que han ocurrido han sido en su mayor parte errores humanos los cuales son corregidos inmediatamente. Otros problemas de mayor cuantía son resueltos por el sistema judicial o por legislación. La transparencia de nuestro sistema electoral no ha estado en duda a pesar de la debacle del año 2000. Desafortunadamente, los tiempos cambian y la tecnología nos ha proporcionado las máquinas electrónicas de votación las cuales, en su presente forma, ponen en tela de juicio los resultados electorales. Las máquinas de votación electrónica son tecnológicamente simples. El problema se halla en la vulnerabilidad de la programación. Los códigos fuentes, donde se encuentra todo tipo de oportunidad para alterar los resultados electrónicamente sin peligro de ser detectados, son propiedad de los manufactureros, los cuales no tienen obligación de revelarlos. Al no dejarse ver los códigos de programación la transparencia de los resultados siempre estarán en duda.

La Comisión de Asistencia a las Elecciones, EAC por sus siglas en Inglés, tiene a su cargo el certificar las máquinas y otorgarle a los estados billones de dólares en becas para que éstos lleven a cabo estudios y otras actividades que promuevan la efectividad y transparencia de las elecciones federales. El presidente de dicha entidad, le ha pedido que los manufactureros de las máquinas electrónicas de votación que le revelen sus códigos de programación a los oficiales electorales para que éstos puedan analizarlos y añadió “el revelar los códigos de programación de las máquinas, línea por línea, ayudaría a restaurar la confianza del público en el proceso electoral”. Pero el develamiento de los códigos fuentes no es suficiente en sí mismo, tiene que estar acompañado por programas y máquinas cifradas que aseguren que el programa que utiliza cada máquina es el que esperan utilizar las autoridades electorales.

En menos de 2 semanas, se llevarán a cabo comicios generales. El control de la Cámara y el Senado, en manos de los Republicanos, están en juego y las encuestas y la opinión de los expertos favorecen a los Demócratas. Un resultado diferente crearía un escándalo similar a lo que sucedió en Venezuela con el referendo de Chávez, en México con la elección de Calderón y más recientemente en Ecuador donde Correa, el candidato favorito, se ha visto forzado a ir a una segunda vuelta. Un resultado contrario a las encuestas o las indagaciones de los votantes al salir de las urnas, causaría todo tipo de demandas legales, acusaciones e investigaciones. Todo esto se puede evitar de manera simple y tecnológicamente factible.

Los manufactureros de las máquinas de votación usan básicamente dos programas, uno para votar y otro para tabular los resultados. Los supervisores de elecciones usan el sistema de muestras al azar (random sampling para los spanglish parlantes) para verificar los resultados. Este sistema es excelente para determinar defectos en líneas de producción pero totalmente ineficaz para encontrar problemas en sistemas exactos como lo son los programas de computación.

Si el programa usado no está cifrado (encrypted para los spanglish parlantes) para que produzca un número único que lo identifique, no es posible determinar si el programa que usa la máquina es el mismo que seleccionó el Supervisor de Elecciones o si es el programa en uso en otra máquina en el mismo colegio electoral. Al cifrarse el programa y producir un número único se puede verificar mediante un simple dispositivo si el número en la máquina coincide con el número del programa correcto. Cualquier alteración al programa, por minúscula que fuese, arrojaría un número diferente. Lo mismo sucedería con los programas de tabulación. Una vez que se determine el programa en uso, el código de programación se tiene que hacer público para que los expertos lo estudien. Australia, India y Nueva Zelanda y varios países europeos usan este sistema.

Los programas que controlan la votación y la tabulación son simples y la mayoría de los manufactureros usan productos de consumo de bajo nivel tales como Windows NT y Microsoft Access. Hoy en día los manufactureros solo les proporcionan a los Supervisores de Elecciones el número de la versión que usan. No hay que ser experto en informática para comprender la oportunidad de fraude que existe en este proceso como se está llevando a cabo. Las máquinas no son el problema, es la forma de implementar la tecnología es lo que causa incertidumbre. La transparencia de nuestros comicios se puede garantizar con el simple proceso de cifrar el programa que se va a usar y obteniendo un dispositivo de un abastecedor independiente para verificar que el programa de votación en uso es el aprobado por Supervisor de Elecciones. El proceso de votación electrónico demanda balance y verificación entre los manufactureros, las autoridades electorales y científicos independientes.

Faltan pocos días para los comicios y no hay tiempo para implementar las correcciones necesarias, solo nos queda esperar los comicios y sus resultados. Sin transparencia electoral nuestra república no funciona.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispano parlantes. 561-310-5333

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