October 27, 2006

Davidow tiene razón...

Por Dagoberto Márquez

En días pasados, el ex embajador de los Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow, manifestó que la construcción del muro anti inmigrantes es una idiotez, un error que muestra lo peor de su país aunque aclaró que la medida no vulnera los derechos humanos de los inmigrantes que se exponen a internarse ilegalmente en su territorio. El señor Davidow radica actualmente en San Diego donde presta sus servicios para la Universidad de California. También, como parte de sus declaraciones, el señor Davidow manifestó que al gobierno mexicano (a sus funcionarios) le ha faltado “voluntad masculina” para hacer frente al problema de la migración, lo cual si bien ha sido semi tolerado por décadas, sí afecta la economía regional norteamericana por causas diversas. Al margen de si Davidow tiene razón o no, lo que llama la atención es la contundencia para hacer notar lo de la falta de “voluntad masculina” del gobierno mexicano para resolver lo que nos incumbe, pues a lo que se refiere y no dijo textualmente (por educación o cortesía) es que lo que ha hecho falta es güevos, es decir, valor, temple en nuestros funcionarios quienes, actuando corrupta, dócil o agachonamente no enfrentan ni resuelven lo que deben, dejando a la deriva y a la decidia lo que con el tiempo se ha vuelto un problema, uno verdadero, y tiene razón, lamentablemente. Aunque nos duela el tener que reconocer esto.

Estimado lector, Fina lectora, la gente que emigra al país del norte no tiene la culpa de lo que hace porque al hacerlo sólo busca solución a un muy grave problema, el de la falta de oportunidad para el empleo, tratando así de resolver lo que el gobierno nuestro no resuelve. Esto es así por falta de visión, por falta de voluntad, por incapacidad, ineptitud o corrupción al interior de las estructuras de lo cual deriva la causa más probable que se bifurca en no sólo la falta y la carencia de empleos sino también en pobreza, en falta de dinero en millones de familias, lo cual lastima y aflige a millones y millones de mexicanos, hombres y mujeres. Un asunto donde se mezclan varias cosas como la falta de planificación gubernamental, la improvisación, la tecnocracia, el populismo, la explosión demográfica, la sobre población, la incapacidad de nuestros gobiernos para hacer frente al problema, una economía nacional maltrecha sólo encausada para rescatar acciones multimillonarias que poco o nada benefician al pueblo, escasa o nula generación de verdaderos y perennes empleos, etcétera. Algo relacionado íntimamente con el nefasto y pueril populismo, con esa nefasta doctrina política que cubriendo corruptelas y latrocinio engaña a la sociedad a través de actos ramplones y sórdidos que, cargados de demagogia, esconden impericia, ineptitud, valemadrismo y malas artes y donde el fregado es (siempre) el pueblo. Sí señor, un asunto donde Carlos Salinas y Vicente Fox Quesada son verdaderos “estrategas” pues fue desde sus gobiernos desde donde se pusieron en práctica tan miserables iniciativas.

Ahora bien, como todos entendemos, la política migratoria entre los Estados Unidos y México resulta una política inacabada, una política sólo abordada en un nivel público para cascarear sibilinamente y refrendar así someras y vacuas explicaciones. Si nos atenemos a la realidad del asunto, los norteamericanos necesitan de nosotros y nosotros de ellos, así ha sido históricamente. En esta tesitura, lo que más conviene es un acuerdo noble donde las partes se beneficien mutua-mente, pero también donde más que incriminación o rechazo se privilegie la cooperación y el diálogo, donde se coloque el énfasis en las acciones de fondo que ambas naciones deben adoptar para paliar no solo el problema, sino las causas que lo originan. Algo que nuestras autoridades no han querido o no han sabido enfrentar. ¡Porca miseria!... diría un buen amigo y mejor columnista refiriéndome a don Apolinar Palacios, un tabasqueño de origen dedicado a la crítica sin disfraz, a la que pone el dedo en la llaga, a la diáfana y durísima pero constructiva. En fin, que el asunto no se resuelve ni con muros ni con mallas ni con argüendes sino sólo con voluntad, con voluntad política pero también con planificación gubernamental, con honradez, asumiendo responsabilidades pero también con diálogo, con acuerdos pues. Algo lejano todavía si tomamos en cuenta que con fraudes electorales y tanta miseria política en México no resolveremos nada en corto tiempo. Y menos, si como está visto, abundan los periodistas ad hoc y los analistas encubridores y proclives a la quema de incien-so.

Para concluir, sólo una evocación amarga pero surgida también de la más profunda de las convicciones. El gobierno mexicano y muchos gobiernos estatales poco o nada han hecho para revertir la pobreza económica de las mayorías y por ello, 400 o 500 mil mexicanos salen de nuestro territorio anualmente así sea esto rifándose el pellejo. Esto es triste y lamentable porque si no sucediera, México tendría un mejor desarrollo en todos los sentidos, sea en el campo, en la construcción o en el del empleo mejor remunerado en otros muchos planos incluido el público. Para colmo de males hay quienes desde un dejo hipócrita o desde un reprobable y pérfido eufemismo nos dicen que por concepto de mano de obra (barata) en el exterior nuestro país se beneficia con 20 o 25 mil millones de dólares en remesas al año. ¡Hágame usted el favor! Como si el sufrimiento de millones de necesitados, arriesgados y mal pagados compensara nuestra falta de escrúpulos cuando el atrevimiento por decir aquello raya en el cinismo de nuestros bandidos e incultos funcionarios.

Por esto es que Jeffrey Davidow tiene razón al criticar aterciopelada pero contundentemente al gobierno nuestro por aquello de su ¡Falta de güevos! y perdón por la aparente vulgaridad ante las damas pero este es un término utilizado recurrentemente por casi todos los mexicanos y las damas lo saben por lo que no hay insolencia, y disculpen nuevamente. Y no, no se espanten de la palabrita en apariencia altisonante pues ésta es de uso común en esta tierra aunque los “castos” oídos de nuestros ineptos políticos y sus móndrigos aliados pongan el grito en el cielo, hipócritamente, escondiendo de esa forma su miseria y su notoria y pusilánime falta de agallas. Y no, no se trata de esnobismo ni de hablar soezmente ni de endilgar improperios ni calificativos, no, se trata de reconocer la realidad, una realidad que nos lastima a la mayoría de los mexicanos. Nada más.

Es todo.

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