October 27, 2006

Comentario:

La trivialidad del bebé

Por Humberto Caspa, Ph.D

El habitante número 300 millones sembró confusión, desasosiego y algarabía en algunas familias norteamericanas la pasada semana.

“El título del número 300 millones se lo ganó mi niño”, decía sonriendo un papá afroamericano. “No es verdad, es mi niña”, reclamaba una madre anglosagona. “Ese derecho le corresponde a mi sobrino”, anticipaba una joven de ascendencia árabe. Como las familias latinas somos los que últimamente hemos contribuido más que otro grupo al incremento poblacional de este país, varias madres de familia insinuaron que fue la suya quien nació con el número 300 en la frente.

Probablemente tengan razón. Del total de los nuevos habitantes, los bebes latino-estadounidenses son los que más nacen en este país. Según algunos datos estadísticos, los latinos suman cerca del 15%, es decir alrededor de 45,000 millones de habitantes.

A la hora de la verdad, ¿cuál es el efecto real del incremento poblacional de las familias minoritarias? En términos económicos, por ejemplo, como sucede en algunos condados de California y Texas, estados con gran afluencia de familias latinas, los negocios han empezado a cambiar sus estrategias mercadotécnicas para incrementar sus ganancias. Lo mismo sucede en municipios cuyas mayorías son gente de origen afroamericano, asiático, árabe, persa, etc.

Sin embargo, si expresamos el incremento poblacional de los grupos minoritarios en términos políticos los resultados son diferentes. Probablemente estos grupos han incrementado sus potenciales económicos, pero esa potencia todavía no se ha traducido en la política.

Si observamos lo que acontece en muchos municipios, pareciera que en vez de ir adelante, los grupos minoritarios están yendo hacia atrás.

En este sentido, la población latino-estadounidense, a pesar de su volumen poblacional –aceptemos o no—, todavía se mantiene relativamente marginada de los procesos políticos en varias ciudades del país. No participan en dichos procesos, los ignoran o no nos importa. Como resultado los problemas políticos se han incrementando día a día.

Las leyes y ordenanzas que más afectan al individuo son precisamente las que provienen de los concejos municipales. En algunos casos estas leyes tienen mayor efecto que las leyes federales.

Los problemas de la inseguridad en las calles, la incertidumbre que siembran las pandillas, el problema de la basura, el ruido de los autos, el mejoramiento de las arterias vehiculares, el cuidado de los parques vecinales, entre otros centenares de asuntos, están directa o indirectamente regulados por la ciudad. Muchos de ellos por la policía municipal, el cual es dependiente del gobierno local.

El gobierno de la ciudad de Costa Mesa, California, es un caso patético pero muy común en otros distritos del país. De los 110 mil habitantes que aproximadamente viven en esta ciudad, un 40% tienen origen latinoamericano. Nunca en esta ciudad ha existido un representante latino-estadounidense en el concejo municipal. Asimismo, la mayoría de las personas comisionadas a los distintos órganos gubernamentales tampoco tienen raíces latinoamericanas. Este proceso, por supuesto, se extiende al sector laboral dependiente del gobierno local.

Como se sabe, Costa Mesa se ha convertido en el epicentro del problema migratorio que azota al país. Este gobierno aprobó, entre otras ordenanzas intolerantes, la oficialización de policías como agentes migratorios. Claro que para lograrlo primero tuvo que aceptar en su gobierno a individuos creyentes en la supremacía blanca.

¿De quién es la culpa? Existen dos cuestiones a considerar. Por una parte, el sistema político-administrativo, como en ciudades similares a Costa Mesa, siempre ha operado de esa manera, difícilmente permite la inclusión de grupos minoritarios.

Por otra parte, la población latino-estadounidense tampoco se ha preocupado de crear una organización coherente y cohesiva en la comunidad, las cuales puedan contraponerse al status quo del sistema y a una gama de intereses asociados a la continuación de ese sistema seudo-excluyente.

Así, resulta interesante una discusión acerca del bebe número 300 millones. Si ha sido moreno, blanco, café o amarillo importa mucho a las periódicos amarillista y tabloides, pero en términos concretos importa nada.

Lo que importa es traducir esa potencia poblacional en poder político. A pocos días de las elecciones federales y municipales el efecto de las personas cuenta mucho más que antes.

Votar para el puesto de gobernador tiene su valor, pero votar por los diversos puestos municipales es mucho más importante. Créame.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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