October 27, 2006

Aprovechando el pedigree

Sofia Coppola hace su propia película con Marie Antoinette

by Jose Daniel Bort

Cuando la haces grande en el mundo del cine tienes derecho a una indulgencia, una película donde puedes hacer lo que te da la gana sin mayor supervisión por los estudios. Marie Antoinette es la película regalo de Sofia Coppola.

La hija de Francis (y perteneciente a una de las familias más influyentes en la industria) la pegó con su pequeña “Lost in translation”, ganando el Oscar por mejor guión original. Fresca del triunfo y con el apoyo de la famosa American Zoetrope (llamada así por un personaje que la misma Sofia hizo en un corto del padre llamado Zoe), la directora consiguió el acceso que nadie había tenido antes del impresionante palacio de Versailles, en Francia, para hacer su versión de la última reina de la monarquía francesa.

Hablemos de lujos. No hay forma ni manera de recrear las locaciones que se muestran en esta película. El palacio y sus aledaños son magistrales por si mismos. Coppola forma un elenco de amiguetes comandados por Kirsten Dunst (la protagonista de su primera película “Virgen Suicides”) y su primo Jason Schwartzman enmarcados en el vestuario de la mítica Milena Cañonero, una de las vestuaristas más importantes de la historia del cine.

El resultado de la película es una letárgica visión contemplativa de una mujer demasiado inteligente para el puesto que le asigna la historia y demasiado floja como para hacer algo al respecto. Coppola convenientemente se aleja de cualquier conflicto significativo y se dedica a observar a su protagonista en repetitivas secuencias con casi nada de historia que contar. Es como ver una perfecta mesa servida de comida hecha de azúcar y almidón.

La experiencia es completamente rica en calorías e insustancial de energía que al final el chocolate sensorial que aspira a ser Marie Antoinette se ve vilipendiado por el mismo sujeto que toca. Profundamente decadente y servilista, la corte francesa nunca entendió el lugar en la historia que le deparaban los excesos de sus protagonistas, donde la princesa austriaca cobra efecto como su símbolo más adecuado.


Una escena de Marie Antoinette

Desde la primera hora de la mañana, cuando Marie es levantada por una legión de cortesanos listos para verla como se viste, hasta la noche, donde la princesa es incapaz de levantar el ánimo del príncipe para crear un nuevo “Dauphin” (delfín, el heredero) durante más de seis años, vemos a un personaje preso en sus propias circunstancias e incapaz de cambiar un ápice de su propio destino. Una premisa poco cinematográfica que Coppola revela completamente enamorada del material, pero sin firmeza o convicción de que tiene una historia por delante que contar.

Esta película de observación es rica en detalles, con la directora esforzándose en hacernos ver las razones por las que la cómoda M.A. no sale donde está. Preocupadas en la última colección de zapatos de moda, la manutención de los jardines palaciegos y la perseverancia de una vida “rural” en el “petit trianon” (especie de retiro para la reina), la película se obstina en su visión contemplativa sin mayores esfuerzos en sustancia. Es hermosa de ver, pero tan repetitiva que la paciencia del espectador previamente convencido de su valor artístico se ve seriamente comprometida. Coppola se salió con la suya, pero a muchos les hubiera gustado ver más carne y menos almidón.

Return to the Frontpage