October 20, 2006

Comentario:

Chávez y el voto

Por José Uzal

Mientras Castro languidece en su lecho de muerte, Hugo Chávez, el presidente de Venezuela y dictador en entrenamiento, trabaja activamente para conseguir el objetivo de su mentor: destruir a Estados Unidos. El peligro más grande que presenta Chávez, es que aparenta ser un mequetrefe. Nada más lejos de la verdad. El incipiente dictador es un formidable adversario, con dinero, con poderosos aliados y con acceso a la economía norteamericana. Esto lo sitúa en una perfecta posición para ser una quinta columna y tratar de destruirnos desde dentro.

El gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela, como la bautizó Chávez, es propietario de la empresa petrolera CITGO, una de las más importantes de EE.UU., la cual tiene un sistema vertical de distribución de petróleo desde la refinería hasta el consumidor, generando petrodólares para Chávez a cada paso. Venezuela nos abastece el 75% del combustible consumido en la costa Este. Esto está bien documentado y después del discurso de Chávez en las Naciones Unidas los americanos han comenzado a evitar comprar combustible en la estaciones de servicio CITGO.

Lo que no es muy conocido es el hecho de que una empresa venezolana compró uno de los principales manufactureros de máquinas electrónicas táctiles de votación. Cuando la empresa inglesa De La Rue PLC, famosa por imprimir el dinero que se usa en cientos de países, decidió vender una de sus sucursales, Sequoia Voting Systems, la compradora fue la empresa Smartmatic.

Smartmatic, con base en Boca Ratón, Florida, es originalmente una empresa venezolana que subsecuentemente fue incorporada en el Estado de Florida en el año 2000. Smartmatic era una pequeña empresa en Caracas que le prestaba servicios de computación a los bancos en Latinoamérica. A pesar de no tener ninguna experiencia en sistemas de votación electrónica el Consejo Nacional Electoral de Venezuela le otorgó a la empresa en 2004, un contrato de $100 millones de dólares para que reemplazara las máquinas electrónicas táctiles de votación que se usaron en el Referendo contra Chávez. El vicepresidente de la empresa es a su vez el presidente de Bizta Corp., la cual le provee a Smartmatic los programas de computación que dicha empresa usa en las máquinas electrónicas táctiles de votación El gobierno venezolano es propietario del 28% de Bizta. El vicepresidente venezolano y el embajador de esa nación en Estados Unidos están emparentados o son amigos íntimos de los gerentes de Smartmatic.

El verano pasado la opinión pública americana se opuso totalmente a que una empresa árabe comprara de los ingleses el derecho a operar un gran número de puertos importantes en EE.UU. Pero el hecho de que una nación abiertamente opuesta a nuestro sistema de vida tenga el control de un gran porcentaje de las máquinas de votación electrónica que se usan en nuestras elecciones ha pasado totalmente desapercibido. Una dependencia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos, conocido por sus siglas en Ingles CFIUS, tiene a su cargo investigar si las adquisiciones por extranjeros pudieran ser un riesgo a la seguridad nacional. Ahora bien CFIUS solo investiga las tran-sacciones cuando los involucrados en estas operaciones se someten voluntariamente a ser analizados. Smartmatic no pidió que el CFIUS revisara la compra. La Congresista Carolyn Maloney (D NY) escribió una carta en Mayo de este año al CFIUS pidiendo que dicha entidad federal investigara la compra de Sequoia Voting Systems por Smartmatic. Hasta el momento no le han respondido.

Quizás, el gobierno americano piensa que los hispanos no tienen la capacidad informática necesaria para programar los resultados de las elecciones, o no les importa que el gobierno de Chávez esté detrás de esta empresa. La realidad es que el talento informático hispano está a la par de cualquier otro grupo en el mundo y la tecnología que se usa en la máquinas de votar es tan simple como la que se utiliza para producir calculadoras electrónicas y hay suficiente evidencia de que el gobierno de Chávez tiene una gran participación en Smartmatic.

En la mayoría de los países europeos donde se usan máquinas de votar, los códigos de programación son públicos y pueden ser estudiados por expertos independientes que tienen el conocimiento para detectar programas que puedan alterar los resultados. La Corte Suprema dicto que, en los EE.UU., los códigos de programación son propiedad privada de las empresas y por lo tanto no están sujetos escrutinios independientes. Esto le permite a las empresas que controlan las maquinas a escribir cualquier tipo de código en la programación sin miedo a que el programa sea escudriñado por entidades independientes. El debate publico en este momento es sobre si las maquinas de votar deben producir un comprobante o no al votante. Son pocos los que cuestionan la imparcialidad de las maquinas a pesar de gran evidencia a lo contrario. La realidad es que sin tener acceso al código de programación, lo que demuestre el comprobante puede ser diferente a lo que la maquina fue programada para interpretar. Los venezolanos tienen la capacidad de programar los resultados de las elecciones, sin dejar rastro alguno. Las elecciones del 2000 socavaron la confianza del electorado en el sistema. Otro escándalo sobre resultados electores crearía caos en la nación. Nuestros enemigos lo saben y están en posición de hacerlo.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., en West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispano parlantes. 561-310-5333

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