October 13, 2006

Comentario:

La osadía de Corea del Norte

Por Humberto Caspa Ph.D

Empezar a inculpar a alguien o algún país por la osadía de Corea del Norte no viene al caso. Algunos dirán las Naciones Unidas no fueron lo suficientemente fuertes contra el autoritarismo del líder surcoreano Kim Jong II; otros incriminarán al gobierno de Bush por su política arrogante y por propagar inestabilidad en el Medio Oriente y la región asiática; alguien también sostendrá que China le ofreció demasiadas ventajas a su aliado comunista.

En parte, todas estos argumentos son ciertos, pero no resuelve nada el conflicto político-militar que acaba de configurarse como resultado de la aparente adquisición de armas nucleares de Corea del Norte.

El fin de semana, el gobierno de Kim Jong II autorizó la detonación de una bomba nuclear en la localidad de Hwaderi. Este evento supuestamente pone a los norcoreanos dentro de la elite mundial con armas letales.

En términos geopolíticos, la región asiática sufre un desbalance militar que puede comprometer su estabilidad. Antes de este suceso, la República Popular de China era el único país de esa región con capacidad nuclear. Beijing tiene aproximadamente 130 cabezas nucleares y un arsenal balístico de largo alcance que, incluso, puede llegar a tierras norteamericanas fácilmente.

De momento, el poderío militar de China preocupó a Japón y a otros países vecinos en la región asiática. Empero, el gobierno norteamericano les proveyó garantías, principalmente a los japoneses, con quienes los chinos tienen enemistades históricas por muchos siglos. El compromiso norteamericano-japonés incluye, entre otras cosas, la utilización de armas nucleares ante una eventualidad belicosa con China.

Con la nueva adquisición militar de Corea del Norte, el escenario geopolítico en Asia sufre un desbalance. Evidentemente el gobierno norteamericano puede ofrecer garantías para tranquilizar el estado anímico de surcoreanos y japoneses, pero es probable que los líderes de estos países ya estén pensando en cultivar sus propias bases nucleares para controlar el avance norcoreano.

La osadía de Kim Jong II puede haber debilitado el compromiso de Japón y Corea del Sur de acatar el acuerdo multilateral suscrito en las Naciones Unidas de no-proliferación. En este sentido, las disponibilidad de gobiernos, como Japón y Corea del Sur, de fomentar bases nucleares se incrementa notablemente.

Después de todo Japón, después de Estados Unidos, es la segunda potencia económica, y tiene la capacidad humana y los recursos materiales suficientes como para consolidar un proyecto nuclear en un tiempo relativamente corto.

Por otra parte, Corea del Sur no tiene la misma capacidad económica de Japón, ni cuenta con materiales radioactivos, sin embargo, posee una tecnología de punta y recursos humanos, los cuales son necesarios para lograr un arsenal de este tipo.

Dado el asedio militar de Corea del Norte en esta región, tanto japoneses como sur-coreanos tienen todas las condiciones políticas para justificar a la comunidad mundial un programa nuclear defensivo.

En este sentido, el gobierno norteamericano encontraría serias dificultades de impedir un proyecto nuclear de sus aliados asiáticos. Estados Unidos hizo muy poco para disuadir que Inglaterra y Francia, dos aliados suyos en la Segunda Guerra Mundial, encontraran dichas alternativas.

Lo propio sucedió con Israel. Incluso se cree que oficiales del gobierno norteamericano filtraron información secreta a científicos judíos. Israel nunca ha oficializado tener posesión de armas letales, pero se sabe que tiene entre 100 y 200 cabezas nucleares con capacidad de ser trasbordadas en cohetes balísticos.

Ante este cúmulo de probables sucesos, las Naciones Unidas tienen que entablar en negociaciones serias para restringir la proliferación. Existe un total aproximado de 12,176 cabezas nucleares en el mundo; lo suficiente como para hacer desaparecer la tierra. Por otra parte, es necesario buscar un compromiso con los países, como Japón y Corea del Sur, para que éstos mantengan su postura pacifista.

Hoy, muchos norteamericanos están decepcionados con el desempeño del Presidente Bush. Su política errática indirectamente ha afectado a algunos países en desarrollo a buscar alternativas nucleares para, paradójicamente, defenderse de la belicosidad estadounidense.

El gobierno de Bush necesita darle opción a los recursos diplomáticos; sobre todo dejar que las Naciones Unidas resuelvan conflictos como el que ahora se presenta en la región asiática.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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