October 13, 2006

Las drogas consumen y agotan lo más preciado: la vida de nuestros hijos

Por: Doctora Luz

Qué difícil es ser buenos padres. Qué difícil es ser un buen hijo. Vivimos en un mundo en el que proliferan los divorcios, los embarazos no deseados, el sida, las pandillas, la escasez de recursos económicos, nula demanda laboral y la peor pesadilla: las drogas.

En el año 2006, Sherri Fisher y Asociados emprendieron una investigación para determinar si los padres se dan cuenta cuando sus hijos consumen drogas. Los resultados son desafortunados, pues los padres no se enteran si sus hijos consumen drogas, especialmente si cuando éstos comienzan a consumir drogas entre los doce o trece años edad. El 55% de los padres se dan cuenta si sus hijos consumen cigarrillos, el 50% de sí sus hijos consumen alcohol y el 47% sí consumen marihuana. Las drogas fuertes como cocaína, meta anfetaminas, son menos probables de ser detectadas por los padres. Ante esto, los investigadores concluyeron que la probable razón de esto deriva en el hecho de que los padres desconocen este tipo de drogas así como sus síntomas.

Esto es alarmante, ya que una gran mayoría de los padres no se dan cuenta hasta que su hijo tiene problemas con la ley, en la escuela o, peor aún le acontece alguna complicación mayor.

Los hijos consumen las drogas cuando hay problemas en casa, en la escuela, conflictos interpersonales, etc.; pero otros, aun viviendo en un ambiente familiar relativamente sano, la consumen por curiosidad y/o por la presión de amigos o familiares como los primos.

Los siguientes síntomas que voy a mencionar no implican necesariamente que su hijo esté consumiendo drogas. Es importante mantener la calma; pero sí es cierto que los siguientes síntomas son indicativos de que existe un problema, ya sea de drogadicción, disputas con la familia, amigos, novios, etc., o conflictos emocionales —como la depresión—, o fisiológicos —como la tiroides—.

Las drogas ocasionan problemas en la conducta o en el plano de lo fisiológico. En el caso del primero, el hijo:

* Pasa la mayor parte del tiempo en su recámara y constantemente quiere estar solo y aislado.

* Su actitud y personalidad es voluble, agresiva; se le nota nervioso, sospechoso y de repente alegre, triste, etc. Es decir, muestra cambios en el estado de ánimo.

* Se comporta hacia los miembros de la familia de manera grosera e irrespetuosa sin haber una razón válida.

* Continuamente miente.

* Es olvidadizo.

* Frecuentemente pide dinero y, a su vez, se extravía el dinero en casa y cosas valiosas.

* Entabla nuevas amistades, se modifican sus horarios de llegar a casa y busca estar mucho tiempo fuera del hogar. Llega a altas horas de la noche y/o se sale a escondidas.

* Cambia su aspecto, sus vestimentas, etc.

* Pierde interés en la escuela, no asiste a ella, bajan sus calificaciones, y deja de participar en actividades que antes le gustaban.

* Tiene problemas con la ley.

Por otro lado, diversas drogas producen diferentes tipos de efectos fisiológicos; por ejemplo, el alcohol afecta el balance, el reflejo, el habla, el sueño, etc. La marihuana: los ojos se ven rojos y brillosos, risa inapropiada, hambre, sueño, etc. Los estimulantes causan hiperactividad, euforia, irritabilidad, habla excesivamente, no come, no duerme, pierde peso, etc. Drogas como la heroína ocasionan la dilatación de pupilas, mirada perdida, paranoia, sudor, vómito, pérdida de apetito, etc. Las drogas intravenosas dejan marcas de agujas en los brazos y, por este motivo, los hijos usan camisas con manga larga para cubrirse, aun con mucho calor.

Si el uso de drogas es de manera excesiva o, peor aún, éstas se mezclan con otras drogas o con medicamentos, ocasionan peores consecuencias y efectos fisiológicos que acarrean mayores complicaciones, como la muerte.

Nuestros hijos adolescentes están en una etapa de cambios físicos, emocionales; buscan su independencia y libertad —que en ocasiones confunden con “libertinaje”— y, a su vez, experimentan sentimientos de inseguridad, dudas, presión, desilusiones, etc. El inducir al adolescente a las drogas como una experiencia de oportunidades y emociones orgásmicas significa para ellos una oportunidad de sentirse integrados, adaptados, poderosos, fuertes, invulnerables y, al mismo tiempo, sienten que están viviendo la independencia, y como todavía no logran formar su identidad y no tienen la información adecuada para restar la falsa imagen de las drogas, este tipo de adolescentes son fácilmente persuadidos.

Como padres hay que informarnos acerca de las drogas y, sobre todo, de cómo las podemos detectar. En este sentido, la publicación del presente artículo surgió por la petición de una madre, quien recurrió a mí para que escribiera acerca de este tema y así poder defender y guiar a sus hijos.

No se distancien de ellos; conozcan el mundo en el que viven, sus amistades, el entorno en el que se desenvuelven, los lugares a los que asisten, etc. Pongan suma atención en sus actitudes, estados de ánimo, conducta y, sobre todo, acérquense a ellos, propicien la comunicación y la confianza.

De nosotros, los padres, depende el futuro de nuestros hijos. No podemos permanecer ciegos ante un mundo que ofrece un sin fin de tentaciones que dañan y perjudican el sano desarrollo de nuestros hijos.

Padres, hay que estar alertas.

Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González PhD, luzmariav1@cox.net (619) 434-7779.

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