October 6, 2006

Comentario:

El Muro y la economía de mercado

Por Humberto Caspa, Ph.D

“La economía de libre mercado es como la corriente de un río”, subraya Adam Smith, máximo exponente de la economía moderna y autor de la obra célebre, La Riqueza de las Naciones: “Las personas podemos crear un dique para contener el caudal de un río, pero eventualmente las aguas sobrepasarán los muros de contención del dique y terminarán por arrollarlo”, dice.

El mismo razonamiento es aplicable a la cuestión migratoria y al ahora infame muro, mismo que el Congreso recientemente dispuso construir a lo largo de la frontera con México. Como se sabe la Cámara de Representantes pasó con un voto arrollador y luego el Senado hizo lo propio.

Como las elecciones congresales están a la vuelta de la esquina, los demócratas no quieren crear ninguna controversia en torno a la inmigración, tampoco desean alienar a la población electoral moderada (swing voters). Por lo tanto no les importó abandonar a sus bases políticas. En la mente de los dirigentes del partido Demócrata está recuperar, a toda costa, la mayoría en las dos cámaras del Congreso, incluso exponiendo a la población latino-estadounidense, especialmente a los trabajadores indocumentados, a merced de la vejación de una facción ultra-conservadora intolerante.

Hoy, ese proyecto de ley sólo aguarda la firma del Presidente George W. Bush, quien en muchas oportunidades sostuvo que no tendría ningún problema en firmarla. El pasado 4 de los corrientes, el Presidente le dio el sello de gracia al proyecto.

Entonces el muro de la frontera mexicana-norteamericana es una realidad. La misma muralla que se ve entre las ciudades de Tijuana y San Diego se va extender a otras ciudades y territorios de Arizona y Texas, con una extensión de 700 millas y va a costar 1,200 millones de dólares. La incógnita, sin embargo, es saber si esa fortaleza de cemento va a plasmar las metas de la facción ultra-conservadora que últimamente ha estado manejando el timón del partido Republicano en el Congreso.

Lo más probable es que no. Lo único real y predecible es que el costo de pasada de la frontera por persona se incrementará notablemente. Los coyotes de Arizona se transformarán en los leones del desierto y, como los tahúres de la cocaína, anfetamina y otros negocios ilícitos, se convertirán en los negociantes más poderosos del hampa que se dedica al contrabando humano.

Por otra pare, el sector de la agricultura y las empresas de servicio que hacen uso de la mano de obra barata del trabajador indocumentado, tendrán que forzosamente aumentar sus precios. Una vez que se crean restricciones físicas a lo largo de la frontera, el mercado de la mano de obra barata va a tener mayor demanda; en tanto que la oferta por la misma, se reducirá, aumentando el costo de la fuerza laboral del trabajador indocumentado. La inflación es el resultado de este proceso.

De momento, los políticos de Washington y el Presidente Bush, se olvidan que cada individuo, aparte de ser dueño de su propio ser, es también dueño de su fuerza laboral. De acuerdo a premisas enteramente económicas y tal como sostuvo uno de los más grandes críticos de la economía capitalista, Carlos Marx, la fuerza de trabajo es simple y llanamente una mercancía comerciable así como cualquier otro objeto que se vende en un 7-eleven.

Cuando uno observa a jornaleros en la tiendas Home Depot, el trabajador no pone en venta a su persona sino su mercancía, o su fuerza de trabajo, al mejor postor. Así, los trabajadores –inmigrantes, o no inmigrantes— son parte de ese libre mercado que hace referencia Adam Smith.

Técnicamente, entonces, lo que el gobierno norteamericano está tratando de impedir no es simplemente el paso de personas por la frontera sino también el intercambio mutuo de trabajo constante o de una mercancía intrínsicamente internalizada en el ser humano.

El gobierno norteamericano puede construir un muro de cemento, piedra, metal o de lo que sea. Ese muro, como los diques de un río, se verá agobiado por los millares de trabajadores que todavía trataran de cruzar la frontera por razones económicas.

La construcción del muro, entonces, no traerá buenos resultados. Por lo menos la economía de libre mercado se verá afectada.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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